7K - zazpika astekaria
SALUD

Cultura de dieta: análisis de una sociedad


Estos días inciertos están poniendo de relieve, más aún si cabe, ciertas tendencias sociales relativas a nuestra forma de alimentarnos que conviene revisar. Tal vez la frase “cultura de dieta” suene extraña si nunca se ha oído hablar de lo que significa, sobre todo porque es un concepto del que se está hablando hace relativamente poco. Para comprenderlo, echemos un vistazo a la historia. Desde tiempos inmemoriales, la alimentación es un signo de identidad para las personas y está ligada a condicionantes geográficos, climáticos, sociales, económicos, religiosos e ideológicos; todos ellos van a favorecer o impedir que la dieta sea nutricionalmente la más adecuada.

Para explicarlo, nos centraremos en la influencia de las creencias religiosas e ideológicas. Las diferentes religiones existentes en el mundo han dictado prescripciones alimentarias o dietéticas para millones de personas, que se han convertido en un listado de normas dietéticas tales como las prohibiciones acerca de ciertos alimentos: concretamente nos dicen qué alimentos pueden ser incluidos en la dieta y cuáles no, qué estacionalidad debe de respetarse, horas del día en que deben ser tomados, cuándo y cuán largo debe ser el ayuno etc. Otro aspecto interesante de estas influencias es el contexto pecaminoso de la gula, considerada como pecado capital en la religión cristiana.

Esto es solo un ejemplo de cómo histórica y socialmente resulta imposible desligar estas normas del entorno en que se mueve el individuo y, por tanto, a día de hoy tiene mucha influencia seamos o no religiosos. Tanto es así que, con el paso de los años, a estas “normas” ideológicas que tenemos más o menos interiorizadas, se han ido sumando otras normas dietéticas y límites inquebrantables que nos dan identidad, pero con un falso pretexto de bienestar y salud. Actualmente, nuestro valor como ser humano no parece intrínseco, sino que parece que aquello que hacemos por ser saludables, como pelearnos con nosotros mismos por lucir tan delgados como la sociedad nos impone, es lo que realmente nos da valor. Y esto es lo que hemos aprendido del entorno.

Hemos normalizado ser “expertos” en hacer dietas salvajes antes de Navidad, después, antes del verano etc. Y ya no nos parece puntual, sino un estilo de vida. A pesar de que “sabemos” qué hacer para prevenir el aumento de peso, la obesidad es una pandemia. Y no nos gusta, no porque nos asuste como enfermedad, sino porque nos da miedo engordar. Es lo peor que nos podría pasar porque, entonces, ¿qué valor tendríamos como seres humanos en esta sociedad que ensalza la extrema delgadez? Y es que ojo, la cultura de dieta no estaría completa sin nuestro miedo a ganar peso.

Así, vivimos en una realidad en la que la industria de las dietas y nuestra cultura nos hacen pensar que es necesario determinado peso o vernos muy delgados para poder ser felices o para ser valorados. Sin querer aceptarnos, nos dejamos guiar por estas reglas y conceptos que nos hacen odiar nuestros cuerpos desde pequeños, nos llevan a tratar de cambiarlos sin importar el daño que les hagamos siempre bajo la falsa premisa de que estar delgado es saludable, y no solo eso, la delgadez es sinónimo de logro y fuerza de voluntad.

Llegados a este punto, quizá a alguien pueda parecerle un tanto demagógico… por eso invito a que nos cuestionemos cuántos de nosotros hemos vivido o vivimos propiciando esta cultura de dieta y creyendo que “cuidarse” es contar calorías; pesarse varias veces al día o diariamente para “controlar” que no nos hemos pasado; mirarnos al espejo parte por parte para jugar a ser nuestro peor juez; pasar el día haciendo recuento o controlando cuánto, cómo, qué y qué no he comido; alimentarnos bajo normas de “prohibido-permitido, alimento bueno-malo”; o permitirnos comer algo no adecuado, solo si hemos hecho ejercicio. Si alguien se ha identificado con alguno o varios puntos, me temo que la cultura de dieta también le tiene atrapado.