11 ENE. 2026 GASTROTEKA La alcachofa no es un micrófono Comienza la temporada de alcachofas, una de las hortalizas mejor valoradas por las propiedades y beneficios que se le atribuyen y, evidentemente, por su sabor. Leyendo este artículo, se puede aprender algo más sobre esta verdura, desde cómo pelarla a cómo prepararla. Hay muchas opciones. (Getty Images) Javi Rivero {{^data.noClicksRemaining}} Para leer este artículo regístrate gratis o suscríbete ¿Ya estás registrado o suscrito? Iniciar sesión REGÍSTRARME PARA LEER {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Se te han agotado los clicks Suscríbete {{/data.noClicksRemaining}} Las redes no dejan de sorprenderme, familia. Y es que lo de poner un mini micrófono clipado (enganchado) a un tenedor ya ha pasado de moda. Ahora, a la gente le ha dado por utilizar productos comestibles y de temporada (menos mal) como soporte para sostener dicho micrófono. A ver, que todos hemos hecho la coña, en alguna celebración familiar, utilizando una alcachofa como micrófono. O puede que todavía ocurra que adornemos un entrañable momento, si a la hora de sacar de la bolsa una docena de alcachofas, en casa suena Abba y toca sumarnos a coro con “Mamma Mia”. En estos casos el uso del micrófono-alcachofa está permitido. Para el resto de los casos, la premisa “con la comida no se juega” es la que ejerce con total derecho su autoridad. Por lo tanto, jóvenes, instagramers, apasionados de la comunicación audiovisual culinaria, utilizad micrófonos que sean micrófonos para comunicar, porque ya os digo yo que, frente a un antojo de alcachofitas ricas, un micrófono no os sirve de nada. Lecciones aparte, me hace una tremenda ilusión deciros que por fin ya están aquí; ya asoman con fundamento, gracia y sabor las primeras alcachofas del año. Es cierto que se podían encontrar por los mercados hace algunas semanas pero, así como con algunos productos su primer fruto es el mejor, con la alcachofa he aprendido a tener paciencia. Y más sabiendo que el frío es un buen aliado en la maduración de esta flor. ¡Ojo! No conviene que hiele, pero sí que la fresca les pegue bien para que el corazón de la flor quede tierno y sabroso. ¿No habéis oído nunca eso de “la de abril para mí, la de mayo para mi amo y la de junio para ninguno”? Dichos como estos daban pistas sobre cuál era la mejor época para consumirlas. Y digo daban, porque no hay dios, ni Andoni Aizpuru, ni Arnaitz Fernández, que acierte el tiempo o el clima que viene. Tampoco sirve hablar de “temporadas” porque no hay dos que se repitan y, por tanto, las referencias no son válidas. Escuchad a los que saben, que son los que las cultivan y, en muchos casos, son también quienes las venden. Si tenéis alguna duda, lo mejor es que consultéis con vuestro asesor hortícola de confianza o preguntéis en el mercado. Alguna vez os he contado que existen infinidad de variedades, pero aquí la blanca de Tutera es la que predomina. A pesar de que el nombre la ubique en Erribera, gracias y debido a la demanda que tiene este producto, que me atrevería a decir que cada vez es mayor, su cultivo y presencia por nuestros lares es cada vez una realidad mucho más presente. Han sido muchos los que han trabajado esta verdura por todo el territorio de Euskal Herria durante muchos años, pero es cierto que debido a las dimensiones de la planta y lo que ocupa, su producción se ha ido concentrando en zonas más apropiadas para ello. De ahí que Erribera de Nafarroa sea uno de los puntos en los que más producción podamos encontrar a nivel incluso estatal. Como no podía ser de otra forma, también es donde más se consume en Euskal Herria pero, a nivel estatal, Erribera está solo por detrás de Murcia y la Comunitat Valenciana en cuanto a consumo se refiere. Ahora que ya conocemos algunas cositas más acerca de esta verdura, rica como pocas, toca mancharse las manos y ver qué podemos cocinar. Lo de mancharse es literal, porque pelándolas os vais a llenar las manos de tierra. Tierra que a priori no vais a ver, pero que está. Está y se os va a quedar en las manos y los dedos. Y creedme, vais a tener que frotároslas bien para sacarla. Lo primero es apañarlas. Retirad las hojas grandes que sobren y cortad el tallo del tamaño que le queráis dejar (se come) para que sea fácil de manipular. Retirad las hojas de la alcachofa hasta llegar a las que estén muy pegadas entre ellas y no sean de color verde fuerte (como las hojas de la primera capa). Cortadles la punta y reservadlas en agua o en aceite. Dejaros de limones, perejiles y remedios chamánicos, que por mi experiencia os digo la diferencia en cuanto al aspecto se refiere, no cambia mucho usando un método u otro. Lo que sí evitaría es el limón porque les da sabor, las acidifica y va a parecer que vuestro trabajo con las alcachofas frescas se queda en un “parecen de bote”. Estando listas las alcachofas para cocinar, mi apuesta pasa por confitarlas. Os lo he contado alguna vez: la diferencia en textura es escandalosa. Una buena alcachofa confitada al 3 sobre 10 en el fuego o la inducción de casa, bien sumergida en aceite, no tiene competencia. Calculad unos 35-40 minutos desde que arranca ese borboteo suave para que estén listas. Este aceite lo podéis aromatizar previamente con unos ajos para darle sabor, o con tomillo, romero, laurel, pimienta... lo que queráis y os imaginéis. Después, dejad que se enfríen en el propio aceite y guardadlas también con este aceite. Si las queréis cocer, mi recomendación es que las cozáis enteras, sin pelar, durante 15-20 minutos (depende del tamaño), a fuego medio-alto y después les quitéis las capas de fuera y las puntas. Con las alcachofas listas, poco más que decir, familia. Aquí os va una serie de propuestas que parten de este trabajo previo de preparación con el que, en un abrir y cerrar de ojos, os podréis preparar estos platazos. Alcachofas con mejillones: Cortad en cuartos las alcachofas y colocadlas en una sartén. En una cazuela, rehogad unos ajos junto con una hoja de laurel, añadid unos mejillones, vino blanco y tapad para que se abran estos. Colad el agua que queda en la cazuela y reducidla a la mitad en otro cazo. Seguido, añadid este agua de mejillón reducida a las alcachofas que tenéis en la sartén. Calentadlo todo junto un par de minutos, añadid la carne de algunos mejillones y preparaos para alucinar con lo rico que está este plato. No os llevará más de 10-15 minutos. Alcachofas con miel y limón: Cortad en cuartos las alcachofas y marcadlas en una sartén con cuidado, para que queden bien doraditas. Disponedlas en un plato bien estiradas y adornadas con un hilo de la miel que más os guste. En un bol aparte, mezcláis una cucharada de zumo de limón, la ralladura de un limón entero y 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra. Mezcladlo todo bien y terminad mojando las alcachofas del plato con este aliño. Si os animáis, dadles un golpe de pimienta recién molida justo antes de servirlas. Y si os venís arriba, pues tiráis de recetario clásico y le metéis vuestras alcachofas a un arroz con almejas, a unas gambas al ajillo… las opciones son infinitas, familia. Txapela (or)buruan, eta ibili munduan! Existen infinidad de variedades de alcachofa, pero aquí la blanca de Tutera es la que predomina