7K - zazpika astekaria
LITERATURA

Milésimas de eternidad


Si aludimos a otra de las disciplinas desarrollada por este autor irundarra, la cinematográfica, se podría colegir que los microrrelatos que componen su nuevo libro ejercen de breves fotogramas que, como pequeños fogonazos, trasladan una imagen en pausa. Un congelado espacio de tiempo que, sin embargo, dialoga abiertamente con épocas pasadas y futuras, retratando a través de todo lo que no está escrito una historia mucho más extensa que la recogida negro sobre blanco.

Por mor del propio formato, pero por supuesto también de las aptitudes de su responsable, la reducida extensión de cada narración, donde tener que pasar la página para continuar su lectura es ya una excepción, demanda una especial destreza para conjugar un ojo descriptivo y el trazo intimista. Dos cualidades perfectamente ligadas por Pablo Echart, sumamente diestro para hacer protagonistas ex aequo al contexto ambiental y a un poso existencial capaz de desplegarse con holgura pese al escaso espacio concedido. Es ahí, en esa inmensidad alcanzada gracias a los detalles, donde “Mirar el mar” se presenta triunfal, con más de media centena de pasos destinados a retratar lo universal.

Pese a la diversidad de contenidos, fechas y emplazamientos, habiendo espacio incluso para el lirismo, el terror gótico o la ciencia ficción, todo queda ensamblado en un lúcido y nostálgico costumbrismo que se sirve de ese muestrario para definir la incertidumbre humana. Porque estos, en su mayoría episodios cotidianos con localizaciones que van desde el ámbito futbolero a la metaliteratura pasando por el rumor musical o las refriegas vecinales, son el reflejo de las huellas que deja, o dejará, el paso del tiempo. Un destello melancólico alojado principalmente en las relaciones familiares o de pareja, sobre las que se cierne esa bruma empeñada en interrogarnos sobre la conveniencia de los caminos escogidos, ya que nadie está exento de sucumbir a esos fantasmas vestidos de inseguridad.

El minimalismo, una opción más entre las seleccionables cuando se trata de otro tipo de estructuras, en este caso no significa una elección, sino el único registro válido. El mismo que en manos de este autor se convierte en una herramienta que, como si de una pequeña y bella jaula se tratase, logra encapsular, durante un momento, aquello recogido por la mirada. Sin embargo, más allá de esa inmediatez, en su interior crecen ramificaciones que convierten el instante concreto en una eternidad; un suspiro momentáneo en todo un abecedario de la inquietud.