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CINE

«Last Days in the Desert»


Todas y cada una de las películas que han retratado la figura de Jesucristo han sido polémicas. El cineasta de origen colombiano Rodrigo García ha tratado de minimizar ese inevitable impacto por todos los medios en “Last Days in the Desert”, y de ahí que su realización independiente fuera presentada en el Festival de Sundance sin hacer mucho ruido. De una forma más emotiva clausuró el Festival de Cine de Cartagena de Indias, donde el hijo de Gabo estuvo arropado por toda su familia, con la muerte del patriarca Gabriel García Márquez todavía tan reciente. La prueba de que Rodrigo García Barcha ha querido ser discreto es que renunció al rodaje en los escenarios originales de Israel, buscando unas localizaciones similares más cercanas a su residencia actual en Los Angeles. Finalmente las encontró en el parque natural de Anza-Borrego, situado en la Baja California. El director de fotografía mexicano Emmanuel Lubezki, al que Iñárritu y todos su colegas llaman “Chivo”, consigue darle al lugar un aire sombrío y sobrecogedor. Para ello, ha trabajado con luz natural en el 95% de los planos, salvo en las tomas del interior de la tienda o jaima, y en las iluminadas por una fogata.

Rodrigo García debe su fama internacional como cineasta a sus retratos femeninos en películas corales con grandes repartos de actrices, las cuales suelen renunciar a sus sueldos de Hollywood para poder trabajar con él. Una tendencia rubricada por los títulos “Cosas que diría con solo mirarla” (2000), “Ten Tiny Love Stories” (2002), “Nueve vidas” (2005), “Madres e hijas” (2009) y “Albert Nobbs” (2011), esta última con Glenn Close como máxima protagonista. Profesionalmente, ha desarrollado su oficio en la televisión, realizando capítulos para series como “Los Soprano” o “A dos metros bajo tierra”. En el cine, su único intento fallido por probar algo distinto fue la película de catástrofes “Passengers” (2008), así que “The Last Days in the Desert” supone otra nueva y más seria tentativa por explorar desafiantes cauces de expresión en su filmografía.

Aunque Ewan McGregor tiene ya 44 años, ha sido el elegido para encarnar a Jesucristo a la edad de 30. Y es que, en realidad, su papel es el de Yeshua, que es la denominación en hebreo, en su retiro al desierto situándose fuera del tiempo y del mundo. Tanto es así que el actor escocés hace un doble papel, pues también interpreta al demonio, un demonio interior que representa las tentaciones a las cuales se ve sometido durante esos 40 días y 40 noches de ayuno, rezo y meditación. Alguien podrá pensar que es imposible mantener un largometraje de estas características, sin diálogos como tales, pero Rodrigo García se las ingenia en el guión para plantear los dilemas del protagonista desde un punto de vista dialéctico. Por lo tanto, su tratamiento del mesianismo cristiano es diferente a los que hayan podido hacer con anterioridad Luis Buñuel, Pier Paolo Pasolini, Franco Zeffirelli, Martin Scorsese o Mel Gibson, por citar los más controvertidos.

El recurso argumental utilizado por Rodrigo García consiste en el encuentro del protagonista en pleno retiro espiritual con una familia humilde, de tal manera que su dimensión mística individual contrasta con el lado humano o terrenal de la vida en grupo. Los padres son interpretados por Ciarán Hinds y Ayelet Zurer, mientras que de hijo hace Tye Sheridan. El chico quiere ir a la ciudad, a Jerusalén, con lo que representa el propio afán de independencia de Yeshua. El Mesías se encuentra dividido entre su destino como salvador y su condición carnal, que no deja de ser en el fondo la sempiterna lucha interna de cada cual entre sus aspiraciones íntimas y la realidad circundante. No faltarán quienes acusen al cineasta de traicionar las Sagradas Escrituras, pero está claro que sus reflexiones van por otro lado.