11/06/2018

ANDONI BONAFAU
GUITARRA Y VOZ DE KOMETA

«El principio del final» es el tercer disco de Kometa, un cuarteto de Viana que tras dos intentos llamativos llega a conclusiones de eficacia emocional con esta apuesta. La llegada de un nuevo miembro, Mattin Saldias, guitarra, y el buen momento inspirativo de Bonafau han conseguido que las ocho canciones merezcan el reconocimiento, situar al disco entre lo más atractivo de los últimos años.

«La magia está en la canción, no necesita ser un árbol de Navidad»
Pablo CABEZA|BILBO
0611_kul_kometa

En la amplia segunda línea de la música se desarrolla una batalla descarnada por conseguir que las canciones atraviesen las nubes. A Shinova, una formación que puede ir en los mismos festivales y conciertos que Kometa, les ha llevado muchos años conseguir el estatus actual, y aún pueden llegar más lejos. Pero bien saben, unos y otros, que la lucha es tan descorazonadora como emocionante. Kometa está en ese proceso de “despegar”, aunque ya lo hayan conseguido con “El principio del final”, un álbum difícil de superar y que dentro del pop y rock supera a la mayoría de congéneres. Solo las circunstancias pueden evitar que estas canciones no sean himnos en cada día de este verano, de este año o el siguiente.

Kometa aportan siete temas con los mejores inicios que hayamos escuchado en mucho tiempo. Pero no solo es el talento para iniciar una canción lo que sorprende de “El principio y el final”, sino el desarrollo tan completo y afortunado de cada una de las composiciones. Las guitarras pesan mucho en el todo, pero también las melodías, la base rítmica, los curiosos coros, las cabalgadas, los espacios tenues, el equilibrio entre el pop y el rock... Las siete primeras canciones son un pulcro ejercicio y ejemplo de inspiración y extremo buen gusto. “Hiru” cierra disco, es un instrume(n)tal con inicio stoner, rockera, quizá una muestra de que pueden ser lo quieran y derrotar a cualquier oyente indeciso.

La cuestión, no obstante, es qué dejan atrás y “Final”, con un inicio de diez plus, es mucha canción, pero como lo son por orden de aparición “Apocalipsis”, “Será”, “Juego mortal”, “Menos yo”, “Prólogo, tan delicada en su minuto, o “Espiral del desastre”. Todas brillantes, explosivas entre sus diferentes colores y las diferentes tensiones que el cuarteto utiliza magistralmente. Así que su pasado, esperanzador, es hoy un planeta completo, refulgente. Siete canciones, siete singles, siete kometas y un octavo incendiado.

Observado su historia da la impresión de que nunca termina uno de sentirse cómodo con su pasado. ¿Se le da vueltas? ¿Demasiadas? ¿Es necesario revisionarse?

Creo que el pasado siempre nos remueve algo por dentro, bien sea musical o personalmente. Siempre nos quedan dentro sensaciones de haber acertado en muchas ocasiones, y de haber errado en otras muchas. Y esto puede dar lugar a dos maneras de verlo; podemos creer que si pudiéramos volver atrás lo cambiaríamos y lo haríamos de otra manera y esto convertirnos en infelices, o podemos creer que haberlo hecho "mal" nos ha ayudado a aprender de nuestros errores y volver a levantarnos de la caída. No sé, todo esto que te he contado se nos pasa habitualmente por nuestra mente, bien una manera de pensar y la otra, pero hay que saber lidiar con ello, ya que te puede destruir como músico a persona, por ello tratamos de no darle demasiadas vueltas (aunque a veces es imposible), y saber aceptar lo que hemos sido, y por lo tanto lo que hemos hecho.

Este disco cuenta con un nuevo componente, que ineludiblemente al ser guitarra va a colorear el sonido de forma evidente. Mattin no parece un relleno.

Matt se incorporó al grupo en la gira del anterior disco, por lo que esta vez ha sido la primera que hemos grabado como cuarteto. Una cabeza pensante nueva, más ideas, un nuevo punto de vista... Todo positivo a la hora de afrontar un nuevo disco y su consecuente grabación. Matt es hipermelómano, escucha muchísima música por lo que tiene ideas muy variadas en su mente, además entiende mucho en cuanto a teoría musical (cosa que el resto no tenemos ni idea) y encima con gran gusto para saber interpretar cualquier melodía con su guitarra... Un caramelito para cualquier grupo.

Es de Zarautz y sobrino de Xabier Saldias voy y guitarra de Egan. Curioso por la distancia y este punto de nuestra historia.

Sí, Matt es zarauztarra, y sí tiene antepasados ligados a la música. Xabier es su tío y uno de los culpables de que Matt se colgase una guitarra, además de su padre, otro melómano de pura cepa y gran guitarrista. De hecho, Matt y su aita comparten una Fender Stratocaster de los 70, que suena que da gusto, y que en este disco ha tenido su pequeño huequito. Matt entró en la banda con la pasada gira de “Grabitatea”, nos pasamos con arreglos y segundas o incluso terceras guitarras en la composición y veíamos fundamental la entrada de un nuevo miembro para poder defender el disco en directo. Conocíamos a Matt, nos caía de puta madre y encima tocaba de maravilla, así que se lo planteamos, aceptó, y ahora sonamos que da gusto (risas).

Esas guitarras con delay o efectos similares marcan mucho, es muy evidente en el flujo etéreo de «El principio del final», aunque, en realidad, es una constante. Rítmicas detrás muy melódicas y aún más esos semiarpegios tan directos al oído.

Esos adornos guitarreros cargados de efectos es algo que aprendimos con el anterior disco que grabamos con Eñaut (Grises), al que maldecimos por enseñarnos tanto, es broma, le queremos mucho. Y es algo que poco a poco vamos haciendo más nuestro. Para "El principio del final" volvíamos a llevar canciones demasiado cargadas y adornadas, pero aquí, José Caballero (encargado de grabar, mezclar y producir el disco) nos dijo directamente que no flipáramos, tuvimos que desechar muchísimas capas de guitarras, y tener que quedarnos con las fundamentales. En realidad, al principio no estábamos muy de acuerdo, pero bueno... finalmente nos convenció y ¡menos mal! No eran necesarias tantas capas para conseguir diferentes dimensiones. Ahora gracias a esa decisión que tuvimos que tomar, creo que vemos la música de otra manera y que en futuros discos será un consejo que tengamos en cuenta.

Y acertó Caballero. La clave es la canción, el esqueleto, después los adornos oportunos.

Con José Caballero estamos encantados en todos los aspectos. Es un tipo de once, una persona con la que las horas de estudio vuelan, que desde el minuto uno te hace sentir en casa. Es un vacilón, te hace desestresarte en el momento más tenso de la grabación en la que más bloqueado estás, es un tipo de esos que recuerdas para siempre. José nos ayudó a entender que en la simpleza está la belleza en muchas ocasiones, que el sonido es algo que se debe cuidar, pero no algo por lo que debamos perder la cabeza, ya que la magia está en la canción, y no es necesario adornarla como un árbol de navidad, si el simple árbol ya es bonito de por sí. Nos ayudó a sacar la mejor parte de nosotros, en cada toma, repitiéndola las veces que fueran necesarias hasta llegar a dar lo mejor de nosotros. Demasiadas cosas...

Son canciones elegantes, estilizadas, pop y rock, pero no previsible, aunque sean formalmente asequibles.

Hemos buscado canciones que suban y bajen, ondulantes, casi siempre en tendencia de ascensión. Son canciones con varias "partes", diferentes estrofas, y pocos estribillos. Creo que solo se repite el estribillo en dos de las canciones, en el resto solo se canta una única vez. Son canciones un tanto atípicas en cuanto a estructura, no son estrofa-estribillo-estrofa-estribillo... Es un disco más personal, más como somos nosotros actualmente, más maduro, más Kometa. Quizás haya gente que eche en falta canciones como las del primer disco, más "facilonas" y más directas, pero nuestra evolución musical nos ha traído hasta aquí.

Da la sensación de que la elaboración del disco, desde el local de ensayo, ha tenido que ser muy creativa, sin miedos...

Es el disco en el que más trabajo de local hay, el que más ideas hemos desechado y el que más quebraderos de cabeza nos ha dado. Cada vez es más difícil hacer algo novedoso (al menos para nosotros). Detrás de “El principio del final” hay un gran trabajo y satisfacción. Ha sido la primera vez que nos hemos dejado llevar en todos los aspectos y que no hemos tenido ataduras ni prejuicios a la hora de componer, y se nota ese espíritu.

Su círculo musical en Euskal Herria podría ser el sonido de bandas como Rural Zombies, Grises, Skasti (Matt), Shinova...

Los oímos mucho, nos encantan y los queremos. Tenemos la suerte de ser buenos amigos de estas bandas que tanto nos gustan. Son buenos músicos, pero buenísimas personas también, siempre dispuestas a ayudar. Somos unos privilegiados.

Sin olvidar a «La mejor banda del mundo», Seiurte.

Seiurte es como el hermano ese con el que te encuentras de repente. Ya les idolatrábamos antes de conocerlos, pero es que después de hacerlo... ¡los amamas! Si por nosotros fuera, haríamos todos los conciertos con ellos. Son personas adorables, y que encima hacen una música que se caga la perra... Para colmo el año pasado nos invitaron a tocar a Madrid en su vigésimo aniversario, nada más y nada menos que en la mítica sala Costello. Siempre estaremos en deuda con ellos.

EQUILIBRIO


«Disfrutamos mucho de esto (demasiado), pero no nos vuelve locos pensar si gustará o no, si nos llamarán de festivales o no»

ROCK


«No descarto que alguna guitarra sufra daños de segundo grado al más puro estilo The Who o Nirvana tocando ‘Hiru’»

Hablamos sobre el apocalipsis humano que vivimos, y que será mayor. Hemos hablado de amor y desamor, del fin del mundo, del fin de nuestra existencia, de miedos que nos rodean, de nada en concreto...