14/06/2018

En mitad de la desorientación
Koldo LANDALUZE
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Al veterano Bruno Ganz le ha correspondido personificar la crónica de otro hundimiento. En esta oportunidad, y tomando como referente el original literario de Eugen Ruge, Ganz interpreta el rol de un irreductible y nonagenario militante de la causa comunista que asiste al derrumbe de lo que siempre ha defendido en un espacio cerrado que escenificará un homenaje que se intuye catastrófico.

Durante los tiempos en los que el Muro de Berlín comenzó a temblar, tuve la ocasión de conversar con el gran Paco Rabal de todo ello, de lo que supuso la irrupción de la Perestroika. Rabal, entre sonrisas, respondió: «Imagina a un viejo veterano de la causa que le dicen que todo aquello por lo que peleó no es más que una falacia. Cómo se sentiría. Ante todo debería imperar el respeto hacia una persona que ha luchado por sus ideales toda la vida y no proclamar que aquello fue una mentira». En esta tesitura pretende situarse la primera apuesta en formato largo de Matti Geschonneck, sobre todo en lo concerniente al viejo luchador colocado en un escenario confuso.

Lamentablemente, muy poco análisis encontramos en la trastienda de una película con aspecto teatral que se limita a jugar con una serie de simbologías tan infantiles como evidentes. Tan solo la gran pericia interpretativa que vuelve a demostrar Bruno Ganz logra evitar que el proyecto no derive hacia un acartonado retrato de época cuya acción transcurre en aquel crepuscular Berlín Oriental de 1989.

En el transcurso de esta reunión en la que se quiere rendir un homenaje al otoñal comunista, se suceden frases lapidarias que jamás dejan un esbozo para la sonrisa. Tampoco los personajes cuentan con un mejor acabado, ya que el realizador se esmera tanto en querer dotarles de un perfil reconocible que sus presentaciones interminables terminan por romper por completo el ritmo del filme.