09/08/2018

Cuando en mitad de la nada asoman esos miedos internos
Koldo LANDALUZE
0808_solo

En la mayoría de las ocasiones tiendo a desconfiar de las películas sobre superaciones personales o basadas en casos reales debido a que la Industria tiende a ver en estas “excusas” dramáticas un buen caldo de cultivo para exprimir hasta la saciedad la grandilocuencia o el subrayado emocional. Enclavada en este tipo de apuestas, “Solo” toma como referencia el caso real protagonizado por Álvaro Vizcaíno, un surfista que en su búsqueda de esa ola soñada, el 7 de setiembre de 2014, resbaló en una zona de dunas en la costa de Barlovento de Punta Paloma y quedó colgado de las alturas. En esta tesitura comienza una de las muchas decisiones que debió adoptar el protagonista y la que determina el desarrollo del filme, la cual se concreta en que Vizcaíno optó por lanzarse al agua en previsión de la caída no lo matara. Dicha decisión derivó en una fractura de pelvis y un brazo triturado. En mitad de una escenografía acuática que se torna en amenazante, el actor Alain Hernández asume el reto de Vizaíno en una lucha constante y sicológica sobre la cual siempre pende la misma idea, la cercanía de la muerte.

En esta su segunda película, Hugo Stuven se descubre diestro a la hora de captar esa angustia física que emana de su protagonista en un reto fílmico que se resume en mantener el interés y la tensión durante todo el metraje. Si bien el apartado técnico funciona a la perfección desde su impactante inicio y con la ayuda de planos aéreos que transmiten el terror de quien pende de un hilo, no se puede decir lo mismo de los episodios en los que el protagonista recurre a un discurso interior dotado de cierta mística relativa a quienes cabalgan sobre las olas a lomos de tablas. Es una lástima que el guion no haya querido dotar de mayor empaque a un personaje que se limita a cumplir con su rol arquetípico de aventurero existencial.