09/10/2018

Una dolorosa crónica emocional destinada a perdurar
Koldo LANDALUZE
1009_coldwar

El jazz, besos que coquetean con el desencanto y múltiples bocanadas de humo tiñen una pantalla anacrónica en su formato y fotografiada en un rotundo blanco y negro que subraya cada uno de los capítulos que componen esta historia de amor honesta e implacable. El autor de la oscarizada “Ida” vuelve a sorprender como una de esas piezas maestras destinadas a perdurar en la retina del recuerdo gracias a su poderosa fuera telúrica. El arranque del filme ya es de por sí toda una declaración de intenciones en esta conmovedora crónica emocional e íntima enmarcada en la trastienda de la Guerra Fría cuyo referente más evidente es la icónica “Casablanca”. Sirviéndose de la misma paleta cromática y soporte en formato cuadrado que utilizó en “Ida”, Pawel Pawlikowski no pretende en momento alguno ejecutar un ejercicio cinéfilo que hubiera fulminado por completo las intenciones de un filme que nunca levanta el pie del acelerador a la hora de guiarnos a través de un paisaje desolado emocional y físicamente y en el que asistimos a una irremediable melodía de desamores en tiempos del cólera. Todo en “Cold War” es rotundo, comenzado por unas magníficas interpretaciones en las que, inevitablemente, sobresale la poderosa presencia de una Joanna Culig capaz de fulminarnos con su mirada. A través de un laberinto íntimo, construido visualmente en la textura de un blanco y negro que nunca chirría, Pawel Pawlikowski se descubre como un excelente jugador a la hora de poner sobre la mesa todos los clichés del género y orquestar una sinfonía cuyo tempo jamás decrece, sino todo lo contrario ya que amplifica las emociones mediante medidos movimientos de cámara y un argumento tan reconocible en cada una de sus intenciones que en sus conclusiones resulta muy doloroso. Todo ello desemboca en uno de los epílogos más rotundos que ha dado la historia del cine reciente.


 

Loading player...