10/11/2018

París me mata tragicómicamente
Mikel INSAUSTI
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Por problemas de distribución ha tardado más de un año en llegar la película que fue una de las revelaciones del 2017, tras ganar la Cámara de Oro en Cannes a la Mejor Ópera Prima, en la Seminci el premio de Mejor Actriz para Laetitia Dosch, y recibir en los César sendas nominaciones a la Mejor Actriz Revelación y a la Mejor Ópera Prima. Son reconocimientos más que merecidos para la debutante Léonor Serraille, que ha contado para su primer largometraje con un equipo técnico integramente formado por mujeres en una obra diferente a lo que se acostumbra a ver.

Su mayor originalidad consiste en el tratamiento de la figura central, una mujer que es mostrada con todos y cada uno de sus defectos. Por lo general, se suele buscar que el público empatice con la protagonista, y a tal fin se suelen limar las aristas de su personalidad. Esto no ocurre con Paula, en la arrolladora caracterización de la actriz Laetitia Dosch, que es mostrada a la cámara tal como es, sin filtros ni miramientos. A Serraille no le importa correr el riesgo de que su chica llegue a caer mal, o incluso que haya a quienes les pueda resultar cargante. Forma parte de la propia vida, y como los demás ella es un ser condicionado de modo negativo por las circunstancias adversas a las que le toca enfrentarse, no siempre reaccionando bien por ser propensa a las crisis nerviosas y a los ataques de histeria.

Lo de viajar lejos para encontrarse a sí misma suena en teoría muy bonito, pero no ayuda a resolver los problemas de la realidad diaria. Al volver de su retiro en México la treintañera Paula se encuentra con un entorno tan hostil como el parisino, y cae en la cuenta de que tiene que empezar desde cero ahora que es independiente a la fuerza, porque rompió con su novio de siempre y se ha quedado en la calle. Tampoco se lleva con su familia, así que le toca buscar trabajo y alojamiento con un gato a cuestas, algo que es casi una misión imposible.