06/12/2018

Laberintos temporales y emocionales
Koldo LANDALUZE
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Oriol Paulo parece decidido a convertirse en una especie de prestidigitador de imágenes, un ilusionista consumado que a través de sus películas tiende a sorprender al respetable mediante imprevisibles giros. Si bien puede resultar muy estimable este esfuerzo, también ello puede derivar hacia una especie de trato no firmado con el espectador en el que este asume –a veces de manera incómoda– el papel de intuidor.

Para explicar un poco mejor todo esto, buen ejemplo de ello es la gran losa creativa que pesó sobre M. Night Shyamalan tras su magistral “El sexto sentido”. A partir de este filme, el espectador siempre tendía a intentar descifrar las claves de un final que muchas veces no derivaba en sorpresa, lo cual provocaba gran decepción en el patio de butacas. En esta oportunidad, el firmante de películas como “El cuerpo” y “Contratiempo” apuesta al máximo en subvertir lo previsible mediante un thriller en el que nada es lo que parece y para llevar a cambio su “truco”, se saca de la chistera una excusa argumental centrada en los saltos temporales.

Excesivas en sus pretensiones y a ratos delirante, “Durante la tormenta” adquiere la apariencia de un thriller bifurcado en dos sentidos y espoleado por una tormenta cuántica. Todo ello para dotar de sentido la idea de que el pasado puede ser un gran lastre para nuestro futuro y que determinará nuestros peores pasajes.

Dicho esto, a la fórmula con la que experimenta el cineasta se suman algunas dosis de melodrama.

Curiosamente, es en estos terrenos íntimos donde el filme funciona mejor, ya que otorga pleno sentido al excelente epílogo de la película.

De entre las entrañas de este birlibirloque fílmico asoma un interesante y entretenido filme respaldado por unas notables interpretaciones brindadas por un reparto liderado por Adriana Ugarte.