10/07/2019

EDITORIALA
El reto es histórico y debe serlo también la respuesta

Las imágenes de Tafalla eran ayer sobrecogedoras, y las palabras de su alcalde, Jesús Arrizubieta, declarando que el cielo había descargado agua «a cañonazos», expresaban gráficamente el sentir de sus vecinas y vecinos, como el de todos los de la zona media de Nafarroa, que tienen ante sí una labor titánica para recobrar siquiera parte de la normalidad que les ha sido arrebatada. Vehículos, comercios, viviendas y negocios han quedado arrasados en un visto y no visto, y lo que es peor, un joven ha perdido la vida en un ejemplo de la capacidad que tiene la naturaleza de poner al ser humano en su sitio, que es mucho más humilde del que este insiste en adjudicarse.

Se habla de una tormenta histórica y los datos corroboran esa afirmación, pues se han medido cantidades de lluvia inauditas, como los 168 litros por metro cuadrado alcanzados en la estación de Lerga, la mayoría en apenas tres horas. Por lo insólito, podría achacarse lo ocurrido a la mala suerte, a un cúmulo de casualidades, pero cuando ese mismo adjetivo empieza a encadenarse con tanta facilidad hay que empezar a darle otro rango. Porque históricas fueron también las temperaturas alcanzadas a finales de junio y nada garantiza que dentro de semanas o meses no tengamos que volver a echar mano de ese mismo término.

Una de las consecuencias de la crisis climática es que episodios meteorológicos extraordinarios, como las olas de calor, sequías o riadas, van a dejar de ser inhabituales y van a ser cada vez más dañinos. Precisamente, en la Escuela de Verano organizada por BC3 y la UPV abordaron ayer el modo en que las ciudades y áreas urbanas deben actuar para aumentar su resiliencia ante las inundaciones. El debate no respondía a un ejercicio teórico ni a una hipótesis, sino a la constatación de que se trata de una amenaza que requiere una respuesta urgente. Quizá fenómenos como el vivido el lunes dejen de ser históricos, pero el reto que se nos presenta sí lo es, y la respuesta debe estar a su altura. No solo en Euskal Herria, pero también en Euskal Herria.