09/09/2019

EDITORIALA
Apuesta por el control frente a la legitimidad

Ayer se celebraron elecciones parciales en la Federación Rusa, en las que se eligieron 22 gobiernos municipales, 16 gobernadores y 13 parlamentos regionales. También se renovaron los diputados de cuatro circunscripciones uninominales y los jefes municipales de tres capitales regionales. En conjunto, se eligieron alrededor de 5.000 cargos públicos. Más allá de los resultados, que se conocerán hoy, estos comicios han estado marcados por la exclusión de la mayoría de las candidaturas presentadas por la oposición extraparlamentaria por defectos formales.

Esa expulsión fue respondida con importantes movilizaciones, especialmente en Moscú, algo poco habitual en Rusia. La mayoría de los 2.000 detenidos fueron liberados y los pocos que se enfrentan a un juicio han visto que las acusaciones penales pasaban a faltas administrativas. Un giro que ha evitado un nuevo «sumario del pantano» como el que siguió a las movilizaciones de 2012, que terminaron con más de 30 activistas juzgados por delitos criminales. Este cambio ha sido interpretado como una llamada de atención a la Policía, pero también como una decisión del poder para evitar un escenario de fuerza para el que no vería razones. Sin embargo, la exclusión de la oposición extraparlamentaria sí cierra el ciclo de apertura que se inicio tras aquellas protestas de 2012 que llevaron a flexibilizar las condiciones para la participación electoral y mejoraron la transparencia. Un proceso que se profundizó en 2014 a raíz del amplio consenso sobre Crimea.

La mediocre situación económica y la reforma del sistema de pensiones de 2018 han vuelto a activar la protesta ciudadana. En esta tesitura, y seguramente pensando en las legislativas de 2021 y sobre todo en el previsible relevo de Vladimir Putin en 2024 en un escenario internacional convulso, parece que el poder en Rusia ha optado por asegurarse el control de la Duma de la ciudad de Moscú, aunque ello conlleve cierta pérdida de legitimidad.