Natxo Matxin
Redactor especializado en deporte. Osasuna
Los perros de Baltasar Gallardo, tirando del trineo durante una espectacular puesta de sol.
Baltasar GALLARDO
Los perros de Baltasar Gallardo, tirando del trineo durante una espectacular puesta de sol.

Baltasar Gallardo, un navarro en la élite mundial del «mushing»

Tercero en la categoría de larga distancia de huskies siberianos en el pasado Mundial, Baltasar Gallardo se ha consolidado en la élite mundial del mushing. Es el premio a una larga trayectoria de constante dedicación en los entrenamientos y también un importante sacrificio económico.

Fue un bronce que le supo a oro. Así lo reconoce Gallardo, cuyas expectativas previas a la disputa de la prueba no eran ciertamente halagüeñas. «Para empezar, dos perros de los que podemos considerar titularísimos se quedaron aquí lesionados. Una vez allí, otros dos de los más fuertes también los tuvimos que descartar, por una sobrecarga el primero y porque el segundo metió la pata en un agujero que no se veía por la nieve y se lastimó en el último entrenamiento. Del mismo modo, tuvimos serios problemas con la alimentación y peso de otros perros», relata.

Con tanto contratiempo, parecía complicado no solo hacer un buen puesto, sino incluso concluir la carrera. Sin embargo, el musher de Barañain, con una experiencia acumulada de varias ediciones disputadas, supo mantenerse frío ante el empuje de los rivales y gestionar el esfuerzo de sus animales. «Por decisión propia, preferí quedarme descolgado del grupo cabecero, íbamos a una velocidad demasiado alta y pensé que aquello podía pasar factura, como así ocurrió al final. Además de ser conservador en la gestión del equipo, los perros a veces te sorprenden y dan un rendimiento más elevado del que en principio se espera de ellos», relata.

Además, las condiciones climáticas tampoco fueron las más propicias. Con una temperatura de dos sobre cero y un sol castigador, la prueba todavía se hizo más dura para los canes. «En esas latitudes todavía se nota mucho más el cambio climático. En la última década, en la mitad de las ocasiones, ha escaseado la nieve y ha hecho bastante calor para la época del año que es. A esta raza de perros les afecta bastante el sol por la gruesa capa de pelaje que tienen», corrobora.

Por ello, era muy importante hidratarlos. Así, Gallardó les nutrió, sobre todo, con una dieta a base de trucha, «muy rica en agua», combinada con carne picada de ternera y algo de salchichas hipercalóricas.

También hubo otros factores que mermaron el número de equipos participantes en la categoría de larga distancia de huskies siberianos. En principio eran once los apuntados, pero la covid y la ausencia de nieve para entrenar con antelación redujeron la cifra a ocho, concluyendo la carrera seis. «Solo los más puristas competimos con esta raza de perros, que disponen de pedigrí y deben cumplir con un determinado estándar», explica. De hecho, en el Estado español él es el único que compite en larga distancia, el resto emplea perros mestizos, los denominados alaskan huskies.

Preparación mental

No solo hay que estar muy preparado físicamente para tomar parte en este tipo de competiciones, el aspecto mental es algo que puede marcar la diferencia. «Hay que tener mucha capacidad de resistencia porque se pueden llegar a vivir situaciones al límite y también tener claridad y rapidez a la hora de tomar decisiones», explica.

Hace tres años vivió uno de esos momentos extremos, cuando su tiro se hundió en un lago. «Era de noche y se hundieron a la entrada de un río que normalmente suele estar cerrada. Había un metro de agua y no me lo pensé dos veces, me tiré para sacarlos. Menos mal que solo estábamos a dos kilómetros del destino porque, si no, hubiéramos acabado congelados. Ahora, cuando debo cruzar un lago, lo miro de otra forma», confiesa.

También en el campeonato mundial de 2017 sufrió un episodio como para repensarse su presencia. Una gran tormenta de nieve le obligó a ser él quien encabezase el grupo, con sus perros atemorizados por detrás. «Me costó más de veinte minutos recorrer una distancia de apenas cien metros. Deseaba estar soñando para despertarme de esa pesadilla», relata un Gallardo que incluso ha sufrido alucinaciones por el hecho de lo poco que se descansa durante el tiempo que dura la prueba. «En más de una ocasión ha sonado en mi cabeza el ruido metálico del mosquetón chocando con la anilla de los perros pensando que es un rival que me quiere adelantar. Hago la maniobra de echarme a un lado y, al girar la cabeza, me doy cuenta de que no hay nadie detrás mía en muchos kilómetros a la redonda. Es lo que tiene dormir ocho horas durante 48», describe.

En todo caso, hay una corriente de mushers, entre la que se incluye él mismo, que no solo buscan competir y obtener un buen puesto, también necesitan esa dosis de aventura y adrenalina. «Después de tantos años y de la preparación anual que tienes que realizar, a algunos no nos compensa participar en una prueba sobre tierra que dura como máximo veinte minutos. Queremos un poco más de emoción, aunque pasemos penurias con el frío y el aislamiento, pero también vivimos experiencias con la naturaleza más salvaje o disfrutando de visiones como las auroras boreales», matiza.

Precisamente, el hecho de que Gallardo resida en una zona tan meridional como es Nafarroa para esta modalidad deportiva le obliga a llevar a cabo una preparación con horarios muy especiales, obligado por la circunstancia de que el termómetro no debe ser muy elevado.

En ese sentido, el pasado otoño e invierno fueron bastante propicios para poner en forma a sus perros. «Normalmente, para finales de diciembre debes haber acumulado un entrenamiento de entre 1.700 y 2.000 kilómetros, repartidos de manera progresiva desde septiembre. Sobre todo en enero tuvimos bastante frío, por lo que pudimos hacer sesiones lo suficientemente prolongadas», señala.

Ello no impide que los horarios sean intempestivos. Utiliza un quad y la superficie uniforme de la Bardena, tanto navarra como aragonesa, para entrenar, atento al cielo y al mercurio. «Siempre hay que estar por debajo de los 13-14 grados como máximo y, a ser posible, sin que haya mucho sol», especifica. Eso implica tener que madrugar, y mucho, además de meterse entre pecho y espalda unas buenas kilometradas para sacar provecho de las sesiones en las mejores condiciones climatológicas y geográficas. Todo ello intentándolo compatibilizar con el horario laboral, lo que supone un importante sacrificio diario.

Próximo Mundial

Tanto esfuerzo obtiene la recompensa cuando disfruta de sus canes tirando en un paisaje idílico y Gallardo asegura tener todavía cuerda para rato para seguir dando mucha guerra. Ya tiene en mente el próximo Mundial, que se disputará en el Cabo Norte noruego, la Finnmarksløpet, la más larga de Europa, con el doble de kilómetros que la prueba disputada en marzo pasado y cuatro animales menos en el tiro. «He participado en dos ocasiones en ella. Cuando eran 480 kilómetros, la terminé de churro. Después, con 600 kilómetros de recorrido, dejé la carrera a los 200 por la gran cantidad de baches de agua que habían generado las motonieves y que eran todo un peligro para los perros», recuerda el musher navarro.

A pesar de la dureza de este deporte, cada vez son más los que se animan a competir. Las diversas categorías suelen agrupar a entre 150 y 160 equipos, «la mitad de ellos rookies cada año», especifica. Y que tampoco se trata de una modalidad especialmente barata. «Es un deporte de ricos que lo practicamos pobres», subraya. Solo el presupuesto que tuvo que manejar para el pasado Mundial celebrado en Suecia fue superior a los 8.000 euros.

Gallardo se lo puede permitir por el patrocinio de las marcas de productos que comercializa –piensos Greenheart y Anima Strath– y por el apoyo institucional que recibe. La Federación Navarra de Deportes de Invierno costeó la inscripción y el alojamiento, además de que su tercer puesto le puede suponer una futura subvención del CSD el próximo año.

En todo caso, ninguno de sus éxitos sería posible de no ser por el gran equipo que le rodea y le ayuda en tareas logísticas. En dicho apoyo destaca su mujer, Carmen Galán, «imprescindible, con mayúsculas», subraya. Ella le acompaña en cada una de sus aventuras para ocuparse de que ningún elemento necesario falte en el trineo, previo al inicio de una prueba, y también solucionando aquellos problemas que surgen a lo largo de la carrera y con posterioridad.

Ganar es importante, pero no el aspecto prioritario. Para Gallardo, el estado de sus perros se antepone a cualquier clasificación. «Ellos dependen de mí y yo, de ellos. Me cambia el carácter si alguno de mis animales sufre daños. La diversión solo es completa si ellos también acaban intactos», precisa el musher de Barañain.