Ramón Sola
Donostia

Ibarretxe y Loiola para un viaje que ninguno empieza de cero

En siete años no ha habido noticias de cara a un nuevo estatus, pero eso no significa que las posiciones no hayan cambiado. Es significativo, por ejemplo, que EH Bildu reivindique a Ibarretxe y hable de «acuerdo» en Loiola. Pero la pregunta es si, en un contexto más propicio, el PNV retrocede.

El relanzamiento del debate sobre el estatus político obliga primero a constatar con tristeza que han pasado demasiados años sin noticia en este terreno. Ya son casi nueve desde que Ibarretxe fue a Madrid a estrellarse con el Congreso y encerrarse a sí mismo en ese callejón, y más de siete desde que el acuerdo de Loiola se quedó sobre la mesa por cuestiones de interpretación no ya finales, sino posteriores. Luego, y todavía ahora, la prioridad absoluta en la agenda vasca la ha tomado la resolución del conflicto armado y sus consecuencias, cuya conclusión todavía parece lejana pero que si se compara con lo que pasaba entonces (2004 y 2006) ha avanzado todo un mundo. No parece que recorrer este carril fuera más sencillo de abordar que el otro, así que es un buen motivo para comenzar animados, aunque sea tarde.

Tampoco se parte de cero. EH Bildu no solo coge la mano tendida -aunque blanda, muy blanda- del PNV, sino que dobla la apuesta haciendo bandera del preámbulo del Plan Ibarretxe y de Loiola, que reivindica expresamente en el texto de ayer como «acuerdo» y no como el «preacuerdo» del que se habló entonces. Efectivamente, por encima de sus diferencias, en ambos textos queda clara la definición de Euskal Herria y el derecho a decidir. [Plan Ibarretxe: «El Pueblo Vasco se articula en la actualidad en tres ámbitos diferentes. Por un lado, la Comunidad Autónoma de Euskadi (...) y la Comunidad Foral de Navarra (...); por otro, los territorios vascos de Lapurdi, Zuberoa y Behenafarroa (...) El pueblo vasco tiene derecho a decidir su propio futuro». Y Loiola: «Existe una realidad llamada Euskal Herria que se constata en los territorios de Araba, Nafarroa, Bizkaia y Gipuzkoa en el Estado español, y Lapurdi, Zuberoa y Baxe Nafarroa en el Estado francés (...) Nos comprometemos a defender que las decisiones que sobre su futuro político adopte libre y democráticamente la ciudadanía vasca sean respetadas por las instituciones del Estado»].

En un intento de buscar contradicciones que le delata y le rebaja, el lehendakari Urkullu se enfangaba ayer en criticar a EH Bildu a través de las redes sociales. Pero no hay tema. Culpar a la izquierda abertzale del lánguido final del Plan Ibarretxe afirmando que «lo pervirtió con su voto dividido» (el famoso 3+3) no tiene sentido alguno, y menos viniendo de quien acabó confesando después que «hay días que tengo que hacer ejercicios de fe para continuar con Ibarretxe». Y menos aún lo tiene reprocharle que «dijo no a Loiola», porque esa autocrítica está hecha y es pública [Arnaldo Otegi en ``El tiempo de las luces'': «Quisimos convertir el preacuerdo en un acuerdo resolutivo de escenario final porque la necesidad de mantener una posición cohesionada en la izquierda abertzale nos arrastró desde el esquema de Anoeta al esquema de Argel (...) Creo que el tiempo ha demostrado que nos equivocamos gravemente»].

Que EH Bildu recoja estos dos pilares es un buen modo de arrancar y, a la vez, de emplazar al PNV para que empiece a decantarse. Porque si de contradicciones se trata, ¿va a renunciar o a rebajar el Plan Ibarretxe cuando en estos ocho años la historia ha evolucionado a todos los niveles a favor de las posiciones soberanistas, desde la fortaleza vasca a la crisis estatal pasando por el impulso internacional de Escocia y Catalunya? ¿Y va a deplorar el Acuerdo de Loiola, abanderado en su día hasta por Josu Jon Imaz y cuyas bases reivindicaba expresamente el programa electoral de Iñigo Urkullu?

Movilizaciones

Para exigir la puesta en libertad de Jon Iurrebaso se produjeron ayer a la tarde movilizaciones en la rotonda de Pausu (Urruña) y en el Casco Viejo de Bilbo.