Con sus carpetas y sus ojeras, los parlamentarios se dirigieron directamente al Parlament, como si se tratase de una vuelta al cole después de la excursión. De hecho, se trato exactamente de eso.
Los diputados que no fueron a Madrid, así como los periodistas del Parlament, ejercieron de padres, madres, maestros y profesoras, preguntando qué tal la gran aventura. «Pues vi a señores que recordaba ver en blanco y negro cuando era pequeño», señalaba, literalmente, uno de los miembros de la delegación catalana, en referencia a alguno de los congresistas más longevos.
Apenas tuvieron los diputados tiempo para ver las portadas de los periódicos, que constataron que, efectivamente, también las interpretaciones periodísticas giran en órbitas diferentes en Catalunya y en España. Dos ejemplos: del «España dice sí a Catalunya, a la Constitución, a cumplir la ley y al diálogo» de `La Razón', al «Ni consulta, ni oferta, ni negociación» del `Ara'.
Pasado el momento del reencuentro, la sesión de control al Govern arrancó con el tono habitual en Catalunya, algo que por lo visto el día anterior desconcertó en Madrid.
«Habéis estado amables»
Así lo aseguraba ayer otro miembro de la delegación catalana al explicar cómo un congresista del PP, entre extrañado y agradecido, les señaló el martes: «pues sí que habéis estado amables».
Resulta que en Catalunya se acostumbran a guardar la formas, a veces demasiado. Así, en el Parlament se escucharon ayer los mismos razonamientos que el día anterior en Madrid, pero con bastantes menos gritos -Rosa Díez y Albert Rivera tienen sus parecidos, pero el catalán sabe hablar sin gritar- y sin apenas cuñas electoralistas.
Porque más allá de la negativa a la proposición de ley del Parlament, el tono electoralista del discurso del presidente, Mariano Rajoy -confirmado por el anuncio, ayer, de Arias Cañete como candidato-, fue una de las cosas que más molestó a los tres diputados del Parlament.
«Le importan bastante más las elecciones europeas del 25 de mayo que lo que pueda pasar aquí el 9 de noviembre», aseguraba otra de las personas que acompañaron a la delegación.
Pero la diferencia entre el pleno celebrado en el Congreso de los Diputados el martes y el del Parlament de Catalunya de ayer, básicamente es una: la negativa a la consulta que en el Congreso llega al 85%, en Catalunya apenas llega a un tercio del Parlament. «Pero aquí también tenemos derecho a expresar nuestros sentimientos», reivindicó ayer, en tono victi- mista, la líder del PP, Alicia Sánchez-Camacho, premio a la palmera más entusiasta de Mariano Rajoy el pasado martes. «Faltaría más, y también tendrán derecho a votar, como todos», contestó el president, Artur Mas.
Página pasada
Pero más allá de las habilidades retóricas mostradas por unos y otros, lo cierto es que el debate de fondo tampoco apareció en el Parlament, donde hubo bastantes más comentarios acerca de lo mucho que el Real Madrid sufrió en la competición de Champions o sobre el marcado acento catalán de la representante de ERC que sobre el fondo de la cuestión.
El trámite del Congreso estaba pasado y la principal preocupación del día en Barcelona era ver qué pasaba con el Barça en la Liga de Campeones. No quiere decir que lo del Congreso de los Diputados no interesase, de hecho, hasta 300.000 personas llegaron a ver en directo la retransmisión del pleno del martes en la televisión catalana -¿cuántos en España?-.
Pero la página estaba pasada desde el momento en que las fuerzas soberanistas se conjuraron para seguir adelante

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