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Privatizar a través de fundaciones

Los autores muestran su preocupación por la existencia de un borrador de estatutos para las previstas fundaciones bancarias que sustituirán a las cajas y cuyo contenido se mantiene oculto. Consideran imprescindible que se abra de inmediato un debate público al respecto.

Asamblea General de Kutxa.
Asamblea General de Kutxa.

La transformación de la Caixa en fundación bancaria ha hecho saltar todas las alarmas también en Euskal Herria. Y ello porque ahora queda claro que la transformación de las cajas vascas en fundaciones bancarias planteada para este mismo año va a ser probablemente mucho más que un cambio estructural de menor importancia.

En efecto, el ejemplo de la Caixa demuestra que en este momento puede carecer de sentido discutir sobre si en un futuro van o no a incorporarse accionistas privados a Kutxabank cuando se está planteando un modelo de fundación que supone por sí mismo no solo la privatización de las cajas sino la apropiación de las mismas por un reducido grupo de personas.

Ante esta situación, y ante las informaciones recogidas en los medios de comunicación que apuntan a la existencia de un borrador de Estatutos preparado para las previstas fundaciones bancarias que sustituirían a las cajas de ahorros, es imprescindible que se abra de inmediato un debate público al respecto.

Como EKAI Center ya ha puesto de relieve, parece posible compatibilizar la regulación legal de las fundaciones bancarias con una composición de su Patronato que, en lo sustancial, respetara las actuales cuotas de representación de trabajadores, ahorradores y entidades públicas.

Sin embargo, esta configuración tiene una cierta complejidad y requiere una clara voluntad política, cuya existencia en este momento desconocemos.

Por otro lado, la situación actual resulta especialmente alarmante por dos razones. Por un lado, por lo sucedido con la Caixa, que supone no solo una privatización, sino la peor de las privatizaciones: una privatización en la que se renuncia incluso al control del mercado de capitales. Y, por otro lado, por el silencio de las personas o instituciones que parecen impulsar la transformación en fundaciones bancarias sobre la configuración del Patronato de las mismas. Un silencio que no augura nada bueno.

Efectivamente, teniendo en cuenta la polémica social existente y la prácticamente unánime oposición de nuestros ciudadanos a la privatización, si el actual proyecto de transformación en fundaciones bancarias mantuviera de una u otra forma la actual composición de trabajadores, ahorradores y entidades públicas, hay que suponer que este hecho se habría dado a conocer de una u otra forma. El que no haya sido así hasta ahora asusta.

Como mínimo, los responsables de Kutxabank -y nuestros responsables políticos- deberían desmarcarse claramente de lo sucedido con la Caixa. A no ser que realmente el objetivo sea precisamente éste: otorgar todo el poder a ese pequeño grupo de ejecutivos financieros que durante los últimos años han tenido tanto peso -para nuestra desgracia- en la destrucción de nuestro sistema financiero y en la anulación de las políticas anti-crisis de este país.

Si fuera así, no habría mucho más que decir. Los países suelen adoptar en ocasiones decisiones suicidas. Y ésta sería una de ellas. Sin embargo, teniendo en cuenta lo sucedido durante estos cuatro años con Kutxabank, no sería desde luego la primera decisión suicida adoptada por esta entidad durante los últimos años. Ni la segunda ni la tercera.

No estaríamos mucho mejor si se hubieran hecho efectivos cualquiera de los sucesivos intentos de adquisición de entidades financieras ruinosas. Cada una de ellas hubiera destruido por sí sola nuestro sistema financiero. Y, por supuesto, en tal caso el debate sobre la configuración de la titularidad ya no hubiera tenido demasiada importancia. Se hubiera perdido de todas formas.

En el momento actual, es imprescindible exigir a nuestros responsables políticos una inmediata clarificación, destinada a:

a) Verificar si es cierto o no que ya existe un borrador de Estatutos para las previstas fundaciones bancarias.

b) Exigir que ese borrador se haga público.

c) Asegurar que ese borrador no ha sido elaborado bajo la responsabilidad de la actual presidencia de Kutxabank, sin legitimidad personal e institucional para liderar cualquier nueva configuración orgánica de Kutxabank o de las cajas de ahorros vascas.

d) Clarificar en particular los criterios recogidos en dicho borrador a efectos de garantizar la representación actual de trabajadores, ahorradores y entidades públicas en el patronato de las previstas fundaciones.

Nuestra posición es conocida. En este momento, más que nunca, debemos distinguir con claridad entre lo fundamental y lo accesorio. Si se entendiera que los Estatutos de las fundaciones bancarias no garantizan -o no pueden garantizar- una representación de trabajadores, ahorradores y entidades públicas similar a la actual, entonces deben analizarse de inmediato vías alternativas que permitan dicha representación, ya sea como caja de ahorros, como cooperativa de crédito con participación pública, como banco público o a través de una representación indirecta en Kutxabank distinta de las actuales cajas de ahorros. Y todo esto hay que hacerlo ya.