«Irán y Pakistán buscan una inestabilidad controlada a través de extremistas islámicos»
Nasser Boladai, portavoz de uno de los principales movimientos de oposición iraníes, comparte con GARA su diagnóstico sobre el papel de Irán en una región donde los cambios se suceden de forma vertiginosa. «A Irán también llegarán», asegura este baluche. La única incógnita, añade, «es cuándo sucederá».

Nada más finalizar su última comparecencia ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el 20 de marzo, Nasser Boladai espera paciente a que se vacíe la sala para cumplir con un nuevo compromiso en su agenda. Boladai habla de un objetivo común basado en un Irán «federal y laico». A día de hoy, es sin duda un oxímoron, pero ese es el objetivo común de los pueblos bajo el arco del Congreso de Nacionalidades por un Irán Federal (CNFI).
¿Podría trazar las líneas generales del Congreso de Nacionalidades por un Irán Federal?
Se trata de la coalición de 14 nacionalidades iraníes más importante: árabes, turcos azeríes, baluches, kurdos, lores, turcomanos… así hasta 14 pueblos en total. El de Teherán es un régimen basado en la exclusión que solo reconoce la nación persa y el chiísmo, pero Irán es un mosaico de etnias en el que no hay mayorías, todos somos minorías. El CNFI ha de ser un vehículo para provocar un cambio hacia un Estado federal y laico en el que se reconozcan los derechos de todos.
¿Qué supone un mayor handicap en Irán, la etnia o la confesión religiosa?
La diferencia étnica supone un obstáculo mucho más grande que la religión. Incluso grupos entre la oposición reconocen la diversidad religiosa pero cierran los ojos ante una realidad evidente, la de que Irán es un Estado multinacional.
De momento, Irán parece ajeno a los cambios experimentados por todo el norte de África y Oriente Medio. ¿Lo es?
Ya en 2007 mantuvimos varias reuniones en el Parlamento Europeo para trasladar a Occidente que, el día en que el cambio llegue a Irán, ha de evitarse a toda costa lo que ocurrió con Jomeini en 1979. En mayo de 2009 hubo manifestaciones contra el régimen en Zahedan (Baluchistán Occidental). Las elecciones generales se celebraron un mes más tarde con lo que el desencanto general fue catalizado por la llamada «marea verde» capitaneada por Hussein Moussavi. Todo se resumió en una disputa electoral vacía de contenido porque Moussavi nunca tuvo intención de desafiar el modelo de Estado implantado por Jomeini. Entre otras cosas, tampoco incluía la cuestión de las nacionalidades en su agenda. Está claro que muchos de los cambios en el norte de África y oriente Medio han sido forzados, e incluso han tenido consecuencias indeseables como la aparición del Estado Islámico. No obstante, tanto el EI como los ayatolás están condenados a desaparecer porque ninguno de los dos es capaz de resolver los problemas del pueblo. Hassan Rohani sustituyó Mahmud Ahmadineyad tras los comicios de 2013. ¿El cambio fue para mejor? Desde que Rohani llegó al poder ha habido más ejecuciones y más represión, algo que, por otra parte, todos esperábamos. La pena de muerte sigue aplicándose en casos políticos en los que los ejecutados son comúnmente acusados de «enemistad hacia Dios». No ha pillado por sorpresa a nadie porque, además de ser un mulá, Rohani también ha sido miembro del aparato de seguridad iraní durante 16 años. A menudo ha prometido derechos lingüísticos y/o culturales para baluches, kurdos... pero seguimos esperando.
¿Es la política parlamentaria una opción válida para el cambio en Irán? ¿Apoyaría una intervención militar respaldada por Occidente?
No tengo ninguna duda de que el cambio llegará a Irán, la única incógnita es cuándo. En cuanto a una posible intervención militar, Occidente ni siquiera está hablando con nosotros por lo que no podríamos apoyar una acción que nunca se ha discutido, y cuyo diseño desconocemos. Así las cosas, no tenemos ninguna posición al respecto, ni a favor ni en contra. De lo que si estamos convencidos es de que Occidente puede desempeñar un papel importante a la hora de impulsar un cambio democrático.
El largo proceso de conversaciones con Irán en Suiza sobre la cuestión nuclear ha finalizado con un acuerdo preliminar.
Hablamos de un sueño largamente acariciado por Teherán, un proyecto que precede a los ayatolás. Se podrá aplazar en el tiempo pero Irán obviamente busca convertirse una potencia nuclear, algo que puede ocurrir en diez meses o en diez años.
Viene usted de una región que ha visto un incremento de movimientos insurgentes baluches en los últimos años, algunos de los cuales suscriben una visión radical del islam suní. ¿Ha germinado la semilla yihadista entre los baluches de Irán?
Históricamente, los baluches nunca permitieron que ni el zoroastrismo ni el islam interfirieran en su vida política y social sino que se regían por los valores tradicionales recogidos en la balochiat, el código de conducta baluche. Desgraciadamente, la secularidad baluche está hoy en peligro por la constante injerencia de persas, punyabíes y pastunes, las sociedades dominantes en Irán, Pakistán y Afganistán, los países que dividen nuestro territorio. A día de hoy, es difícil saber si hablamos de nacionalistas baluches al estilo de los grupos operativos en Baluchistán Oriental (bajo control de Pakistán) o de extremistas islámicos ya que su discurso parece debatirse constantemente entre ambas ideologías. Sea como fuere, la insurgencia contra el Gobierno central en Irán tiene una larga historia entre los baluches. Incluso recordamos episodios recientes de nuestra historia en los que baluches chiíes luchaban contra Teherán.
Esta es una prueba elocuente de que su agenda es de corte nacionalista. Paradójicamente, Teherán tiene una gran responsabilidad del aumento del extremismo suní, tanto en Kurdistán como en Baluchistán.
Teherán incluyó entre la élite a mulás suníes a través de dinero y poder para disolver un ideario comunista profundamente arraigado entre kurdos y baluches iraníes. No obstante, Jomeini no hizo más que dar continuidad a una política introducida en la región por los británicos. Ellos fueron los primeros en utilizar el islam como una herramienta política para contrarrestar la expansión soviética.
Mencionaba antes al Estado Islámico. Muchos afirman que Irán también ha participado en la creación de éste de forma similar a como lo hiciera en Irak apoyando a células extremistas para fracturar a la sociedad suní iraquí y alejarla del poder tras la invasión del país en 2003.
El régimen teocrático en Irán apoya indirectamente a elementos extremistas y, al mismo tiempo, los controla para impedir que moderen su discurso y se unan a otras fuerzas políticas y/o religiosas moderadas, liberales y democráticas en Irán. Irán y Pakistán cooperan para crear una inestabilidad controlada a través de grupos extremistas islámicos, pero también para crear unas dinámicas políticas artificiales que distorsionen la lucha legítima por la soberanía y la autodeterminación de los baluches. Geográficamente, Baluchistán permite el acceso al mar, algo que los grupos extremistas ansían. La división geopolítica de Baluchistán, dividido entre Afganistán, Pakistán e Irán, permite a los diferentes grupos comunicarse entre ellos, moviéndose libremente por sus fronteras hacia la península Arábiga y más allá, siempre con el apoyo y el consentimiento tácito de Teherán e Islamabad.
Usted ha llegado a decir que Baluchistán Occidental se ha convertido en «un coto de caza». ¿Puede explicarlo?
Es un coto de caza para las fuerzas de seguridad iraníes. Incluso un comandante de la Mersad (fuerzas de seguridad desplegadas en la región) llegó a admitir abiertamente que había recibido órdenes de matar baluches, y no de arrestarlos. Muchas de nuestras localidades han sufrido una búsqueda casa por casa. Resultado de éstas y otras arbitrariedades ha sido la desaparición o huida de muchos de muchos de nuestros jóvenes, quedándose únicamente los ancianos en las aldeas.
Nuestra población sigue disminuyendo inexorablemente desde tiempos de los Pahlevi, y organizaciones como Human Rights Watch han denunciado que nuestra región ha sido víctima de una asimilación sistemática que busca provocar un desequilibrio demográfico.
Hace menos de un siglo nuestra región se llamaba Baluchistán. Después se convirtió en Baluchistán y Sistán; luego Sistán y Baluchistán... El plan es finalmente llamarlo Sistán, y dividirla en tres distritos: Wilayat, Sistán y Saheli.

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