Soledad GALIANA
DUBLÍN

Escocia vota por la esperanza del SNP frente a la austeridad de Londres

El Partido Nacional Escocés (SNP) se erige como fuerza política única en Escocia con el castigo electoral a laboristas y liberales.

«Como ya le dije ayer –por el viernes– al primer ministro David Cameron, no puede seguir todo como siempre en lo que respecta a la relación con Escocia», afirmó la primera ministra escocesa y líder del Partido Nacional Escocés (SNP), Nicola Sturgeon, durante la rueda de prensa ofrecida a las afueras de Edimburgo junto con los 56 diputados que representarán a la formación en Westminster.

«Mi mensaje para Westminster (sede del Parlamento británico) es el siguiente: la voz de Escocia se escuchará ahora en Westminster más alto que nunca», incidió Sturgeon.

Sturgeon era prácticamente una desconocida fuera de Escocia hasta la noche de su intervención en el debate televisivo del 2 de abril, cuando con sus propuestas barrió a sus oponentes, incluido el primer ministro británico, David Cameron. Hasta algunos votantes ingleses reclamaron la oportunidad de poder votar por ella.

Tan solo siete meses después de ser elegida líder del SNP tras la renuncia de su predecesor Alex Salmond, que estuvo precedida de la derrota en el referéndum de independencia de setiembre del pasado año, Sturgeon lidera un partido que ha cuadruplicado sus miembros para llegar a 100.000, ha incrementado su representación en el Parlamento de Londres de 6 a 56 escaños, y se ha ganado el respeto no solo de la clase política británica –particularmente se recuerda el abrazo entre Sturgeon, Leanne Wood, líder de los independentistas galeses, y Natalie Bennett, del Partido Verde–, sino de los votantes dentro y fuera de Escocia.

Claro está que, más allá de la sintonía con Verdes y galeses, el SNP tendrá que enfrentarse a los temores y acritudes de los partidos tradicionales. La victoria nacionalista ha reforzado la enemistad con laboristas y liberales. Dos de las cuarenta víctimas laboristas fueron Jim Murphy, líder del partido en Escocia, y Douglas Alexandre, portavoz de la formación en el área internacional en el Parlamento británico.

Aunque los conservadores no resultaron afectados por el avance del SNP, ya que consiguieron retener a su único diputado en Escocia, sí han expresado su preocupación por las repercusiones que la campaña electoral y los resultados en Escocia tendrán en la política británica. Sturgeon ya ha advertido de que no quieren más de lo mismo. «Como prometimos en la campaña, esta voz poderosa será una voz por políticas más progresistas. Seguiremos trabajando con gente progresista en el Reino Unido para lograr el final de la austeridad, inversiones en los servicios públicos, así como en nuestra valiosa sanidad, inversiones en una economía más fuerte para crear empleo para nuestros jóvenes… Estamos preparados para trabajar con otros para poner estas cuestiones en el corazón de Wetsminster», inistió. Y al corazón de Westminster el SNP envía al que fuera líder del partido, Alex Salmond, elegido con comodidad en el distrito de Gordon, hasta ahora en manos laboristas. «El león escocés ha rugido», advertió el propio Salmond, que espera jugar un papel central en las negociaciones sobre la transferencia de competencias de Londres a Escocia, y que ahora el SNP buscará que sean más de lo planteado inicialmente, sobre todo porque los conservadores ya han aceptado que deberán ofrecer más concesiones al SNP. Sturgeon ha remarcado que el líder conservador y primer ministro británico David Cameron no tiene autoridad para gobernar Escocia ni para ignorar el mandato democrático de los nacionalistas para acabar con las políticas de austeridad impuestas desde Londres.

Los conservadores han reconocido que el «tsunami» escocés hace inevitable la celebración de una segunda consulta sobre la independencia. Sturgeon ya ha advertido que si las elecciones escocesas del próximo año ratifican el apoyo al SNP, exigirá la convocatoria de un nuevo plebiscito de autodeterminación, aunque la decisión de adelantar el referéndum en Escocia podría vincularse al anunciado referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea prometido por Cameron.

Los escoceses son decididamente europeístas, y no ven con buenos ojos una salida de la Unión Europea: «Si los conservadores quieren arrastrarnos fuera de la UE contra nuestra voluntad, ello podría cambiar las circunstancias actuales», resaltó la líder del SNP.

Sturgeon y la líder galesa Leanne Wood exigieron que el referéndum sobre la permanencia en la UE sea consensuado y no por mayoría, es decir, que Gran Bretaña solo podría abandonar la Unión Europea si la mayoría de los votantes en Escocia, Gales e Inglaterra apoyan la salida.

 

Los laboristas retienen Gales pese al empuje del Partido Conservador

Sin muchos cambios en Gales, donde los laboristas se mantienen como el partido mayoritario con 25 escaños, a pesar de perder uno de ellos en beneficio de los conservadores, que han conseguido 11 diputados (su mejor resultado en Gales desde 1983). De nuevo, los liberales han sufrido la mayor derrota, perdiendo dos diputados y manteniendo un solo escaño. Evidentemente, sus votantes no les han perdonado ni su alianza con los conservadores ni las políticas de austeridad.

La mayor decepción es Plaid Cymru, que a pesar de la gran intervención de su líder Leanne Wood en los debates electorales, solo ha incrementado su voto en un 1% para alcanzar un 12%. Aunque mantiene sus tres escaños en Londres, la formación galesa ha sido superada en porcentaje de voto por el UKIP, que ha obtenido un 14% del voto pero sin conseguir escaño. Cymru necesita explorar nuevos caminos para atraer al electorado galés y mostrarse como una alternativa ante las políticas de austeridad de los conservadores en Londres y de los laboristas en Cardiff.

Estos resultados plantean una interesante perspectiva de cara a las elecciones a la Asamblea de Gales en mayo del próximo año, donde el sistema electoral de representación proporcional ofrecerá una perspectiva distinta de las decisiones del electorado.S. GALIANA