
Los más tempraneros llegaron ayer mismo, aunque el goteo ha seguido esta mañana hasta convertir las faldas de Montjuïc en una pequeña Bilbo en medio de Barcelona. Miles de aficionados se reúnen a estas horas en el Athletic Hiria, donde pasan las horas previas a un partido que la mayoría sabe difícil pero nadie da por perdido de antemano.
Amenizados por el sonido de los zanpanzares, las karrakas, alguna txaranga y los conciertos previstos durante todo el día, los hinchas calentaban las gargantas desde primera hora de la mañana, esperando afinar para el partido. De hecho, también había quien ensayaba el pitido con el que se prevé que los aficionados de ambos equipos reciban el himno español.
Convertido el lugar también en pasarela de todas las camisetas del Athletic habidas y por haber, la mayoría de aficionados buscaban refugio debajo de alguna de las cuatro carpas instaladas para la ocasión, ya que en Barcelona la sombra cotiza al alza ya a finales de mayo y no es cuestión de llegar al partido con una insolación a cuestas.
Así, la optimista pantalla (animaba a adivinar quién marcará el primer gol del Athletic) en la que los aficionados sin entrada podrán seguir el partido permanecía solitaria durante la mañana, testigo mudo de las decenas de aficionados que, palo en mano, inmortalizaban el día con las ya inevitables «selfies».
Y es que no es un día cualquiera para los millares de aficionados trasladados a la capital catalana (en ocasiones, familias enteras), que no dudaban en hermanarse con los pocos hinchas culés que se acercaban al Athletic Hiria. La euforia de los más lanzados contrastaba con la cautela de los que mantienen en la memoria las derrotas de las dos últimas finales jugadas. Pero nada está perdido antes de empezar y, de hecho, la Gabarra, ya está en Barcelona.

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