Ingo NIEBEL

BAVIERA, ENTRADA A UN AUTÉNTICO PARAÍSO SI NO SE MIRA MUCHO A LAS CLOACAS

Gracias a la reciente cumbre del G7, el Estado Libre de Baviera, según su nombre oficial, ha sido centro del interés mediático. Sin poder ejercer de anfitrión oficial, el Gobierno regional intentó vender la marca Bayern: todo paradisíaco y sin cloacas.

En 2013, el ministro-presidente de Baviera, Horst Seehofer, declaró que la entrada al Paraíso se halla en Baviera. Estaba eufórico tras un excelente resultado electoral, que devolvió la mayoría absoluta a su Unión Social Cristiana (CSU). Sobre esa base, el político conservador ha osado contradecir a la popular canciller, Angela Merkel. Ella, como de costumbre, ha reaccionado sin alzar la voz, con sutilezas tales como llevar la cumbre del G7 al Palacio de Elmau, en Baviera, para luego reducir el papel protocolario del propio Seehofer al del mayordomo que saluda a Barack Obama y a los demás jefes de Estado, para luego dejar sus señorías a solas. Desde hace 150 años, la Berlín prusiana marca la pauta y la Munich bávara obedece, pero intentando disfrazar su sumisión de acto soberano.

En este caso concreto, el Ejecutivo bávaro ha editado un costoso libro de 250 páginas y centenares de fotos a todo color con el título “Baviera. País en el corazón de Europa”.

Por supuesto, el primer bávaro que aparece es Seehofer diciendo que «es una suerte vivir en Baviera» porque, según los datos ofrecidos, se vive mejor que en Alemania que, por cierto, solo aparece como una nota al margen, como si fuera un Estado vecino.

Para no ser absolutamente cutre, la oficina de prensa bávara ha enviado un ejemplar de la obra a cada corresponsal extranjero acreditado ante el Ejecutivo germano, por correo, ya que quien se lo pudo permitir evitó viajar hasta los Alpes bávaros.

A Merkel se le ocurrió ubicar el centro de prensa en Garmisch Partenkirchen, un idílico pueblo a 30 kilómetros y separado por varias zonas de seguridad del palacio de Elmau. Igual de distante es la relación del Ejecutivo bávaro con la prensa. Por un lado, el libro incluye un tarjeta de Seehofer, en la que lucen las palabras inglesa y bávara “Welcome dahoam!” (bienvenido a casa), pero luego todo el texto es en alto alemán, como si fuera la lengua oficial del mundo entero. Por otro lado, tanto idilio anima a más de uno a buscar por las cloacas, que llegan también hasta la puerta bávara al Paraíso.

Sus arquitectos y constructores se hallan en la propia Baviera. Proceden del empresariado, de las estructuras públicas y de la política, especialmente de la CSU, que desde inicios de la República Federal de Alemania (RFA) es la primera fuerza política regional y en los distritos, aunque el panorama varía en los municipios.

Habrá que llamar «histórico» al día en el que el partido de Seehofer vaya a la oposición en el hemiciclo de Múnich. Tal vez sería incluso «revolucionario», porque la CSU actúa como si fuera la dueña de Baviera. Tres casos actuales ilustran la situación.

Tres ejemplos «caciquiles»

En febrero tuvieron que repetirse las elecciones para alcalde en el pueblo de Geiselhöring porque en los comicios regulares se había cometido un fraude electoral que el diario centroliberal “Süddeutsche Zeitung (SZ)” llegó a calificar de «sin precedentes».

Dicho medio descubrió que cerca de 460 jornaleros rumanos y polacos habían votado ilegalmente, por correo. Llenaron las papeletas en presencia de su jefa, militante de la CSU, en favor de ella misma y de otros candidatos del partido. Así, la Unión arrebató la Alcaldía al grupo de los votantes independientes. Para sorpresa de todos, la CSU venció también en la repetición, un hecho que tal vez se explica por la idiosincrasia bávara y el caciquismo regional.

El segundo ejemplo serviría para un guión de «la Bavaria», la competencia bávara de Hollywood según el libro de Seehofer. En 2002, una banquera denuncia a su marido, Gustl Mollath, por violencia machista. El señalado responde con otra denuncia por fraude fiscal y otras acciones ilícitas que su aún esposa y otros empleados y clientes del banco bávaro HypoVereinsbank podrían haber cometido.

La Fiscalía considera su denuncia «poco fundada» y la archiva, pero a él le lleva a juicio por la agresión contra su esposa. El juez competente absuelve a Mollath por no estar en posesión de sus facultades y lo envía a Psiquiatría. Poco después se confirman parcialmente las acusaciones contra el HypoVereinsbank, mientras el Gobierno bávaro niega cualquier relación entre estos hechos y la condena.

La prensa descubre entonces una supuesta relación entre el en esa época juez y el nuevo compañero de la ex de Mollath. Al final, el condenado recupera la libertad y obtiene la revisión de su caso, pero sin conseguir la anhelada absolución de primera clase porque su carácter sí es difícil y no se puede descartar que en su día agrediese a su esposa, aunque tal vez no en la medida en la que ella lo denunció.

Última ilustración: el Parlamento bávaro investiga si la CSU, la Fiscalía General y algunos directores de Policía han saboteado la investigación por fraude al médico empresario Bernd Schottdorf, muy influyente y miembro de la CSU. En abril, tres policías en activo relataron con todo lujo de detalle quién les presionó, y cómo, para que no siguiesen con sus pesquisas. El “SZ” lo consideró un acto de coraje por romper el silencio impuesto por esta omertà a la bávara. Son solo tres entradas a las cloacas actuales que la CSU y sus «amigos» (una palabra castellana que la jerga política de Baviera utiliza de manera peyorativa) han construido y llenado a lo largo de seis décadas.