Dabid LAZKANOITURBURU

El líder talibán sale al paso para apoyar las negociaciones con EEUU

Por primera vez en 15 años de guerra, el líder de los talibanes afganos, mullah Omar, reivindica la legitimidad islámica para negociar con el enemigo. Lo hace días después de que arrancara un nuevo esfuerzo negociador en Pakistán bajo los auspicios de EEUU y China, y el aval de la ONU y las principales cancillerías.

En su comunicado, publicado en la web oficial de los talibanes afganos, el mullah Omar no hace mención explícita a la ronda preliminar de contactos entre el Gobierno de Kabul y los talibanes, que tuvo lugar la semana pasada en Pakistán, pero, por primera vez en sus escasas pero esperadas alocuciones, da su apoyo a las conversaciones para intentar la pacificación del país.

«Paralelamente a la yihad armada, los esfuezos políticos y la vía pacífica (...) constituyen un principio islámico legítimo», asegura el esquivo líder talibán, a quien sus seguidores veneran como el «emir de los creyentes».

«Al analizar nuestros preceptos religiosos, uno se da cuenta de que los encuentros e interacciones de paz con los enemigos no están prohibidos (por el islam); lo que está prohibido es desviarse de los nobles ideales del islam», precisa el escrito, dfundido con motivo del Aid el-fitr, que marca fin del Ramadán este fin de semana.

El mullah Omar insiste en que el objetivo último sigue siendo la expulsión de los ocupantes y la implantación de un estado islámico y reitera que «la yihad es tan obligatoria hoy como lo fue en 2001 (invasión de Afganistán). La única pequeña diferencia es que tras sufrir grandes pérdidas, las fuerzas extranjeras han reducido su número y se han encerrado en sus bases».

La sombra del ISIS

Los expertos aseguran que el mullah Omar vive «clandestinamente» en Pakistán, donde nunca se ha mostrado públicamente. Los servicios secretos enemigos le dan periódicamente por muerto.

Su ausencia, la perspectiva de un final cercano de la guerra y el atractivo del califato en Siria-Irak han forzado la deserción de talibanes al ISIS, que ya tiene una fuerte implantación en la provincia oriental y fronteriza con Pakistán de Nangarhar.

El ISIS y los talibanes se han enfrentado en combates. Altos cargos del ISIS como el líder de la provincia del califato de Jorasán (Irán, Afganistán y Pakistán), Hafiz Said Jan, y un exmilitante histórico talibán, Shahidullah Shahid, han muertos estos días bajo las bombas de drones estadounidenses.

Esta misma semana, el ISIS ha hecho pública una fatwa (edicto) en su revista Dabiq en la que «acusa» al mullah Omar de ser un nacionalista afgano contrario al califato mundial. Más aún, la fatwa sostiene que el líder talibán no puede pretender liderar un califato porque no es un qureshi, tribu árabe a la que habría pertenecido el profeta Mahoma, y de la que sí asegura ser descendiente el califa (Ibrahim) del ISIS Abu bakr al-Bagdadi

Las deserciones y su desautorización por parte del ISIS complican la tarea del mullah Omar, enfrentado por un lado a la fatiga de sus comandantes tras tres lustros de guerra y, de otro, a las dudas de otros sobre la estrategia negocidora.

No faltan mandos talibanes que cuestionan la legitimidad de los representantes rebeldes en la ronda de contacto, lo que arroja dudas sobre la unidad de la resistencia. El propio mullah Omar se cuida muy mucho de nombrar a los responsables de la delegación talibán. Eso sí, insisten en que «mantener la unidad de la yihad es una obligación religiosa, por lo que hemos ordenado a nuestros muyahidines preservar la unidad y frenar a todos los que intentan crear diferencias o dispersarnos».

Tras el primer encuentro del 7 de julio en el que se trataron temas como la presencia extranjera o las sanciones de la ONU, se prevé una segunda ronda tras el Ramadán. No se ha hecho público ni el lugar ni la fecha.

 

15 años de resistencia a la ocupación y 100.000 muertos

El mullah Omar se ampara en la historiografía que asegura que Mahoma combinaba la lucha contra los «infieles» con enviados de estos últimos para justificar unas negociaciones que pondrían fin a 15 años de resistencia talibán y de otros grupos a una invasión de EEUU que utilizó como excusa los ataques del 11-S. Los talibanes se negaron a entregar a Osama Bin Laden y EEUU inició el 7 de octubre de 2001 una operación de bombardeos que en 2 meses forzó a los talibanes a abandonar el poder en Kabul y Kandahar y a replegarse para iniciar una guerra de guerrillas cada vez más extendida y que ha dejado 100.000 muertos. El Gobierno títere de Kabul nunca ha llegado a imponerse a los señores de la guerra, que regresaron tras la huida talibán. La ocupación ha sido un auténtico desastre y no ha resuelto ninguno de los atávicos problemas que asolan al pueblo afgano. Así las cosas, tanto EEUU como la OTAN y sus aliados se han visto a su vez obligados a replegarse significativamente del país. Ello no ha impedido que los talibanes hayan incrementado sus acciones (2014 fue el año más sangriento). En lo que va de año siguen su progresión (el domingo dejaron un saldo de 33 muertos en el ataque suicida a una base de la OTAN en Jost, en el este) En 2013, EEEU abrió una negociación fracasada con los talibanes en Qatar, que llegaron a abrir una delegación en el país árabe. D.L.