Iñaki IRIONDO

JABIER SALUTREGI, DIRECTOR DE «EGIN», DEJA ATRÁS 17 AñOS «Y PICO» DE CONDENA

SALIÓ CON LAS MANOS EN LOS BOLSILLOS DE SU ABRIGO. LAS SACÓ PRIMERO PARA ABRAZAR A SU ESPOSA, QUE HABÍA ENTRADO CORRIENDO DENTRO DEL RECINTO CARCELARIO. LAS APROVECHÓ DESPUÉS PARA LEVANTAR EL PUñO DE QUIEN EN PRISIÓN HA VISTO REFORZADOS SUS PRINCIPIOS. A LAS 10.40, SALUTREGI DEJÓ ATRÁS 17 AñOS Y PICO DE CONDENA.

Guardo en la memoria la imagen de Jabier Salutregi, leyendo “Euskadi Información” frente a la puerta del clausurado “Egin”, con traje, corbata y un chaleco que le llegaba hasta el segundo botón de la camisa. Los demás estábamos en manga corta. Y aunque el traje era clarito, el calendario marcaba julio y el termómetro, que hacía calor. No había que haber estudiado a McLuhan para saber que aquel medio era un mensaje: una fórmula tradicional y convencional de demostrar que él era el director de un periódico.

Y ayer Salutregi lo volvió a dejar claro. Esta vez hacía frío y un persistente sirimiri nos recordaba que durante unas horas los aledaños de la cárcel de Burgos –la misma en la que fusilaron a Ángel Otaegi en 1975– eran tierra vasca. El director de “Egin” apareció sobre las once menos veinte de la mañana con las manos en los bolsillos del largo abrigo. Elegante.

Una rendija en la seguridad permitió que su esposa, Maite, corriera al interior del recinto penitenciario para abrazarlo. Y así, juntos, dieron los últimos pasos hacia la libertad, mientras Salu levantaba su puño rebelde.

De pronto se paró en seco a pocos pasos de la verja que le separaba del medio centenar de familiares y amigos que habíamos ido a recibirle. Vio a José Luis Elkoro con una de aquellas primeras camisetas de “Egin”, blanca, con el logotipo en el pecho izquierdo. Y bajo el ropaje del director emergió la persona. Descompuso la elegancia, se levantó capas de jerseys y mostró otra camiseta de “Egin”, esta más moderna. «Ni be ‘Egin’ekoa naiz. Zu bakarrik ez», le dijo a quien durante tantos años fue presidente del Consejo de Administración de Orain SA y que también recuperó su libertad hace poco más de mes y medio. A partir de ese momento llegaron los abrazos, las lágrimas de emoción y el primer trago de vino de una bota tras largos años de abstinencia carcelaria.

Un «pico» significativo

Jabier Salutregi ponía así fin a siete años y medio de cárcel. Pero en realidad su condena ha sido mucho más larga. El 15 de julio de 1998 el tridente Aznar-Mayor Oreja-Garzón hizo efectivo el cierre de “Egin”y Egin Irratia. Según anotó el juez en su diario, aquella tarde recibió la llamada del entonces consejero de Interior de Lakua, Juan María Atutxa: «Muy cariñoso, me da la enhorabuena por la decisión: ‘Esa medida tenía que haberse tomado hace mucho tiempo. La apoyo totalmente’».

Desde entonces, Salutregi ha estado entrando y saliendo de prisión o acudiendo durante meses al juico del macrosumario 18/98. Un sinvivir en el que nunca puedes hacer planes porque la espada de largos años de cárcel pende sobre tu cabeza y sobre la de toda tu familia.

Por eso el título de esta crónica iba a hablar de dejar atrás 17 años de condena, un concepto mucho más amplio que el mero –y durísimo– encarcelamiento. Pero con los dos pies ya en la calle y mientras a su espalda se cerraba la verja de la vieja cárcel burgalesa, Jabier Salutregi se dirigió a los presentes: «Ha sido durillo, durito; bueno, voy a decir duro. Duro. La pesadilla, después de 17 años y pico, ha terminado ahora pero siempre la recordaré, y la intentaré recordar sin dolor».

Ese «y pico» es muy significativo. Porque en esa situación cada día de sufrimiento cuenta. No han sido solo 17 años, han sido 17 años «y pico». Un pico de otros tres meses y catorce días.

«Toneladas de dignidad»

De estas cosas saben mucho Teresa Toda, subdirectora de “Egin”, y los miembros del Consejo de Administración José Luis Elkoro, Patxo e Isidro Murga, Pablo Gorostiaga y Jexus Mari Zalakain. Todos ellos han padecido años de prisión y ayer acudieron a recibir a Salutregi.

Juntos se hicieron una foto de felicidad frente a la puerta de acceso. Y al verla en Twitter alguien que los conoce bien, porque siguió las interminables jornadas de juicio día a día, escribió «cuántas toneladas de dignidad hay en esa imagen».

Isidro y Patxo Murga pasaron parte de su condena en esa misma prisión, y Salutregi le sacó al primero de ellos un «regalo» de un excompañero que le hizo estallar en carcajadas. Desde una zona cercana un preso vestido de jardinero gritaba a Salu para desearle lo mejor en adelante. Era Jimmy, compañero de mus en las horas de tedio carcelario. El director de “Egin” ha coincidido con todo tipo de gente en su periplo carcelario. Por ejemplo, en Alcalá-Meco conoció al banquero Mario Conde.

Entre quienes acudimos a esperarlo había decenas de familiares y amigos llegados desde Ea –su pueblo natal– e inmediaciones. Por la tarde en la localidad vizcaina le tributaron un caluroso recibimiento. También nos congregamos trabajadores de “Egin” y el actual director de GARA, Iñaki Soto.

Jabier Salutregi salió de la cárcel sin haber sido «reinsertado». Un nuevo fallo del sistema penitenciario. Es lo que ocurre cuando se encierra a alguien por el mero hecho de dirigir un periódico y se le acusa nada menos que de «pertenencia a organización terrorista» porque esa calificación penal permite clausurar el diario. Luego llegó el Tribunal Supremo y dijo que ni había «pertenencia» ni motivo de cierre, pero era ya demasiado tarde.

Salutregi dejó claro que los años encerrado le habían reafirmado en sus convicciones. Luego mostró su esperanza de que «se deje de venir de una puta vez» a las puertas de las cárceles porque ya no haya más presos. Y expresó su felicidad no solo por la excarcelación, sino también por su jubilación. El director de “Egin” vuelve a la calle con 65 años.

La Guardia Civil incordia

Dados todos los abrazos habidos y por haber, tras haber posado en fotos y atendido las primeras urgencias telefónicas, el medio centenar de congregados iniciamos una marcha de unos cien metros hasta los coches que nos devolverían a Euskal Herria. Precedidos de una enorme ikurriña, alguien empieza a cantar el “Eusko Gudariak” que es seguido por el resto.

La caravana acuerda parar en el primer área de servicio de la autopista para volver a encontrarse bajo techo. Pero al pasar el peaje de Burgos, la Guardia Civil detiene a tres coches cuyas matrículas tenía anotadas y en los que viajan expresos y también el director de GARA. Son retenidos durante algún tiempo sin justificación ninguna.

Muestra de que Salutregi no ha perdido facultades, les organiza un «ongietorri» a su llegada a la cafetería.

A la salida del área de servicio, la retención se hace general. Los agentes armados van parando todos nuestros coches, apuntan nuestras identidades y los números de matrícula. Pero pasamos con toda nuestra alegría por traer otro preso a casa y ellos se quedan allí. Ya lo dejamos claro en su día: «Seguimos, seguiremos».