
Al término de un interrogatorio que se ha prolongado durante casi doce horas, el político conservador ha sido declarado además «testigo asistido», a medio camino entre la imputación y el simple testigo, por los cargos de fraude, falsificación y abuso de confianza.
Esa segunda figura jurídica implica que, aunque no se hayan encontrado pruebas suficientes contra él, puede ser llamado a declarar de cara a una eventual imputación.
Su abogado, Thierry Herzog, ha asegurado ue aunque tiene previsto presentar los recursos pertinentes, está satisfecho de que no se le haya imputado por esos últimos cargos. Esta nueva imputación se suma a la recibida en julio de 2014 por «corrupción activa», tráfico de influencias y encubrimiento de la violación del secreto profesional.
El expresidente francés ha comparecido esta vez por el «caso Bygmalion», un escándalo que debe su nombre a una empresa que emitió falsas facturas por unos 18,5 millones de euros para que la Unión por un Movimiento Popular (UMP) asumiera gastos que correspondían a la campaña.
Los magistrados sospechan que los responsables de la campaña crearon ese sistema fraudulento para cargar a la UMP parte de los gastos electorales con el objetivo de no superar los 22,5 millones permitidos por la ley.
Sarkozy ha reiterado en diversas ocasiones que no había oído el nombre de Bygmalion hasta tiempo después de esa campaña en la que salió derrotado frente al actual presidente, François Hollande.

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