Ingo NIEBEL
COLONIA

La derechista AfD fuerza a la «casta» a reflexionar sobre su política

El triunfo de la derechista AfD ha puesto en jaque a los demás partidos con representación en el Bundestag. Dificulta la formación de ejecutivos regionales porque la CDU no la quiere como socio. Su existencia supone un reto estratégico para el resto de partidos, cuyos votantes han reaccionado así a una política libre de ideologías.

Después de las tres elecciones regionales celebradas el domingo, Alemania ha amanecido diferente porque a la derecha de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller, Angela Merkel, le ha surgido un competidor, la Alternativa para Alemania (AfD). Así, se ha hecho realidad lo que el célebre líder de su aliada Unión Social Cristiana (CSU) y ministro-presidente bávaro Franz-Josef Strauss logró evitar estableciendo el dogma: «A la derecha de la CSU nunca debe existir un partido demócrata». Él se encargó de ello ocupando ese espectro político.

También entonces la CDU de Helmut Kohl contaba con su ala derechista, defendiendo el conservadurismo burgués. Sin embargo, fue su «chica», Merkel, la que ha llevado la CDU hacia aquel indefinido «nuevo centro», creado por el socialdemócrata Gerhard Schröder (SPD) en 1998. Bajo esta marca, el SPD aplicó la neoliberal Agenda 2010, con unos recortes sociales que al resto de Europa llegarían con una década de retraso. Junto con los Verdes pacifistas llevó al país por primera vez desde 1939 a dos guerras de agresión.

En 2005, en la Gran Coalición de la CDU con el SPD, Merkel prometió conservar la política rojiverde. Con su «no» a la energía nuclear tras el desastre de Fukushima (2011) y ahora con la acogida de un millón de refugiados se ha convertido en «la mejor candidata a canciller que el SPD y los Verdes pueden desear», ironizó en su día el diario “Süddeutsche Zeitung”.

De hecho, en el Bundestag existe un bloque multipartidista que defiende el euro y a los refugiados, la OTAN, a Israel y los recortes sociales. No hay alternativa, solo Merkel.

Por eso, la CDU perdió votantes de su ala derecha, que se fueron a la abstención, pero Merkel atrajo nuevos votos desde el SPD y los Verdes. En 2013, la apodada Mutti (madrecita) repitió triunfo electoral a costa de un diezmado SPD. Pero en vez de levantar cabeza sigue cayendo en picado. «El SPD ha de existir siempre», constata su líder en Sajonia Anhalt, Katrin Budde, después de perder la mitad de los sufragios. La sangría afecta también a los Verdes, y es la victoria de su carismático ministro-presidente de Baden Württemberg, Winfried Kretschmann, la excepción que confirma la regla en Renania del Palatinado y Sajonia Anhalt.

Alternativas

Igual de mal parado ha salido el partido socialista Die Linke. El electorado le ha castigado por no haberse constituido como una alternativa, atractiva desde la izquierda, al actual sistema político. En el oeste alemán ya no logra entrar en los parlamentos y en el este pierde presencia.

Aún así opta por seguir con la peculiar «cohabitación» del sector prosocialdemócrata con el opuesto izquierdista. Hasta ahora, el primero soñaba con un tripartito a nivel nacional con el SPD y los Verdes. Los últimos resultados lo han convertido en una ilusión, y no solo por las pérdidas de sus socios en potencia. En Sajonia Anhalt, ha sido el segundo partido, después de la CDU, que más votantes ha cedido a la derechista AfD. Sobre todo obreros y personas de la clase media baja han optado por la nueva formación.

La AfD sí ha sabido venderse como «alternativa» y ocupar el terreno político que le han dejado las otras formaciones.