«La mayoría de los diputados laboristas son tan incompetentes que no entienden esta crisis»
Jeremy Gilbert es profesor de Teoría Política y Cultural de la Universidad de East London y miembro del Comité Nacional de Momentum, movimiento que llevó a Jeremy Corbyn al liderazgo del Partido Laborista británico.

«El Partido Laborista vive una crisis sin precedentes y la mayoría de sus diputados carece de las herramientas intelectuales necesarias para entender lo que está ocurriendo». Desde su condición de miembro del comité nacional de Momentum –el movimiento de izquierda laborista que aupó a la victoria el año pasado a Jeremy Corbyn–, Jeremy Gilbert reconoce que «es casi imposible que el Partido Laborista gane las elecciones de 2020» e insta a una reforma en profundidad «para adaptarse a las necesidades del sigo XXI».
La pérdida de confianza de Jeremy Corbyn entre los diputados laboristas en el Parlamento ha desembocado en una batalla por la dirección de la formación que tendrá su desenlace mañana, cuando se conozca si Owen Smith logra los votos necesarios para convertirse en el nuevo líder laborista. Aunque Smith cuenta con el apoyo de la mayoría de los diputados de su grupo parlamentario, las encuestas apuntan a que Corbyn mantendrá el apoyo masivo de las bases y sindicatos. A partir de ahí, todo son incógnitas.
¿El Partido Laborista ganará las próximas elecciones?
Es muy improbable, pero no imposible. Lo que es casi imposible es que el Partido Laborista obtenga una mayoría parlamentaria en la Cámara de los Comunes. Pero desde Momentum tratamos de impulsar una manera diferente de hacer política, en la que se incluyan alianzas con formaciones como Los Verdes, el SNP o los Liberaldemócratas para que se pueda implementar el programa de un gobierno progresista, liderado por el Partido Laborista. Es la manera de ganar. De lo contrario, es bastante poco probable.
También depende de la economía. Es posible que de aquí a 2020 vivamos una nueva crisis económica, así que debemos plantearnos qué posibilidades existen para poder cumplir un programa progresista. Históricamente, el capitalismo financiero acaba dictando los programas de gobiernos. Ocurrió en la era del Nuevo Laborismo de Blair, y el problema es que la corriente laborista de derechas lo niega. La cuestión no es ganar elecciones, sino en qué condiciones lo haces. Pero la clase política de este país no está preparada para pensar sobre ello, no saben nada de sociología, solo ven la política como una batalla de ideas y no como grandes bloques sociales que defienden sus intereses por medio de alianzas. Es importante destacar que jamás ha ocurrido que después del resultado de las elecciones de 2015 (mayoría absoluta del partido Conservador en la Cámara de los Comunes), la oposición haya ganado las siguientes elecciones, y no hay razón para esperar que vaya a ocurrir ahora. Centrarse solo en ganar en 2020 es potencialmente dañino.
Usted apoya a Corbyn. ¿Lo considera un buen líder?
Depende de qué criterio sigamos. Ha logrado que medio millón de personas se unan al Partido Laborista, algo que jamás nadie había logrado antes. Ese es uno de los muchos criterios, y francamente, ningún líder del Partido Laborista ha sido bueno en todos los ámbitos: lograr que la gente se movilice, dar bien a la cámara, sonar bien en la radio, dirigir el grupo parlamentario, persuadir a quienes no tienen interés en la política....
¿Podrá Corbyn reunir al partido de nuevo? ¿Será buen líder en ese sentido?
Depende del resto del partido porque él no lo ha dividido. Ha sido la derecha laborista del Parlamento, que decidió rechazar el resultado de una elección democrática.
Hay un gran abismo entre los simpatizantes laboristas. Lo vimos en el referéndum sobre el Brexit, donde la clase trabajadora con menos recursos tendió a votar por salir de la UE, al contrario de lo que se expresó en núcleos urbanos tradicionalmente laboristas. Usted los clasifica entre «izquierda metropolitana» y «votantes de la clase trabajadora». ¿A cuál de estos colectivos está respondiendo el Partido Laborista?
La izquierda metropolitana claramente apoya a Corbyn, pero al contrario de lo que algunos piensan, no se trata de una clase privilegiada, incluye a trabajadores con pocos recursos de las grandes ciudades, gente de los sindicatos, trabajadores del sector público con pocos ingresos.... Sus intereses no son muy diferentes a los de la clase trabajadora de zonas post industriales. Para que la izquierda tenga éxito, es la masa metropolitana la que debe liderar el movimiento con el apoyo y la implicación de la clase trabajadora de estas áreas. La gran diferencia que separa a ambos colectivos es el asunto de la inmigración. Una de las maneras de resolver el problema sería aceptando que se ha perdido la batalla en ese terreno; aunque cada uno en su casa apoye la política de fronteras abiertas, debemos aceptar que el electorado demanda cierto control. Otra estrategia más ambiciosa sería la de hacer campaña para desmitificar las falsedades sobre los efectos de la inmigración, porque la gente de las áreas post industriales tiende a creer que el nivel de inmigración es cuatro veces mayor de lo que es. También tiene que ver la frustración con la política, porque no se sienten involucrados en las decisiones sobre la dirección del país.
Porque existe el riesgo real de que esa masa frustrada políticamente decida votar a otros partidos como UKIP...
A UKIP o a otro, sí, existe ese peligro. Se ha visto con el Brexit. La gente quiere ver reducido el nivel de inmigración y esperan que el Gobierno haga algo, aunque el resultado que obtendrían no sería el esperado, porque no va a dejar de haber inmigrantes de repente por las calles. Ello crea un clima muy peligroso porque la extrema derecha puede prometer deportaciones inmediatas, o incluso otras iniciativas como la construcción de nuevas fábricas, para satisfacer a esa clase trabajadora industrial. Pueden prometer muchas cosas, además en UKIP hay gente con dinero que se ofrecería a financiar esos proyectos.
¿Asistiremos a una escisión en el Partido Laborista?
Hace un tiempo habría dicho que posiblemente. Hoy por hoy... depende de lo que ocurra con el grupo parlamentario, porque en realidad no existe una base entre la masa crítica hacia Jeremy Corbyn lo suficientemente grande y organizada como para que se produzca una escisión. Las bases no están organizadas, así que todo depende de lo que ocurra en el Parlamento. Es cierto que el sector de diputados que se identifica con las políticas de Tony Blair, un 5% del total, quieren que el partido se divida. Pero una escisión solo funcionaría si puede reunir a al menos 150 parlamentarios, ya que en ese caso, según las leyes del Parlamento, pasarían a ser el principal partido de la oposición, con todo lo que ello supone (amplia cobertura en los medios, por ejemplo). Si no, pasará lo que ocurrió a principios de los 80 con la creación del SDP –escisión del laborismo que formó el Partido Socialdemócrata y que acabó uniéndose al Partido Liberal para formar el actual Partido Liberal Demócrata–. El SDP solo se llevó unos 30 diputados. Lo que sí es probable es una «deselección» de varios miembros del Parlamento –un proceso por el cual las corporaciones locales laboristas rechazan a su candidato al escaño en las elecciones– por la incompetencia que han mostrado.
¿Qué opina de voces como la del laborista David Blunkett que instan a Momentum a marcharse del partido?
Puede decir lo que quiera, pero Momentum representa una tradición que siempre ha existido en el Partido Laborista. Nació como una confederación de organizaciones que incluían grupos marxistas. Lo que ocurre es que la rama derecha del partido está aterrorizada porque somos una organización democrática de base, y lo último que quieren es la participación de las bases en la toma de decisiones.
Momentum recuerda la proliferación de movimientos como Podemos o Syriza. ¿Estamos asistiendo al fin del sistema de partidos británico?
El sistema de partidos británico se está resquebrajando pero no se ha roto aún, porque no se ha formado un nuevo partido de izquierdas que pueda suponer una alternativa. En Momentum somos 70.000 miembros, pero la masa que se ha unido al Partido Laborista en la era de Corbyn asciende a medio millón de personas. Si en Momentum tuviéramos medio millón de personas, ¡claro que formaríamos un partido! (risas). De todas formas, las políticas radicales de Momentum se podrían comparar con Podemos, Barcelona en Comú o Syriza. Es cierto que a medio o largo plazo el sistema se acabará rompiendo y tanto Conservadores como Laboristas acabarán engendrando nuevos partidos, pero no se sabe cuándo ocurrirá, podría ser dentro de 6 o 20 años. De hecho, tiene que ocurrir, porque de lo contrario entraremos en una situación en la que la participación política quedará relegada a algo meramente ceremonial.
Centrémonos en el congreso anual de mañana. Imaginemos que Corbyn es reelegido como líder del partido. ¿Y luego, qué?
Nadie lo sabe. Lo que está claro es que es necesario implementar una agenda política de izquierdas del siglo XXI. Hay que lograr algo que Corbyn no ha conseguido aún, democratizar el partido, cambiar la manera en la que se organiza de forma que las bases puedan retar a los miembros del Parlamento, hacer que justifiquen sus acciones y se ganen la reelección. No me importaría que estuvieran en el Parlamento algunos diputados de la corriente derecha del laborismo si fueran buenos políticos, pero es que no lo son, son incompetentes. Estaban seguros de que Corbyn dimitiría al perder el voto de confianza, pero no lo hizo, y ahora no saben qué hacer. Seguramente, lo más probable es que vengan al menos dos años de intensa y amarga división, de batallas por la reelección y amenazas de escisiones, con malos resultados en las encuestas. Es difícil que veamos un resultado positivo en al menos dos años.

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