Las 48 horas desde el atropello del camión en Berlín, reivindicado por el Estado Islámico (ISIS), están dando alas a la extrema derecha islamófoba no solo europea sino mundial en su asalto al poder.
Si ya la propia e indiscriminada acción, que recuerda a la de Niza el 14 de julio, incluía por primera vez a Alemania en la cada vez más larga lista de países europeos que han sufrido graves atentados yihadistas –lo que por otra parte era cuestión de tiempo–, la detención de un refugiado de origen paquistaní alimentaba el discurso xenófobo.
Su puesta en libertad horas después no hacía sino alimentar la ansiedad. Finalmente, las noticias sobre que la Policía buscaba a un tunecino que vio rechazada su petición de asilo en Alemania completaba un cocktail que puede resultar letal para las aspiraciones de Merkel en los comicios de 2017.
Poco importa que el nuevo sospechoso no hubiera llegado a Alemania en el marco de la oleada de refugiados de 2015 –pasó años en Italia, a donde llegó tras la revuelta tunecina de 2011–. Tampoco que Túnez haya imposibilitado desde junio su expulsión de Alemania negando, algo habitual en el Magreb, que fuera tunecino.
En estos tiempos de trazo grueso, unos y otros son «moros y, por tanto culpables». Palabra de Trump.
La utilización demagógica y torticera del intento del ISIS de llevar la inestabilidad al corazón de Europa se entiende desde la perspectiva de la extrema derecha.
Lo preocupante es que el discurso irreflexivo, de bote pronto, se haya instalado en buena parte de la opinión publicada. Los que critican como un fiasco la detención del refugiado paquistaní, o no piensan lo que dicen (en esas circunstancias, detener a un sospechoso es tan «normal» como soltarlo cuando se confirma su inocencia) o, peor, se abonan a ese buenismo que rechaza la seguridad y está dejando expedito el camino al poder a la extrema derecha. El mismo «buenismo» hipócrita que ha pasado de rondón sobre el hecho de que fue Merkel la que decidió frenar el drama de los Balcanes abriendo sus fronteras a casi millón y medio de refugiados, una decisión que le puede costar el cargo. Lo que seguro no beneficiará a los «buenos».

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