
Sin mencionar en ningún momento la palabra Catalunya, el jefe de Estado español ha hecho hincapié en que «no son admisibles ni actitudes, ni comportamientos que ignoren o desprecien los derechos que tienen y que comparten todos los españoles para la organización de la vida en común».
A su juicio, «vulnerar las normas que garantizan la democracia y libertad solo lleva, primero, a tensiones y enfrentamientos estériles que no resuelven nada y, luego, al empobrecimiento moral y material de la sociedad».
«El progreso, la modernización, el bienestar, requieren siempre de una convivencia democrática basada en el respeto a la ley, en una voluntad decidida y leal de construir y no de destruir, de engrandecer y no de empequeñecer, de fortalecer y no de debilitar», ha abundado en su apelación a mantener la unidad del Estado.
El monarca ha incidido en que «la convivencia exige siempre, y ante todo, respeto», y con tono firme, ha sentenciado que en «la España de hoy no tienen cabida la intolerancia y la exclusión, la negación del otro o el desprecio al valor de la opinión ajena».

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