
“La vela muda” (2012), “No ha dejado de llover” (2015) y ahora “Campo de minas” es el hilo discográfico que une cinco años de trabajo de Cero a la Izquierda en busca de identidad, presencia y una línea en los conciertos de cada semana. Una escala que el cuarteto iruindarra resuelve con un disco de entidad entregado al rock con patronaje actual.
En el local de ensayo virtual, convertido en garaje, diversos motores sirven para actualizar al que llaman “Campo de minas”. El rock urbano del inicio se diluye sin desprecio entre las válvulas, el entusiasmo por AC/DC se deja ver en algunas guitarras, puede percibirse en el inicio de una de las mejores canciones del disco, “Vale la pena”, y en “Hasta que duela”. “Banda sonora” es otro single de tono rompedor; “Crupier fortuna”, muestra de cara y en primer plano el renovado perfil que también se deja escuchar en valores como “Va a temblar la Tierra” o “Talón de acero”. Todo promedia, el cercano pasado y el ilusionante presente. Y, además, cada instrumento muestra el progreso, el nuevo tubo de escape.
No obstante, quienes les conocieron con su primer o segundo álbum, en especial, no van a toparse con otra historia. Cambia la forma del sonido, la estética, la pulsación (experiencia, avance y cambios de estudio), pero siguen siendo cuatro rockeros desnudos, sin palomas en las mangas, donde todo gana sin perder definición, poder ni potencial contacto con sus numerosos seguidores.
Cero a la Izquierda plantea ahora un rock más moderno, pueden ir de gira con los clásicos, pero también con propuestas más abiertas. El innegable single “Huellas”, con un excelente video-clip, puede ser la idea.
De otra parte, voz afinada, y textos (trabajados y sensoriales) forman un cordón umbilical que abraza cada parte.
El germen de la banda se sitúa en 2008 cuando Javi Robles, 16 años, voz, se une a dos guitarristas del colegio. Colocan carteles buscando batería, aparece Lucas Nicolay, batería, o así, 13 años. Este viene con mochila, ya que se trae a Dani Lafuente, rubio, melena al aire actualmente, para que toque el bajo y lo aprenda. En 2011, Sergio Pérez sustituye a uno de los guitarristas y se inicia el camino actual de Cero a la Izquierda.
Los tres discos se encuentran ligados a la producción del considerado Iñaki Llarena, una especie de gran papi que les orienta en diferentes aspectos y estudios para grabar y llegar al mejor sonido, sin duda, en “Campo de minas”: con bloque de sonido, todos en primer plano, y profundidad. El mejor nexo, la voz de Robles, de tono dolido, áspero y singular, y con más blues-rock del que parece, en su garganta y en el grupo.
«Es precisamente Iñaki quien nos sugiere ir a grabar a Londres el disco anterior y el que pensó en los Giant Wafer Studios de Gales para la grabación de ‘Campo de Minas’. Busca que vivamos esa experiencia y todo lo que aporte. En Londres, por ejemplo, estuvimos grabando en el estudio de los Kinks. Entrabas y estaba todo su legendario backline. Eso es historia de la música y es una suerte y un privilegio poder vivir algo así. La idea de ir a Gales era buscar un sitio más tranquilo, y un estudio residencial, en el que la grabación pudiera hacerse de forma más pausada. La grabación de “No ha dejado de llover” se hizo en un solo día. Para este disco pudimos tomárnoslo con algo más de calma», comenta Sergio. Javi precisa: «Buscamos hacer de cada disco una experiencia irrepetible. En todos los sentidos. En lo musical, en el ambiente, en el viaje... Se trata de vincular cada disco a un momento, a una fotografía que va a ser irrepetible».
Rock, rock-blues camuflado, hard-rock… y cada nota, música y voz, en su espacio: «La idea es que cada instrumento esté al servicio de la canción y, en última instancia, al de la voz. En mi caso –habla Sergio–, si la canción pide un solo, perfecto, pero considero mucho más importante que el riff camine por sí mismo, que el arreglo aporte algo útil. Para lucirse ya hay millones de ‘guitar heroes’».
«Cada canción que compones supone crecer o, al menos, así lo vemos. De cada tema aprendes a valorar matices, transiciones, a intentar huir de clichés, buscar un ejercicio creativo…», argumenta Javi Robles.
Si se quiere, rock urbano modernizado y sin clichés. Si se prefiere, rock moderno intenso con melodías que no le miran mal al pop.

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