
Las últimas encuestas de intención de voto para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Ecuador, que se celebran mañana, arrojan un empate técnico de casi 50%-50% entre los dos candidatos. Algunas, con una ligera tendencia hacia el candidato de la derecha, el banquero de CREO Guillermo Lasso, mientras otras dan una ajustada victoria por la mínima a Lenín Moreno, del movimiento Alianza PAIS.
El triunfo de Moreno supondría un respiro para la izquierda latinoamericana y también para toda la región, que se ha ido escorando hacia la derecha tras casi dos décadas en las que las fuerzas progresistas fueron tomando el poder.
Lo hicieron Argentina y Perú a través de las urnas y Brasil mediante un juicio político que acabó con la destitución de Dilma Rousseff. En 2012, había ocurrido lo mismo con el paraguayo Fernando Lugo, y tres años antes, el hondureño Manuel Zelaya fue expulsado del poder y del país por los militares.
Las medidas adoptadas por Mauricio Macri en los quince meses que lleva al frente de Argentina están provocando pérdida de derechos, un empobrecimiento de la población y continuas protestas. El Ejecutivo derechista del brasileño Michel Temer, por su parte, está desmantelando en poco tiempo todo lo construido en más de una década de Gobierno del Partido de los Trabajadores. Igual que hicieron las nueva autoridades en Paraguay y Honduras.
Desde su llegada al poder en 1998 y hasta su muerte quince años después, Hugo Chávez fue el referente para la izquierda latinoamericana y uno de los «padres» –junto a Rafael Correa– de la unidad antiimperialista y la integración regional, pero la grave crisis económica y política que vive Venezuela impide al país mantenerse como tal.
Ahora es Ecuador, junto con la Bolivia de Evo Morales, el que asume ese liderazgo y el que se arriesga a sufrir una «restauración conservadora» y una regresión de los incontestables logros –independientemente de errores, virajes y algunas medidas impopulares– de la llamada «década ganada» del Gobierno de Correa y Alianza PAIS.
La izquierda «auténtica»
Pero una eventual reconquista del poder por parte de la derecha y los poderes financieros, nunca mejor representados que ahora por el banquero Guillermo Lasso, necesitaría algo más que el apoyo del resto de fuerzas afines eliminadas de la carrera en la primera vuelta, que ya pidieron el voto para CREO.
Con sus apelaciones al «cambio democrático» para poner fin a la «dictadura» de Correa, sus denuncias de corrupción, sus promesas de crear un millón de empleos y poco más que ofrecer, parece difícil que Lasso consiga atraer el número suficiente de votos para instalarse en el palacio de Carondelet.
Por eso, el apoyo que previsiblemente le darán la izquierda tradicional ecuatoriana que se dice «auténtica» e interpreta las elecciones como una confrontación entre distintas derechas, y algunos dirigentes indígenas –otros lo harán por Alianza PAIS–y de movimientos sociales, al que apuntan muchos analistas, puede ser clave para definir el próximo Gobierno. Algu- nos ya se han pronunciado en ese sentido en lugar de plantear propuestas concretas a cambio de un apoyo crítico a Moreno.
Y eso a pesar de que a nadie se le escapa que solo un Gobierno de Lasso puede desmontar la inversión pública, privatizar servicios sociales, acabar con el papel regulador del Estado en la economía, rebajar o suprimir impuestos y flexibilizar el trabajo.
Lo hicieron el exgeneral Paco Moncayo, que fue candidato de Izquierda Democrática (centroizquierda), el Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador (PCMLE) y los líderes de las organizaciones indígenas Pachakutik, Ecuarunai y la Conaie, que dicen preferir «un banquero que una dictadura» y piden «no votar por el continuismo de la dictadura ni la consolidación del capitalismo» cuando llaman a no votar en blanco o nulo.
En cambio, Lenín Moreno se aseguraría la victoria, dicen los expertos, si ha sido capaz de conquistar (o reconquistar) a esa franja del electorado poco o nada ideologizada que demanda soluciones concretas a problemas cotidianos relacionados con la economía doméstica, el empleo, la salud o la educación –aproximadamente un 10%– y que se ha replanteado su apoyo a Alianza PAIS al ver amenazada su mejora en la calidad de vida debido a la crisis.
«No hay cómo equivocarse al elegir entre Moreno y Lasso (…) Podemos ser muy críticos con un proceso que se desvirtuó en los últimos años (…), pero no podemos entregar directamente el futuro político del país a la derecha más reaccionaria y al capital financiero nacional e internacional, ayudando a sumar un nuevo aliado a la derecha latinoamericana que se va reposicionando y reconsolidando», asegura el escritor y periodista uruguayo-ecuatoriano Kintto Lucas. «Ni ayer ni hoy ni mañana habrá justificación válida ara votar a Guillermo Lasso desde la izquierda, o desde alguien o algo que se denomine izquierda», subraya.
Respecto a ese giro hacia la derecha en América Latina, el todavía presidente ecuatoriano, Rafael Correa, apela a la contextualización. «Depende de con qué se compare, si con el momento en el que toda Sudamérica, excepto dos países, eran de izquierda o con la larga y triste noche neoliberal cuando no teníamos ningún gobierno de izquierda en toda la Patria Grande», señalaba en una reciente entrevista en el diario argentino “Página 12”.
Lo que sí advierte es de que en el caso de Ecuador la derecha intentará desconocer el triunfo, para él seguro, de Moreno y generar confusión y desestabilización volviendo a hablar de fraude electoral para impugnar el resultado, porque mañana la derecha «se juega la vida» como muestra de que «la derecha sigue avanzando y ganando espacio en el continente o de que ya empezó el retroceso y vuelve al lugar que le ha asignado la Historia, a un pasado triste al que no queremos volver».
«Si gana Lasso, me quedaré»
En cualquier caso, tiene claro que «si ese tipo (Guillermo Lasso) gana, nos va a empezar a perseguir. Será la mejor fórmula para que me quede en el país, a defender a mi Gobierno, mi honra y los volveré a vencer. Obviamente, si gana Lenín (Moreno) podré ir a descansar (se instalará en Bélgica)... Si no, tendré que quedarme para evitar que destruyan lo logrado y a defenderme, porque esa gente nos va a perseguir».
En esa entrevista en “Página 12”, tras constatar que Ecuador ha vivido una de las campañas electorales «más sucias» de su historia, asegura estar convencido, porque «a cada rato lo dicen, sin prueba alguna», de que la derecha, en caso de ganar, empezará una persecución política en su contra e intentará meterle en la cárcel. «Así es la arrogancia de nuestras élites», afirma.
Mientras, el mundo estará atento a lo que ocurra mañana en Ecuador: si el ciclo progresista va camino de terminarse en América Latina o si se consolida, como sugerían los triunfos de Tabaré Vázquez en Uruguay y de Daniel Ortega en Nicaragua.
Los oscuros negocios y las preocupantes actividades financieras de Guillermo Lasso
El candidato de la derecha ecuatoriana, el banquero Guillermo Lasso, centró su campaña para la primera vuelta en vincular al Gobierno de Alianza PAIS con la corrupción (casos Petrobras y Odebrecht), lo que llevó a poner la lupa sobre sus negocios. Recientes informaciones periodísticas han revelado oscuros negocios y preocupantes actividades financieras.
La periodista de “Página 12” Cynthia García ha desvelado la existencia de 49 empresas «offshore» vinculadas a Guillermo Lasso en paraísos fiscales (Panamá, Islas Caimán y Delaware) con nombres de fantasía para ocultar su identidad y la de sus familiares. Y ha revelado también que constituyó un entramado de fuga de capitales para él y para parte del empresariado local.
El que, mediante un fideicomiso, continúa siendo el principal accionista de la entidad más grande de Ecuador, el Banco de Guayaquil, «limpió» su entramado en paraísos fiscales mediante operaciones de ingeniería financiera antes de enfrentarse –y perder– frente a Rafael Correa en 2012.
Según Cynthia García, la fortuna de Lasso pasó de uno a 31 millones de dólares entre 1999 y 2002, gracias al «feriado bancario» (equivalente al corralito argentino), que arruinó a buena parte de la población y obligó a emigrar a más de dos millones de ecuatorianos. En marzo de 1999, el Gobierno de Jamil Mahuad –con quien fue superministro de Economía–, congeló los depósitos bancarios por un año y creó los certificados de depósito reprogramados (CDR) que los ahorradores recibieron a cambio de su dinero. Los banqueros compraron esos CRD a un 40%-50% de su valor y el Estado rescató a los bancos recomprándoselos al 100% de su valor, quebrando así la banca pública. Lasso era accionista mayoritario de Andean Investment, la compañía que creció gracias a la usura en la compra de los CDR, y el Banco de Guayaquil fue uno de los que mayor cantidad canjeó.
En 2011, cuando sabía que iba a ser candidato, liquidó la empresa en Islas Caimán y transfirió la operación resultante a seis fideicomisos locales a su nombre y de varios familiares, pero dos meses después transfirió esos fideicomisos ecuatorianos a empresas «offshore» en Delaware y creó otras tantas compañías. Tras su derrota frente a Correa, esas acciones volvieron a Ecuador, por lo que se sospecha que con el entramado de Delaware se pretendía esconder que eran los titulares de las acciones del Banco de Guayaquil y mantenerlas en el exterior durante la campaña. Según la García, esta metodología es una práctica histórica de fuga de capitales vinculada a Lasso desde 1978.
Además, el banquero se ve salpicado también por una operación vinculada por la cual se habría vendido a sí mismo el Banco Banisi, empresa «offshore» en Panamá subsidiaria del Banco de Guayaquil. El 66% de sus depósitos son de ecuatorianos y su portal de Internet funciona desde el mismo edificio de la entidad guayaquileña. Desde 2014, Ecuador prohíbe a sus bancos tener sucursales en paraísos fiscales.
Lasso aparece ligado también, según la periodista, a operaciones de compra de inmuebles por decenas de millones de dólares, «adquiridas entre 2009 y 2010 a un tercio o mitad de su valor, producto de la crisis en EEUU por la explosión de la burbuja inmobiliaria», es decir, pertenecientes a personas que no pudieron afrontar sus hipotecas y fueron desahuciadas.GARA

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