
Si eres un ladrón no te vale de nada quedarte esperando ante la casa de alguien, bien acicalado y con el saco listo. Lo que tienes que hacer es entrar, agarrar lo que puedas y marcharte. Obviamente, no apoyo ese tipo de prácticas, es solo una analogía», decía en cierta ocasión el técnico inglés Ian Hollowey sobre una victoria conseguida por los pelos. El Athletic de ayer en Ipurua más que esperar con el saco, desesperó por su impotencia para rascar algo más que un punto hasta esa acción postrera, en el minuto 93, donde Raúl García, el único que olió la sangre anoche, se fabricó solito la falta al borde del área que terminó con el navarro rematando a la red armera un despeje de Yoel. Alegría desbordada entre los rojiblancos tras el tanto y después del pitido final, y no era para menos por el excesivo premio y por lo que significa este triunfo. El Athletic no solo está enrachado en este tramo final de temporada, sino de dulce. Es más, cabría decir que es el Athletic al que estamos acostumbrados, el que suele decir Ernesto Valverde que va, va y va. Quizá sin tanta claridad ayer, pero hasta el rabo, para este equipo, todo es toro. Y en el 93 cayó la victoria que les sitúa sextos y descabalgando al Eibar. Porque el partido nadie lo va a recordar. Un duelo donde los leones nunca estuvieron cómodos sobre el césped, sometidos a lo que propuso un Eibar bregador, incapaces de saltar la presión de los locales, de dar más de cuatro toques consecutivos, incluso de sacar provecho de su superioridad numérica tras la justa expulsión de Escalante y que marcó el devenir del choque. Un triunfo importantísimo gracias no solo a esa perseverancia que ejemplifica como pocos Raúl García, sino al partidazo que Yeray y Laporte firmaron en defensa ante un Eibar correoso que se dedicó a meter balones al área sin resultado alguno. El Athletic camina firme hacia Europa.

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