
«Me parecen muy amables y la reacción del público en este festival es uno de los alicientes para seguir haciendo películas», ha señalado el cineasta japonés Hirokazu Koreeda, que ha recibido en el Teatro Victoria Eugenia el segundo Premio Donostia de la 66 edición de Zinemaldia.
Nada más salir al escenario, Koreeda ha recibido una ovación de más de dos minutos y ha comenzado a llorar hasta el final de su discurso. En él, ha tenido un recuerdo para la actriz Kirin Kiki, que falleció la semana pasada, y ha reconocido que este galardón supone «una emoción» que le deja «sin habla».
«Mi carrera está todavía a la mitad, pero soy consciente de que este premio no me lo volverán a dar en mi vida», ha bromeado.
«En un festival al que me han invitado muchas veces y siempre me han tratado muy bien», ha destacado Koreeda, que ha estado acompañado en el escenario por el actor Lily Franky: «Cada vez que vuelvo a Japón hablo muy bien de San Sebastián».
El acto ha estado presentado por el director del certamen, José Luis Rebordinos, que ha defendido que el cine de autor japonés «ha ganado» el certamen por dos razones: «Es un cine que apela al corazón pero también es una persona muy humilde al que consideramos un amigo».

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