Conseguir que se trabaje a gusto, una cuestión de «sentido común»
Hace siete años, Florent Canini cogió el timón de Inox Pyrénées dedicada a trabajos en acero inoxidable. Se ha trasladado a Larresoro donde ha consolidado su proyecto empresarial un tanto peculiar, tanto en la forma de producción como en la gestión.

El lohizundarra de 36 años afincado en Senpere no esconde su satisfacción con la nueva nave de 1.200 metros coronada por otro espacio de 150 dedicado a locales sociales. «Fue una de las premisas que me fijé cuando decidí construir un nuevo edificio en Larresoro porque los 500 metros de Biarritz eran ya insuficientes. Mi objetivo era que todo lo que concierne al trabajo en sí, desde la concepción a la producción, pasando por la gestión, estuviera en la misma planta. Es una forma de estar más en pie de igualdad entre todos. Ya no decimos como antes ‘vamos arriba’ cuando se iba a la oficina o a dirección. Es más práctico y sicológicamente también tiene su punto».
Y es que Canini ha apostado por un sistema de trabajo más «transversal»: «Lo tuve claro desde que cogí las riendas de la empresa que ya llevaba 30 años funcionando con otros dueños. No quería un sistema piramidal sino formar un equipo real. Es por ello que trabajamos en base a binomios, es decir, que el más veterano va formando al novicio y cuando está preparado, el binomio se desdobla según se van creando nuevos puestos de trabajo». Además, ha descartado la figura de jefe y/o encargado. Ahora tienen cinco «referentes» que, en caso de necesidad, pueden acceder directamente a los otros departamentos (diseño, dirección…). «Así se agiliza la resolución de los problemas que surjan y se limitan las jerarquizaciones».
También hizo partícipes a todos sus «colaboradores» a la hora de definir los «valores» en los que se asentaría el proyecto empresarial entre los que destaca la satisfacción al cliente, la reactividad y el espíritu de equipo.
Reconoce que lograr este «espíritu de equipo» no ha sido fácil: «A los trabajadores más veteranos les ha costado porque siempre han funcionado con un jefe que les decía lo que tenían que hacer en todo momento. Ahora se les pide su opinión o se les impulsa a tomar decisiones y a que arreglen entre ellos los problemas que vayan surgiendo. Eso les resultaba desconcertante pero creo que es muy gratificante para ellos. Ya no se puede funcionar como antes a la orden de ‘haz esto y cállate’. No es posible».
El diseño del piso superior dedicado exclusivamente para el uso de «todos los trabajadores, incluido yo mismo» refleja la importancia que le da a ser un equipo compacto: amplio comedor con cocina equipada, balcón-terraza con mesa y sofás, vestuarios que recuerdan más a los de un equipo de rugby que a los de una empresa convencional. «Todos los días hacemos dos recesos para un café y para comer que vienen muy bien para comentar entre todos los asuntos del trabajo...».
No es paternalismo
Otro ejemplo de esa transversalidad es el hecho de que cuando tienen que contratar a un nuevo trabajador (han pasado de 6 a 16) aborda la selección del más adecuado con el equipo. «Analizamos las candidaturas conjuntamente para ver quien se adapta mejor a los valores de la empresa y al propio equipo aunque, evidentemente, soy yo quien tiene la última palabra». Canini rebate que se trate de una forma de «paternalismo». «Yo mismo fui asalariado durante años y tengo claro lo que no quiero como trabajador. Al fin y al cabo, intentar tener contento a quien trabaja contigo es una cuestión de sentido común, sobre todo si se tiene en cuenta que las personas pasamos el 70% del tiempo que estamos despiertos en el trabajo. Tengo un buen equipo, pero también suelo enfadarme, eh? No todo es siempre perfecto».
Considera que un equipo satisfecho es algo primordial a la hora de responder a la calidad del trabajo: «Nos dedicamos a fabricar encimeras, frontales para cocinas, escaleras, barandillas, algunos productos para la industria agroalimentaria y un poco de decoración y arte. Nuestra clientela es muy exigente y se requiere un trabajo de calidad. Para garantizar eso hay que poner los medios y tener un equipo que trabaje con confort y lo más a gusto posible y, por supuesto, compensar a los trabajadores cuando se les pide un esfuerzo suplementario. En la política de la empresa está incluida también la participación en beneficios a nivel igualitario, tanto para los cuadros como para los empleados del taller».
El joven empresario reflexionó mucho antes de asentar su proyecto, también en el plano de la propia construcción y de la seguridad. La nave cuenta con un aislamiento muy potente, con placas fotovoltaicas en el tejado y todos los equipamientos de bombonas de gas y conductos para el láser están en el exterior y han sido encaminados por conductos a cada puesto de trabajo. Y en el taller se trabaja con música de fondo.
Entre sus colegas patrones hay quien le toma por «un poco loco» pero también hay quien se interesa por este modelo de funcionamiento, «más fácil –reconoce– con empresas de talla humana como la nuestra». Se pregunta hasta con cuántas personas más podría funcionar así pero, por el momento, se prepara para dar una sorpresa a su equipo en el próximo receso-café. Y es que la revista ‘Capital’ acaba de publicar un reportaje sobre su empresa. «Todavía no lo saben, les voy a dar la sorpresa».

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