
Tras el éxito de la primera edición, Mugak volverá a la capital guipuzcoana entre el 10 de octubre y el 12 de diciembre aunque este año la sede principal se traslada del Palacio Miramar al nuevo Instituto de Arquitectura que alberga el convento de Santa Teresa, situado en plena parte Vieja donostiarra.
La mayor parte de la oferta de este evento que tiene por objetivo crear un espacio de reflexión entre los profesionales y acercar la arquitectura a la ciudadanía se llevará a cabo en esta área de la ciudad ya que habrá actividades también en el Museo San Telmo, la plaza de la Trinidad, el baluarte del Mirador del monte Urgull, Tabakalera y el Kursaal.
Otra de las novedades de esta edición es que la actividad se expandirá a Gasteiz y Bilbo, ha explicado hoy el consejero de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda, Iñaki Arriola, una de las entidades organizadoras de la iniciativa junto con el Ayuntamiento de Donostia, la Diputación de Gipuzkoa, la Escuela de Arquitectura, el Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro, el Museo San Telmo y el Instituto de Arquitectura de Euskadi.
Este último acogerá la muestra sobre la Escuela de Ulm, fundada en 1953 en esa ciudad alemana fruto de una fundación creada en tres años antes por Ingel Scholl y Otl Aicher en memoria de sus hermanos, que fueron degollados por la Gestapo en 1942.
En un principio la escuela fue pensada como un área de pensamiento político pero la llegada de profesores que habían impartido clases en Bauhaus, la escuela que revolucionó el arte europeo hasta que fue cerrada por el gobierno nazi en 1933, condujo al centro al campo del diseño de la mano de uno de sus fundadores Max Bill, ha explicado el director Mugak, Pedro Astigarraga.
Durante sus 13 años de existencia la Escuela de Ulm fue un «referente para la industria alemana» y el propio Steve Jobs reconoció que el diseño de Apple se había inspirado en ella, ha agregado.
La muestra, que se expondrá en la sede del Instituto de Arquitectura y en el Museo San Telmo, es inédita ya que, tras el cierre de la escuela en 1963 por desavenencias entre sus integrantes, el legado se repartió entre Ulm y Francfort y la Bienal vasca ha conseguido reunir gran parte de ellos.
Astigarraga ha destacado el carácter «generalista» de esta exposición que puede atraer a un público curioso por apreciar los diseños que Dieter Rams realizó para múltiples objetos de la vida cotidiana de la firma Braum o los proyectos de Otl Aicher, un artista que hizo trabajos para Lufthansa, los juegos Olímpicos de Munich y que, por su amistad con Norman Foster, firmó la siñalética del Metro de Bilbo.
En total, la Bienal ofrecerá un centenar de actividades, gran parte de ellas concentradas en la semana del 21 al 27 de octubre, entre exposiciones, foros, debates, visitas guiadas y conferencias de expertos entre los que podría haber algún premio Pritzker, considerado el Nobel de la arquitectura, cuyos nombres irán anunciando próximamente, ha señalado Astigarraga.
Al igual que en la primera edición, el evento mantiene su peculiaridad de estrechar la relación con la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Donostia, cuyos alumnos abandonarán el campus durante esa semana central y trasladaran sus clases a la sede de la bienal.

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