Ese era el grito de guerra de nuestro profesor de gimnasia en el instituto cuando tocaba hacer bailes en clase. Tango, chachachá… eran los tiempos de “Dirty Dancing”. «The Time of My Life» pasó sin que hiciésemos carrera musical. Bueno, hablo por mí.
Ahora, imaginaos lo imposible que era pensar entonces que treinta años más tarde estaríamos viviendo una pandemia recluidos en casa. Poneos en el lugar de quienes ahora tienen esos quince años y han pasado a pulso dejar de fumar de un día para otro, no ligar, fantasear, discutir o pituquear con las colegas en semanas, jugar a los solitarios con las hormonas… Puestos en esa, imagino que la música habrá sido la hostia. Ahora se les ve en corrillos en los parques y petriles, en muchos casos con un altavoz y, cómo no, música.
Hemos pasado un tiempo de pausa, y toca darle al play. Nos toca devolver los favores, agradecer el compromiso. Toca apostar por el talento musical. Y hacerlo con experiencias de calidad. No sabemos a cuántas revoluciones irá el aparato, cuántos conciertos podremos dar en este formato de micropagos y «pay per view». Pero no podemos perder un minuto en retomar las cosas valiosas que había antes de la irrupción del bicho.
Una de ellas era nuestra música, nuestras bandas, las que siempre han estado ahí, las que vienen a romper, las que ahora necesitan más apoyo.
Os invitamos a que nos acompañéis, a ellas y a nosotros, en este experimento. A ver qué tal suena. «Eman ‘play’».

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