Beñat ZALDUA
DONOSTIA

El dominio es del PNV, pero EH Bildu le habla de tú a tú en toda la CAV

Un votante deposita su papeleta en la urna. (Aritz LOIOLA / FOKU)
Un votante deposita su papeleta en la urna. (Aritz LOIOLA / FOKU)

Solo hay dos localidades en toda la CAV en las que PNV o EH Bildu no son la primera fuerza. Son Ermua, donde el PSE recupera el liderazgo gracias a la caída de los jeltzales –pierden un 25% de los votos–, y Navaridas, donde es el PP el que se impone gracias de nuevo a la bajada del PNV. En el resto de los 251 municipios son las fuerzas de obediencia vasca las que se imponen. No solo eso, sino que en la inmensa mayoría se reparten el primer y segundo puesto, tal y como se refleja en los mapas que siguen, donde se analiza la posición de cada partido por municipios. El resultado es una fotografía de la implantación geográfica de cada formación.

Respecto a los mapas de hace cuatro años, reina la estabilidad en el PNV, que sigue dominando el panorama con una implantación espectacularmente homogénea; pero sorprende, sobre todo, el cambio en el mapa de la izquierda independentista. EH Bildu crece, y crece de forma bastante pareja en todo el territorio. En Gipuzkoa disputa la hegemonía con el PNV, en Araba pinta cada vez más municipios y en Bizkaia se confirma como segunda fuerza, también en localidades de Ezkerraldea. Podemos y PSE se reparten, a gran distancia, los terceros puestos, a excepción de Araba, donde PP-Cs logran mantener pequeños reductos de influencia pese a la caída generalizada.

 

Una implantación territorial a prueba de fuego, pero con algún foco encendido

La hegemonía del PNV sigue siendo indiscutible. Son primera fuerza en 144 de un total de 251 municipios y en los restantes 107 son segunda fuerza. De Oion a Barakaldo, pasando por Gernika, Zarautz y Abaltzisketa, incluyendo a las tres capitales de la CAV; el dominio de los jeltzales es transversal, va desde pequeños pueblos del interior de Araba hasta toda el área metropolitana de Bilbo. Con todo, esta hegemonía presenta pequeñas grietas, aunque resulte necesario leer la letra pequeña para encontrarlas.

Las más visibles, en comparación con los mapas de 2016, surgen en Gipuzkoa. Si hace cuatro años se imponían en más de 30 municipios del herrialde, ayer lo hicieron en 20, siendo relegados a la segunda fuerza en destacadas plazas como las de Arrasate, Tolosa o la propia Ordizia. Mantienen, sin embargo, importantes victorias en Donostia, –donde le sacan 10.000 votos a EH Bildu–, Eibar e Irun.

Bizkaia, sin mayores sorpresas en la superficie, sigue siendo territorio jeltzale. No hay discusión posible, ganan en el 74% de los municipios y son dueños y señores de la única área metropolitana de este país. Pero puede que en Sabin Etxea no estén tan exultantes como podría pensarse tras un primer vistazo, dado que también han sufrido algún retroceso –no en vano han perdido casi 40.000 votos–. El más evidente, el ya citado de Ermua. Pero en la vecina Zaldibar también pierden el primer puesto en favor de EH Bildu. Serán necesarias más evidencias para poder afirmar la relación de estos números con el desastre del vertedero de Eitzaga, pero lo cierto es que en Eibar, Ermua y Zaldibar, los jeltzales bajan un 16% respecto a 2016.

En el área metropolitana de Bilbo su dominio sigue siendo también indiscutible, aunque pierdan votos; de Getxo a Barakaldo se imponen con notable ventaja, en buena medida gracias al escaso avance del PSE, incapaz de recuperar posiciones. EH Bildu todavía les queda lejos, aunque las distancias vayan acortándose.

En Araba se repite la dinámica, aunque es el herrialde donde menos votos pierden los jeltzales (unos 2.000). En Gasteiz se afianzan como fuerza hegemónica, aprovechando la debacle sin paliativos del PP, donde se hunde hasta la cuarta posición.

En general, el resumen de los resultados para el PNV puede ser que, teniendo un margen tan grande como el que tenía, ha podido dejarse por el camino 50.000 votos sin que eso haya afectado a su hegemonía generalizada. De hecho, la baja participación le ha permitido lograr tres escaños más con unos resultados notablemente más escasos que los de hace cuatro años. Pese al espectacular mapa que dibujan sus resultados, sin embargo, es probable que encuentren razones para la preocupación con la mirada en el medio plazo.

 

La alternativa en Gipuzkoa, pero también en Santurtzi, Getxo y Gasteiz

Hubo quien no entendió el punto de euforia de EH Bildu en la noche electoral, ya que evidentemente, fue el PNV quien ganó. Quizá este mapa aclare algunos malentendidos. Decir que subió 23.000 votos en unos comicios en los que el resto de partidos perdió papeletas debería bastar para explicarlo, pero si no convence pueden mirarse los resultados de la izquierda independentista por municipios para contrastar que los números son espectaculares. Y lo que es más importante para una fuerza que aspira a ser la alternativa en el Parlamento de Gasteiz: el crecimiento es homogéneo en prácticamente todo el territorio en el que ayer hubo urnas. No solo es que en los números totales haya crecido 6,5 puntos porcentuales, es que en plazas más o menos complejas como las de Eibar y Sestao ha crecido 7,5 y 8,5 puntos, respectivamente.

Las capitales siguen siendo, quizá, la principal asignatura pendiente, pero en las elecciones de ayer EH Bildu se posicionó en las tres como segunda fuerza de forma indiscutible. No está mal teniendo en cuenta que en 2016 fue cuarta fuerza tanto en Bilbo como en Gasteiz. De hecho, allí donde no se impone, la izquierda independentista es casi siempre segunda fuerza, exceptuando plazas complicadas como Irun, Ermua, Barakaldo, Sestao, Portugalete o Basauri. Eso sí, en todas ellas ha acortado la distancia que le separa de PNV y PSE. De hecho, en Sestao ha quedado a solo 30 votos del PSE; en Basauri, a 99, y en Ermua, a 229 del PNV. En municipios como Santurtzi, EH Bildu se eleva a la segunda plaza, logrando 8 puntos más. Al otro lado de la ría, aunque la subida es más modesta, la debacle del PP lleva a los de Maddalen Iriarte hasta el segundo puesto en Getxo.

La izquierda soberanista tiene premio allí donde gobierna. Galdakao como ejemplo. En 2016, el PNV logró 6.454 papeletas y un 43,4% del voto, frente a 2.876 apoyos y un 19,3% de EH Bildu. El domingo, los jeltzales obtuvieron 4.979 votos y un 41,1%, y la izquierda independentista 3.652 papeletas y un 30,2%. Las cifras de Arrigorriaga y Durango siguen la misma senda.

En Gipuzkoa, más de lo mismo. Hay premio en municipios como Ordizia –con un valor especial en esta ocasión– y Bergara, donde EH Bildu se hizo con la Alcaldía el año pasado, y ha tenido victorias reseñables en localidades muy significativas como Arrasate, Lasarte, Tolosa y Andoain. También en Eibar, donde se afianza como segunda fuerza, en esta ocasión a solo 405 votos de los jeltzales –hace cuatro años la distancia que los separó fue de 1.325 votos–.

Irun sigue quedando como asignatura pendiente. Es el único municipio guipuzcoano donde cae a la tercera plaza, aunque suma 400 nuevos votos. La distancia respecto al PNV es de 1,3 puntos en Gipuzkoa. Sin embargo, en Irun, los jeltzales aventajan a EH Bildu en 19 puntos y en Donostia, en 12,7. Son los resultados en las dos principales ciudades del herrialde los que impidieron reeditar la victoria de la izquierda soberanista de 2012.

En Araba, el incremento es también generalizado. Además de Gasteiz, donde se afianza en la segunda plaza, dobla los municipios en los que se impone y se sitúa en segunda posición en la mayoría del territorio, logrando una implantación inaudita y crucial para presentarse como alternativa.

 

El efecto Sánchez pasa de largo y el PSE apenas recupera tímidamente algo del territorio perdido

Quizá sea necesario recordar el mapa del PSE en 2016 para poner en valor, siempre relativamente, el de 2020. Hace cuatro años el PSE prácticamente desapareció del mapa. La victoria del PNV, la resiliencia de EH Bildu y la irrupción de Podemos condenaron a los de Idoia Mendia a la cuarta posición en la mayoría de municipios de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. Ahora se resitúan, aunque sea tímida y pálidamente, recuperando terceros puestos. Con todo, es una recuperación agridulce para el PSE, que confiaba en capitalizar el tirón de Sánchez en Madrid y el anunciado descalabro de Elkarrekin Podemos. No ha ocurrido. De hecho, aunque ha recuperado la primera posición en Ermua, la ha perdido en Lasarte, el único municipio en el que ganó hace cuatro años. En Gipuzkoa solo logra el segundo puesto en Irun y queda en tercera posición en tradicionales plazas fuertes como Eibar, Zumarraga y la citada Lasarte, en todas ellas por detrás de PNV y EH Bildu. En Bizkaia recupera segundas posiciones en varias localidades de Ezkerraldea, como Barakaldo y Sestao, pero más por deméritos de Elkarrekin Podemos que por mejoras propias, ya que en todas pierde votos.

Una estrella fugaz que palidece

Irrumpió de forma espectacular. Si bien las victorias previas en las estatales de 2015 y 2016 hicieron elevar las expectativas, la entrada de Podemos en el Parlamento hace cuatro años fue espectacular. De la nada a tercera fuerza, con resultados notables en núcleos urbanos como Ezkerraldea. No hay rastro de aquel fenómeno en el mapa municipal que las elecciones del domingo dejan para Podemos. La imagen puede engañar algo, ya que los de Miren Gorrotxategi se mantienen como tercera fuerza en muchas localidades menores donde la única partida posible la disputan PNV y EH Bildu. Eso hace que el mapa, aunque tímidamente, se siga pintando algo de morado. En los principales caladeros de votos, sin embargo, ese color desaparece. En Bilbo, Barakaldo, Santurtzi y otros núcleos del área metropolitana de la capital vizcaína, por ejemplo, fue segunda fuerza y el domingo no pasó de la cuarta posición. En Gasteiz quedó relegado al quinto puesto, después de perder 11.000 votos. Lo mismo en Donostia, donde también se situó incluso por debajo del PP, pese a perder menos votos. El tortazo electoral de Elkarrekin Podemos, que no logra ser segunda fuerza en un solo municipio de toda la CAV –hace cuatro años lo fue en una veintena–, no tiene paliativos.

 

Vestigios alaveses de un pasado cada día más lejano para el PP

Puede que Carlos Iturgaiz se conforme con ganar a las encuestas, pero lo cierto es que el domingo no llegó ni a la sombra de lo que él mismo fue dos décadas atrás. El varapalo de PP-Cs tiene su reflejo en un mapa en el que antaño se veía mucho más azul, sobre todo en Araba y en las ciudades más grandes. Gasteiz basta para resumir lo ocurrido con el PP. En solo cuatro años ha pasado de lograr 23.339 votos a quedarse en 11.850. Apenas quedan unos vestigios de lo que fue el PP en tierras vascas, en forma de victoria en Navaridas –con un censo de 149 personas– y algunas segundas y terceras posiciones en otras pequeñas localidades alavesas. Al puesto de bronce quedan relegados también en Getxo, habitual plaza fuerte de la derecha unionista, que pierde el puesto en favor de EH Bildu. En Loiu y Laukiz también asoman la cabeza como tercera fuerza, últimos resortes a los que aferrarse para no desaparecer. En Gipuzkoa, simplemente no existen. Solo el goteo en las localidades grandes y medias les permite llegar al 4,7% del voto y lograr un escaño por el herrialde.