
La última ronda negociadora sobre las relaciones económicas y comerciales entre la Unión Europea y Gran Bretaña a partir del 1 de enero de 2021 –cuando entrará en vigor el Brexit– arrancó el lunes en Londres y continúa hoy viernes ante la falta de avances.
«Estamos al final de un maratón (42,2 kilómetros), probablemente más allá del kilómetro 40. Pero queda camino por recorrer», ha señalado Stefaan de Rynck, consejero del negociador europeo, Michel Barnier.
«No puedo garantizar que llegaremos a la linea de meta con un acuerdo», reconoció ayer en un debate organizado por el European Policy Centre (EPC).
Aunque las dos partes se muestran «determinadas a lograr» un compromiso, siguen sin avanzar en los mismos tres puntos: el acceso europeo a los caladeros de pesca británicos, las garantías en materia de competencia que Bruselas reclama a Londres y, finalmente, la manera de arreglar los diferendos en un futuro acuerdo.
Pero el calendario aprieta: la ruptura definitiva entre la isla y «el resto de» el continente tendrá lugar el 31 de diciembre, fecha desde la que los británicos, que oficialmente abandonaron la UE el 31 de enero, dejarán de aplicar las normas europeas.
Pero para que un eventual acuerdo pueda ser ratificado a tiempo por los parlamentos británico y europeo, las negociaciones deberían concluir estos días.
«A escasos milímetros»
«La balanza puede caer de un lado u otro en cualquier momento», ha señalado una fuente europea.
«Estamos realmente al final del curso, pero hay todavía diferencias palpables», reconoce una fuente británica.
Todo apunta a que la cuestión pesquera –la UE aboga por permisos plurianuales, mientras Londres exige negociarlos cada ejercicio anual– puede acabar en un compromiso.
Más enjundia tienen las garantías que exige la UE para que Gran Bretaña no le haga competencia desleal reduciendo las regulaciones de seguridad y medioambientales a sus productos actualmente en vigor. Y la cuestión de qué tribunal dirime las diferencias de criterio entre Gran Bretaña y Europa.
Un alto diplomático europeo asegura que la UE no puede ceder gran cosa a los británicos, porque está a unos pocos milímetros de sus lineas rojas (…) Necesitamos un movimiento por parte de Londres para llegar a un acuerdo», añade.
Fuentes de Bruselas aseguran que Michel Barnier podría hacer consultas a primera tarde de hoy con los Estados miembros, pero el encuentro no ha sido confirmado.
Sin acuerdo para regir su relación, las dos partes se someterían a las reglas de la Organización Mundial del Comercio, sinónimos de derechos de aduanas y tasas arancelarias. Con el riesgo de un impacto económico que se sumaría al de la pandemia, sobre todo en Gran Bretaña, aunque con afección, desigual, en todos los países de la UE.
Diferencias en el seno de la UE
A falta de compromiso, el Brexit podría centrar la cumbre europea del 10-11 de diciembre en Bruselas, justo cuando asoman diferencias entre los Veintisiete.
Según fuentes europeas, Alemania, que ocupa la presidencia de turno de la UE, y la Comisión Europea, abogan por un acuerdo «a cualquier precio».
Pero algunos países miembros, sobre todo los más afectados por un eventual acuerdo de pesca (Estado francés, Dinamarca, Países Bajos o Bélgica) aseguran preferir un «no deal» a un «mal acuerdo».
París no va a aceptar un acuerdo «con condiciones inaceptables» y se niega a que «se sacrifique la pesca a cambio de otros temas», advirtió ayer jueves el primer ministro francés, Jean Castex, ante representantes del sector en Boulogne-sur-Mer (norte).
Ante el riesgo de division, el jefe de la diplomacia irlandesa, Simon Coveney, ha apelado a sus socios a «mantener la sangre fría» e insiste en que un acuerdo es posible «en los próximos días».
No pocos analistas aseguran que la derrota electoral de Donald Trump en EEUU habría reducido el margen de maniobra del primer ministro británico, Boris Johnson, forzándole a negociar a la baja.
Sin embargo, su Gobierno amaga con volver a presentar la semana que viene ante la Cámara de los Comunes el proyecto de ley que derogaba algunas cláusulas del Acuerdo de Retirada, y cuya tramitación fue congelada en la Cámara de los Lores.
Dicha modificación legal da marcha atrás en el compromiso de Londres de evitar una frontera entre el norte y el sur de Irlanda, verdadera línea roja tanto para la UE como para el proceso de paz irlandés.
Si Johnson hace efectiva esa amenaza, el gesto sería interpretado como un desafío total por parte de la UE.

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