
Con la publicación de ‘Yo, mentiroso’ (Norma Editorial), el dúo formado por el escritor Alfonso Altarriba y el ilustrador keko Godoy culmira la ‘Trilogía Egoísta’ que ambos creadores iniciaron con ‘Yo, asesino’ (2014) y que continuó con ‘Yo, loco’ (2018).
En su declaración de intenciones, Altarriba advirtió que «es una trilogía en clave de thriller enraizado en la crítica social».
La primera entrega estuvo protagonizada por un catedrático de arte de la UPV/EHU de Gasteiz que progresivamente nos mostró su inquietante trastienda sicológica, un personaje al que el propio Altarriba prestó sus rasgos físicos y que el autor definió como «un asesino en serie que encarna el mal absoluto. Es una forma de situar el mal dentro del ser humano, en la que nosotros quedamos al margen: es un transtornado, no es uno de los nuestros. Esa visión consoladora me parecía echar balones fuera, como si fuera algo con lo que la gente común no tuviéramos nada que ver».
En su segunda obra, ‘Yo, loco’ el protagonista asume los rasgos físicos de Antonin Artaud y lo involucra en una historia, nuevamente escenificada en Gasteiz, relacionada con las prácticas ilícitas de las farmacéuticas.
En palabras del escritor, «pensamos que las grandes corporaciones cada vez tienen más poder y su funcionamiento es más opaco. Toman sus decisiones más en función de los beneficios que de los intereses de la gente. Desde la industria automovilística, que truca las emisiones del CO2, a las prácticas ilegales de los bancos. O el aviso, por parte de Naciones Unidas, del riesgo que suponía que algunas multinacionales se estuvieran haciendo con el monopolio de las semillas y lo que puede significar eso para la agricultura y la alimentación».
Corrupción en tono verde
En la conclusión de la ‘Trilogía Egoísta’, Altarriba y Keko Godoy han vuelto a sumar sus esfuerzos para, según revelan sus autores, elaborar un «fresco contemporáneo» de la realidad del Estado español.
La trama de este thriller de ribetes políticos arranca con la aparición de las cabezas cortadas de tres concejales implicados en una trama corrupta. ‘Yo, mentiroso’ está plagado de rostros que apenas disimulan identidades de figuras de la política y de los medios de comunicación.
La historia está protagonizada por Adrián Cuadrado, asesor encargado de la imagen y los discursos del partido en el poder (el PDP), que debe contener el escándalo que se avecina por el crimen de los ediles.
Con estos mimbres se construye una ‘ficción-autopsia’ que toma ingredientes de la política estatal entre 2016 y 2018. Según Altarriba, «no nos podíamos dejar en el tintero en este fresco de la contemporaneidad al mundo de la política y los medios, porque esa es la salsa en la que nos cocemos todos los días, y que determina nuestra forma de pensar» y subraya que «el porcentaje de realidad de lo que se cuenta, en especial en torno a la corrupción, es muy elevado».
También se han permitido un divertimento con los lectores al modificar apenas los nombres de los protagonistas y situaciones del panorama político estatal: Raimundo Godoy, Federico Grillo, Pedro Sanchís, el inspector Corralejo y el Caso Cárdenas, entre otros.
Si en ‘Yo, asesino’ el blanco y negro incluía como color añadido el rojo –en alusión a la sangre– y en ‘Yo, loco’ fue el turno del amarillo –porque simboliza la locura–, en ‘Yo, mentiroso’ el color que asoma es el verde porque, según recordó Keko Godoy, «el verde también tiene connotaciones negativas y porque también contrasta muy bien con el negro».

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