Cuando los bancos aprietan y ahogan
Llegan los nuevos tiempos para los bancos... y se alargan los malos tiempos para los clientes con menor poder adquisitivo o en situación de vulnerabilidad. Ahora blanden el látigo de las comisiones para golpear a las personas más desfavorecidas. Han encontrado la palabra mágica: vinculación.

Debes dejarlo todo bajo su control para que no te asen con comisiones por mantenimiento, administración, transferencias y otras operaciones comunes. Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Muy fácil. Nos vemos obligados a pasar por una entidad financiera para hacer prácticamente todo: cobrar, pagar, transferir dinero... Muy atrás quedó ya el pago de recibos a puerta de casa o en una oficina de las empresas suministradoras de servicios. Nos privaron de esa opción, y ahora toda nuestra relación con el dinero está dominada por las entidades financieras.
Y al correr del tiempo, lo que parecía una buena idea, por la comodidad para el cliente y beneficio para el banco, se ha convertido en una trampa, siempre más penosa para el desprotegido o pensionista, que ve cómo, además de vivir apretado, está a punto de ahogarse en el mar de las comisiones.
Este viaje sin retorno nos lleva a una ventanilla de banco, donde tendremos que gestionar esta relación impuesta por los llamados nuevos tiempos. Dentro de poco, ni eso, puesto que también se ha empezado a cobrar comisiones por realizar operaciones en la oficina. Y aquí surge el gran problema: la carrera al alza de las comisiones bancarias, dizque destinadas a salvar las cuentas de los bancos por la escasa o nula rentabilidad que obtienen en otras áreas de negocio.
Además, algunas entidades empezarán pronto a cobrar por mantener los depósitos de clientes minoristas, como ya hacen con las grandes empresas y los institucionales. Por el momento, en su diana solo están los clientes particulares con saldos importantes que no hacen movimientos o no cumplen los nuevos requisitos. Se espera que todos los bancos den el paso en los próximos meses.
¿Qué se puede hacer? La primera opción, que siempre te darán para ganarte como cliente, es poner todos los huevos en la misma cesta. Es decir, vincularte al banco ofreciendo todo aquello que puedas y te pidan (ingreso mínimo mensual, recibos y contratación de otros productos).
Bien es cierto que suele ser suficiente una nómina o pensión de 600 euros y domiciliar un número concreto de recibos para evitar algunas comisiones. No obstante, cada entidad propone sus propias exigencias, y es recomendable conocerlas muy bien antes de contratar la cuenta.
Cuenta de pago básica, una alternativa. Pero puede ocurrir, y así es en muchos casos, que no se esté en condiciones de acceder a una cuenta gratuita por incumplir los requisitos de vinculación. Para cubrir este vacío está la cuenta de pago básica, que tiene un coste máximo de 3 euros al mes, pero es gratis para los clientes en situación de vulnerabilidad o riesgo de exclusión financiera. El cliente no puede tener abierta otra cuenta y no puede ser utilizada para actividades profesionales o comerciales.
Esta cuenta permite, al menos, depositar dinero, domiciliar recibos y hacer transferencias con un máximo de 120 operaciones al año, así como disponer de una tarjeta de débito. Pueden solicitarla las personas físicas que vivan en la UE, las solicitantes de asilo o aquellas que, sin tener permiso de residencia, no puedan ser expulsadas.
¿Cuándo es gratis? No lo ponen fácil, pero siempre puede ser una vía interesante si se demuestra la situación de vulnerabilidad económica o riesgo de exclusión financiera. Así se entiende si los ingresos brutos de una persona no integrada en una unidad familiar no superan los 13.557,60 euros –2 veces el IPREM (Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples) de 2021–. Para una unidad de menos de cuatro miembros, los ingresos no deben pasar de 16.947 euros (2,5 veces el IPREM). A partir de cuatro miembros, la cantidad se eleva hasta los 20.336,40 euros. También podrán acceder a la cuenta de pago básica si los ingresos no superan tres veces el IPREM unidades familiares que tengan en su seno a una persona con grado de discapacidad igual o superior al 33%.
Los requisitos no terminan ahí: ninguno de los miembros de la unidad familiar puede tener más propiedad inmobiliaria que su vivienda habitual, ni formar parte de una sociedad mercantil.
¿Qué hay que hacer si interesa? Este es otro de los obstáculos a saltar para llegar a la meta de no pagar comisiones. Para acreditar la situación económica y de convivencia, hay que aportar a la entidad financiera mucha documentación: justificación del número de personas de la unidad familiar con libro de familia o informe del ayuntamiento, certificaciones de los ingresos por parte de los pagadores, según su procedencia, y últimas nóminas. Además, el banco podrá pedir permiso para comprobar telemáticamente la documentación entregada y la falta de titularidad en inmuebles distintos al domicilio y sociedades. En un plazo máximo de 30 días deberá responder por carta si concede la gratuidad.
En todo caso, siempre quedará la posibilidad de contar con la cuenta básica de pago por 36 euros al año, no más, para resolver todos los trámites bancarios habituales de personas con pocos recursos o de pensionistas con bajos ingresos.

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