El campo de concentración de Auschwitz-Birkenau se ha convertido en un símbolo trágico del holocausto y los crímenes nazis de la Segunda Guerra Mundial. Más de un millón de hombres, mujeres y niños murieron en las cámaras de gas, en lugares de ejecución y en experimentos médicos inhumanos.
Los primeros prisioneros llegaron a principios de 1940, pero incluso cuatro años después de que el horror se desatara en las entrañas del campo, el mundo no tenía ni idea de aquellas atrocidades que se cometían a diario.
En abril de 1944, dos judíos eslovacos –Alfred Wetzler y Walter Rosenberg; este último más tarde cambió su nombre a Rudolf Vrba– consiguieron escapar de este campo de exterminio. No solo salvaron sus vidas, sino que se emplearon a fondo en revelar lo que estaba ocurriendo para, de esta manera, salvar la vida de 120.000 personas.
La ruta de los dos protagonistas no resultó fácil. Tras eludir la persecución de las tropas alemanas, redactaron un informe de 32 páginas en el que detallaron la geografía y la administración de los campos, desglosaron los vehículos que habían llegado a Auschwitz desde 1942, su procedencia y los números que identificaron a quienes fueron elegidos para trabajar en las cámaras de gas. No obstante, al informe aún le quedó un largo camino por recorrer antes de llegar a manos de los aliados.
Nadie daba crédito a lo redactado. Era demasiado terrible para ser cierto. El informe se tradujo a numerosos idiomas y poco a poco logró convencer a políticos y miitares.
El primer paso que se consiguió mediante este informe fue que Hungría se negase a continuar con los traslados de prisioneros a Auschwitz. Este trágico periplo ha sido filmado por el prestigioso cineasta eslovaco Peter Bebjak.
Mirada al pasado arraigada en el presente
Peter Bebjak es uno de los directores más reconocidos de Eslovaquia. Dos de sus películas –‘The Line’ (2017) y ‘El Informe Auschwitz’ (2020)– han alcanzado gran impacto internacional y han sido seleccionadas para representar al país en los Óscar como Mejor Película Internacional. La primera de ellas, su mayor éxito hasta el momento, recibió además el premio al Mejor Director en el Festival de Cine de Karlovy Vary.
Su miniserie de crímenes titulada ‘Justice’ (2017) ganó un León Checo y los derechos de la serie fueron comprados por la productora Pearl Street Films, propiedad de Matt Damon y Ben Affleck.
En 2020, Bebjak estrenó la miniserie ‘The Actor’, que fue nominada al Prix Europa a la mejor ficción televisiva. Su debut cinematográfico vino con ‘Apricot Island’, que ganó el Gran Premio del Festival Internacional de Rouen en el Estado francés. Sus siguientes películas fueron ‘Evil’ y ‘The Cleaner’ (2015) y posteriormente ‘Justice’ (2017), ‘The Line’ (2017), ‘The Christmas Wish’ (2018), ‘The Actor’ (2020), ‘The Rift’ (2019) y ‘El Informe Auschwitz’ (2020).
A todo ello se suma que Bebjak siempre ha criticado duramente el ascenso de la ultraderecha en su país, unas opiniones que le han generado múltiples conflictos.
A la hora de dar cierto sentido actual a lo que ha plasmado en ‘El Informe Auschwitz’, Bebjak recuerda que «hace unos años, la situación sociopolítica en Eslovaquia llevó a las fuerzas más extremistas de la derecha al Parlamento. Por desgracia, esto no sucede únicamente en Eslovaquia. En toda Europa, cada vez más gente está apoyando los partidos con tendencias fascistas. Los extremistas y sus simpatizantes están ganando terreno progresivamente. Quedarse callado en una época en la que se están atacando los derechos humanos es como apoyar a los que atacan».
En su exposición, el cineasta también recuerda que «la parte positiva de esta historia es el heroísmo de las personas que fueron vendidas por su propio país porque querían deshacerse de ellas. La fuga de Wetzler y Vrba no solo fue un intento de salvar sus propias vidas, sino una misión para intentar exponer los planes que se llevaban a cabo en Auschwitz y que ayudó a salvar las vidas de 120.000 judíos húngaros que de otra manera habrían sido enviados a la muerte».
La dificultad de plasmar el horror
En el rodaje participaron actores de Alemania, Polonia, Eslovaquia, República Checa e incluso Gran Bretaña. Para Bebjak dicha opción le permitió «pintar un cuadro auténtico de la vida en Auschwitz, que era como una torre de Babel de diferentes idiomas y etnias. Además de todas las personas de las nacionalidades que has mencionado, también había prisioneros griegos, daneses, franceses, italianos, noruegos, belgas, yugoslavos...».
A la hora de destacar las secuencias mas impactantes del filme, su director señala que «para mí las escenas en el campo de concentración son las más dolorosas. Era perfectamente consciente del sufrimiento que los prisioneros de Auschwitz tuvieron que soportar. La muerte era una presencia absolutamente imborrable en sus vidas. Con un minuto que saliera el sol, ellos se sentían aunque fuera muy brevemente como personas normales. Pero después las nubes negras regresaban. El holocausto, un típico día en un campo de concentración, esconderse de los guardas... todo eso está representado en la película, mostrando el sufrimiento de los prisioneros pero también su coraje y su humanidad».
Bebjak también reconoce que trasladar a la gran pantalla todas esas emociones resulta una tarea imposible: «Nunca seremos capaces de capturar verdaderamente todo el dolor, el miedo y la angustia. Solamente podemos intentarlo. Pero lo más importante es que tenemos clara la imagen de lo que queremos conseguir, ya que no podemos permitirnos que se repitan de nuevo los mismos errores».
Finalmente, y en relación al temor que le causa el auge de la extrema derecha, sentencia que «en Eslovaquia, estas tendencias han sido especialmente palpables cuando un partido de extrema derecha ganó un nada despreciable número de votos en el Parlamento. ¿Cómo es posible que el mundo aún no haya acabado con el fascismo y el extremismo 75 años después del final de la Segunda Guerra Mundial? La frustración, el miedo, la incertidumbre... todo esto crea una tierra fértil para el extremismo. Vivimos en una época de paz, especialmente si la comparamos con el siglo XX, y parece que hemos olvidado qué es lo que se siente cuando a diario se teme por nuestras vidas o por las vidas de nuestros seres queridos; lo que se siente al tener que esconder nuestra raza, nuestras creencias religiosas o nuestra orientación sexual. Hemos olvidado lo que significa ser perseguido y, por ese motivo, necesitamos mirar atrás, a los errores pasados de la humanidad».

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