
Luis García Berlanga se consideró a sí mismo un ‘anarquista aburguesado’ que encontró en el objetivo de la cámara su mejor manera de captar una realidad que nació en blanco y negro y que derivó en secuencias de color en las que quedaron atrapadas para siempre secuencias corales que comparten diálogos apresurados pero siempre entendibles.
Orquestó, en definitiva, un genial disparate fílmico a través del cual radiografió como pocos el Estado español del franquismo y la llamada ‘Transición’.
Coincidiendo con el centenario del cineasta aragonés, Miguel Ángel Villena ha publicado ‘Luis García Berlanga, vida y cine de un creador irreverente’ (Editorial Tusquest), una obra que recorre la obra y trastienda de un autor que ha legado para la posteridad obras maestras como ‘Bienvenido, Mr. Marshall’, ‘El verdugo’, ‘Calabuch’ o ‘La escopeta nacional’.
En relación a la vigencia del discurso berlanguiano, Villena afirmó que «ese Estado español caricaturizado que él filmó sigue existiendo, Berlanga hoy haría una película sobre las vacunas y la gente que se ha colado: obispos, alcaldes, mandos militares... podría ser como ‘La escopeta nacional’ tranquilamente. Berlanga no ha envejecido y ver su cine es fundamental para cualquiera que quiera entender el Estado español del siglo XX. Además, en un país tan cainita, ha tenido éxito en públicos muy distintos; él siempre decía que debía de estar en el punto medio porque los de derechas pensaban que era un rojo peligroso y los de izquierdas que un conservador y un burgués».
Siguiendo con las influencias de Berlanga, el cineasta vasco Borja Cobeaga reveló a NAIZ que «Berlanga es la mayor influencia que hay en la comedia que se realiza en el cine del Estado español pero la que menos se ha seguido por que lo que él rodaba era tremendamente complicado. Recuerdo una noche de insomnio en la que vi una de sus películas, ‘Tamaño natural’. En esa película hay una serie de personajes que, colocados al fondo de la escena, están desarrollando una trama paralela y que no tiene nada que ver con la principal. Eso requiere de una maestría increíble. Salvando mucho las distancias, en mi película ‘No controles’ también hubo cabida para esa concepción que tenía Berlanga del cine coral».
‘Bienvenido, mister Marshall’, un rodaje infernal
En ‘Berlanga. Vida y cine de un creador irreverente’ Villena dedica un capítulo especial a todo lo que conllevó ‘Bienvendo, Mr. Marshall’ y revela cómo un joven Berlanga tuvo problemas para controlar a parte del equipo y además vio cómo el tándem laboral con su amigo Juan Antonio Bardem se quebraría para siempre.
Antes de que el show catódico ‘Gran Hermano’ irrumpiera en nuestros televisores, Guadalix de la Sierra fue elegido por Berlanga en el año 1952 para reconvertirlo en el pueblo madrileño que aspiraba a ser un trasunto de una localidad andaluza, que esperaba con ilusión la llegada de una comitiva norteamericana.
Este encargo, recibido por Berlanga para servir de lanzamiento a una cantante folclórica (Lola Sevilla), terminó por convertirse en un alegato sobre la hegemonía de Estados Unidos.
Rodeado de amigos –Juan Antonio Bardem y Miguel Mihura en el guion, Ricardo Muñoz Suay como ayudante de dirección–, Berlanga inició un rodaje del que terminó por aprender muchísimo y del que, años después, renegaría.
Tal y como cuenta Villena, una de las cosas que más le marcó fueron «las burlas e incluso el desprecio» de buena parte del equipo, con el actor Pepe Isbert a la cabeza. De hecho, Isbert encabezó una rebelión junto con el director de fotografía Manuel Berenguer, con el que Berlanga mantuvo enfrentamientos que estuvieron a punto de llegar a las manos.
Villena cuenta una anécdota de «venganza» del propio Berenguer hacia el director, después de que este impusiera su criterio en una complicada escena con un paracaídas y un tractor. Según el biógrafo «como venganza, el director de fotografía permitió que el realizador se explayara en detallar la escena que parodiaba un salón del Oeste, hasta que Berenguer le hizo observar que necesitaba trajes de vaquero también para los técnicos, porque se reflejaban en un gran espejo».
Para el biógrafo, se trataba de «pulsos entre veteranos del cine de colmillo retorcido y directores novatos con mucha teoría y poca práctica». Sin embargo, en el caso de Isbert, este «horror» cambió posteriormente a mutua admiración y Berlanga volvió a trabajar con el actor en otras películas como ‘Calabuch’ o ‘El verdugo’.
«En ‘Bienvenido, Mr. Marshall’, salvo un par de actores, como Elvira Quintillá, el resto que eran muy curtidos en la profesión veían que Berlanga era el típico novato, el espabiladillo que ha ido a una escuela de cine y que no tiene experiencia y por eso tuvo que soportar cierta rebelión. El propio Isbert se arrepintió de esto en sus memorias», explico el autor.
El anarquista aburguesado y el comunista tradicional
El rodaje de ‘Bienvenido, Mr. Marshall’ también supuso el adiós a la colaboración con su amigo Juan Antonio Bardem, a quien conoció en la Escuela de Cine de Madrid y con quien había iniciado su carrera cinematográfica con ‘Esa pareja feliz’.
Los celos profesionales entre ambos llevaron a la ruptura del ‘anarquista burgués’, como se gustaba definir el propio Berlanga, y el ‘comunista tradicional’ de Bardem. Villena apunta en el libro a un «despecho de Bardem por su salida de la productora que tenía conjuntamente a Berlanga y Muñoz Suay y su posterior orillamiento en el proyecto. En principio, iba a codirigir la película, pero se convirtió en un simple asalariado. Nadie del grupo pudo tolerar esa deserción: le pagaron una mierda y se quedó fuera del proyecto».
No fueron los únicos disgustos que le costaron a Berlanga por sacar adelante esta película. Por supuesto, la sombra de la censura también estuvo planeando en todo el proyecto e incluso a la cinta le fue denegada la calificación de ‘película de interés nacional’.
Sobre este episodio, el biógrafo recordó que «Berlanga tuvo muchos choques con la censura y especialmente con la Iglesia católica y la censura moral. Se llegó a decir que la censura en el cine se había inventado para Berlanga y Bardem. Demostró mucha habilidad para sortearla, pero también es verdad que la gente que trabajaba en la censura durante la dictadura, muchos de ellos, eran bastante ignorantes y cortos».
Además, los propios autores ejercieron su particular autocensura. «Contrariamente a algunas versiones, una secuencia del guion en que la maestra de ‘Bienvenido’ sueña que es violada por un equipo de fútbol americano no sufrió la censura porque Berlanga y sus colaboradores se dieron cuenta de la barbaridad de semejante escena y decidieron suprimir esa secuencia en el rodaje», recordó Villena.
Tampoco en Cannes faltaron incidentes colaterales muy berlanguianos, como la detención del director valenciano tras unas denuncias por falsificación de monedas. La productora decidió a modo de promoción imprimir billetes con la cara de algunos actores del reparto.

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