Aritz Intxusta
Redactor de actualidad

La vacuna del príncipe indio

Pese a su posible vinculación con trombos poco frecuentes, la vacuna de AstraZeneca sigue siendo la principal baza con la que cuenta la OMS para contener el avance de la epidemia. No solo funciona, sino que es la que escogió el magnate indio Adar Poonawalla.

Adar Poonawalla, cuidando de uno de sus caballos de carreras.
Adar Poonawalla, cuidando de uno de sus caballos de carreras. (@adarpoonawalla)

Alison Astles es profesora de Farmacia en la Universidad de Huddersfield, una ciudad más pequeña que Iruñea que no cae lejos de Manchester. Su hermano Neil, de 59 años, ha muerto por un trombo que parece provocado por la vacuna de AstraZeneca. Alison tuvo ayer la valentía de salir en el “Telegraph” y la “BBC” para pedir que la gente se siga vacunando con esta marca, porque el riesgo-beneficio de AstraZeneca merece la pena y porque esta vacuna hace mucha falta.

El preparado de AstraZeneca, se quiera o no, constituye uno de los pilares para salir de la epidemia. No solo es una de las pocas vacunas válidas, sino que es muy barata, fácil de fabricar y cómoda de transportar. De ninguna manera se va a vacunar en países tropicales con productos que viajan a -80 grados. Y la batalla es global.

Además de esto, no se puede entender el papel de la vacuna de AstraZeneca sin hablar de Adar Poonawalla, el ‘Príncipe de las Vacunas’. Poonawalla es el CEO del Serum Institute of India (SII), el mayor productor de vacunas del mundo y que ha hecho del producto de AstraZeneca una apuesta personal.

Caballos viejos y serpientes

Poonawalla es un multimillonario que tiene su propio avión Airbus 320 customizado, al que llama su AirForceOne, y a uno de sus hijos le regaló un deportivo Mercedes personalizado como un batmóvil. Es rico hasta ese extremo. Suele aparecer en fotografías junto a hermosos caballos de carreras, pues su historia y, por extensión, la historia de cómo se superará la crisis del coronavirus, comienza con caballos viejos.

El abuelo de Adar, Soli, criaba caballos de carreras que, cuando terminaban su vida útil, eran vendidos a un instituto médico que los usaba para fabricar suero equino, un fármaco que sirve como antídoto para venenos de serpiente o el tétanos. Soli acabó entrando también en ese negocio y su hijo siguió por esa senda. La creación del SII es obra de Cyrus, el padre de Adar, en 1966.

A día de hoy, dos de cada tres niños del mundo se vacunan con sueros elaborados por el SII, que son distribuidos por todo el planeta (llegan a 170 de los 192 países que existen). Serum Institute of India tiene un punto filantrópico y se centra en producir a bajo coste para países pobres. No es una gran farmacéutica al uso occidental. No cotiza en Bolsa, pertenece a los Poonawalla.  

Adar cuenta que su conversación con Pascal Soirot, el máximo ejecutivo de AstraZeneca, duró cinco minutos. Ambos acordaron que el Serum Institute podría fabricar la vacuna de AstraZeneca bajo una denominación distinta, Covishield, y que esta podría ser distribuida a un precio inferior en países de renta baja, mientras AstraZeneca hacía caja con los ricos.

El 16 de enero, coincidiendo con su 40 cumpleaños, el ‘Príncipe de las Vacunas’ subió un vídeo a su cuenta de Twitter en el que se le ve recibir el pinchazo de Covishield. A partir de ahí, la maquinaria del Serum se ha convertido en la gran esperanza del programa Covax, con el que la OMS está inmunizando a los países desfavorecidos.

Ayer mismo, mientras Israel continuaba con su vacunación con Pfizer y Moderna, los palestinos de Hebrón acudían a un centro escolar a vacunarse con Covishield.

La capacidad de producción de Covishield que tiene el SII hoy es de 100 millones de dosis mensuales (alcanzan para vacunar al 106% de la población del Estado español). Y su ambición es ampliarla, pues no da abasto con sus compromisos de exportaciones.

Los efectos adversos de la vacuna de AstraZeneca son dramáticos, como bien sabe Astles, pero son extremadamente raros y funciona. Además, es la vacuna que se inyectó el ‘Príncipe’ y, ya solo por eso, sigue siendo la más importante de todas. Hasta que no haya alternativa, preocuparse por trombos muy infrecuentes es un lujo de ricos.