
Osakidetza ha registrado en las últimas 48 horas 1.943 nuevos contagios de coronavirus, la cifra más alta en ese espacio de tiempo en más de dos meses. La incidencia acumulada en la CAV es de 450 casos por cien mil habitantes, por los 292 de hace dos semanas, en el inicio de las vacaciones de Semana Santa. Y el número reproductivo básico Rt estaba ayer en 1,16, por encima del que había ese 31 de marzo.
Estos son algunos datos que reflejan la tendencia que mantiene la situación epidemiológica, que no solo no ha mejorado cuando ya lleva más de un mes con los contagios al alza, sino que cada día sigue empeorando.
En los hospitales no están mejor, con 570 pacientes de covid, frente a los 357 con los que comenzó el mes de abril, cuando la media de nuevos ingresos era de 46 al día, por los 79 de ahora.
Pese a ello, igual que el martes, Iñigo Urkullu descartó ayer convocar el LABI político para modificar las medidas contra la expansión del virus. Lo hizo por recomendación del LABI técnico, que volvió a reunirse –la cita no era el día 22, como publicamos por error en estas páginas tras haberse anunciado así en un primer momento– para analizar la evolución pandémica.
Y la evolución, en los dos días transcurridos desde la anterior reunión, es la que muestran esos casi dos millares de nuevos contagios, con una tasa de positividad que ayer era del 8,7%. Dado que la decisión de ayer fue la misma que el martes, cabe preguntarse qué debería haber ocurrido en estos días para que se hubiera decidido modificar las medidas. Y si no pensaban hacerlo, qué sentido tenía convocar otra reunión en 48 horas.
Diez días más, después de tres semanas
En su informe, hecho público tras el encuentro, la comisión técnica recomienda mantener las actuales medidas, reforzando con mayor intensidad su comunicación y la importancia de su cumplimiento. Y considera que al menos durante los próximos diez días es necesario seguir monitorizando los datos para valorar el alcance de la actual tendencia ascendente y el efecto de las medidas en vigor, aunque ya han pasado tres semanas desde que se adoptaron.
Los integrantes del LABI técnico admiten que la situación es «grave y preocupante», y que no se puede plantear en este momento ninguna relajación, pero apostillan que las medidas actuales «no son estáticas», sino que «su rigor se incrementa en la medida en que la situación empeora, allá donde empeora». Añaden que esas restricciones «son de una intensa severidad».
Estas palabras implican que cualquier cambio está destinado a endurecer las restricciones, cuando no es así necesariamente. Las medidas podrían modificarse sin ser en conjunto más restrictivas; por ejemplo, actuando sobre los interiores hosteleros y no sobre los horarios.
El LABI técnico también pone en valor que se esté logrando que el pico de cada ola sea más bajo que los anteriores, un dato que, sostiene, es relevante porque significa que su estrategia tiene «efectos positivos».
Pero aunque fuera así, y eso es algo que está por ver, ya que la afección sigue creciendo, con esa afirmación parece conformarse con que esta ola toque techo con una incidencia menor que en las anteriores, cuando el objetivo no debería ser sufrir menos contagios que en aquellas, sino sufrir el menor número posible de contagios –y de hospitalizaciones y muertes–. Sin compararlo con nada.

La Audiencia Nacional ordena el ingreso en prisión de Arantza Zulueta y Jon Enparantza

La adicción a la pregabalina no para de crecer en los márgenes

Expectación tras hallarse un planeta similar en tamaño y órbita a la Tierra

Dos años de prisión para el jefe de operaciones de la Ertzaintza en Durango por corrupción




