El fenómeno Ayuso se consagra en Madrid y el «cinturón rojo» da la espalda a la izquierda
El PP supera hasta a las encuestas más optimistas y aumenta más que dobla sus escaños. Los datos de los barrios y los municipios más obreros y de sectores populares encienden una alarma para las fuerzas progresistas. Casado no tarda en intentar capitalizar el triunfo.

La presidenta de la comunidad autónoma de Madrid y candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, no debe recordar otro día de mayor gloria. Es difícil encontrar en la historia electoral del Estado que una formación que esté gobernando aumente más de 110% su poder parlamentario. Así es el fenómeno social que hoy impera en esta región.
El PP tenía 30 escaños y ha llegado a 65. Se ha devorado y deglutido a Ciudadanos, que de ser tercera fuerza parlamentaria pasa al olvido y desaparece de la Asamblea de Madrid. También ha carcomido un poco a la ultraderecha: hace unos meses Vox tenía alrededor del 14% de intención de voto. Este atípico 4M obtuvo 9% y apenas un escaño más.
Indirectamente proporcional a la alegría que tiene hoy la elegida por Pablo Casado, casi como un experimento, es la tristeza que deben tener -y si no, deberían tenerla- las formaciones de izquierda. Todas. La radiografía electoral exige una autocrítica fuerte y urgente.
¿Por qué? Porque han apelado a la movilización de los sectores bajos y medios con un llamado a defender la democracia, planteando una dicotomía con un presunto «fascismo» emergente. A esa interpelación el electorado ha respondido: no les creemos y aquí no viene el fascismo.
Guste o no, parezca inverosímil o no, el madrileño promedio no cree que Vox represente un peligro sustancial y en algo tiene razón: Vox no es Trump y Madrid no es Murcia. Aquí no ha logrado pasar de la periferia (no obtuvo ni dos dígitos) y tal vez sobredimensionarlo ha sido un búmeran.
Con el escrutinio cerrado, los datos son estremecedores para el progresismo: en el Ayuntamiento de Madrid los tres partidos de derecha superan por 14 puntos a los de izquierda, a contramano de lo que suele ocurrir en todas las grandes urbes de Europa occidental.
Hay peores noticias: en las grandes ciudades del «cinturón rojo» la izquierda supera por poco a la derecha. Medido en bloques, en el segundo ayuntamiento más poblado de la CAM, que es Fuenlabrada, la diferencia entre ambos es 1% en favor de la izquierda. Pero para transformar la tendencia regional, PSOE, Unidas Podemos y Más Madrid tenían que haber obtenido un resultado arrasador allí. Pues no lo lograron y tampoco en Getafe, Leganés ni Alcorcón. Municipios muy densamente poblados y que, vaya paradoja, gobiernan en coalición socialistas y morados.
Hay más sorpresas: medido en bloques, en los distritos más obreros de la capital del Estado, como Puente de Vallecas, la derecha está ganando y la barrida de Ayuso al resto es de dimensiones monumentales. Parece que el obrero no ha creído en la apelación a luchar contra el fascismo sino a su propia subsistencia, algo que, equivocado o no, ha sentido más identificado con Ayuso. Importante remarcar: Ayuso. No el PP.
Su estilo cañí, que a veces pretende simular ser poligonera y otras libertaria, ha calado hondo y con éxito. También ha ayudado que el líder de la oposición, Angel Gabilondo, fuera exactamente lo contrario: un académico sin carisma y sin frases disruptivas en la era de las afirmaciones tajantes y rompedoras.
El peor castigo que ha recibido el PSOE madrileño, el casi empate con el errejonismo. Mónica García ha sorprendido y ha dado el sorpaso, aunque algo difuso (4.000 votos más y los mismos 24 parlamentarios). Se le suma la marcha de Pablo Iglesias tras el resultado. Incalculable la tarea pendiente de reflexión y autocrítica que le espera a la izquierda madrileña.

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