
Siete años después de la muerte de Gabriel García Márquez, su hijo Rodrigo García Barcha ha publicado la novela ‘Gabo y Mercedes: Una despedida’. Un ejercicio íntimo a través del cual el escritor y cineasta ha abordado la tarea que su padre dejó pendiente por que, tal y como el autor de obras tan referenciales como ‘Cien años de soledad’ reveló, «mi muerte es la única faceta de mi vida sobre la que no podría escribir».
García Barcha recuerda en las primeras páginas de su obra que el día que Gabo murió en la casa de Ciudad de México donde se encontraba toda la familia, apareció un pájaro muerto en el sofá, justo en el sitio donde el escritor colombiano solía sentarse.
El día que Úrsula, uno de sus personajes más recordados de ‘Cien años de soledad’ murió, también un Jueves Santo, unas aves desorientadas se estrellaron contra las paredes de la casa de Macondo y cayeron muertas. El paralelismo era evidente y, tal y como recordó Rodrigo García, «me moría de ganas de contarlo».
‘Gabo y Mercedes: Una despedida’ (Random House), que llegará este 20 de mayo a nuestras librerías, adquiere la simbología de un paseo, lleno de anécdotas, que toman como referencia las últimas semanas del escritor colombiano en el que un médico le dijo que se moría y también de su relación con su compañera sentimental, Mercedes Barcha, y el resto de su familia que le acompañó.
Entre el anhelo y el consuelo
El escritor y cineasta, firmante de películas tan sobresalientes como ‘Cosas que diría con solo mirarla’ o ‘Nueve historias’, recordó durante la presentación de su novela que «no escribí sobre su experiencia con la muerte, eso lo estará escribiendo él ahorita en algún lugar. Nadie escribe por otro escritor, pero me apoyé un poquito en esa idea para consolarme a mí mismo de escribir sobre su muerte sin que fuera de una manera demasiado indiscreta».
Rodrigo Barcha, el mayor de sus dos hijos, fue tomando notas durante esos últimos días «con algo de culpabilidad y preocupado de no traicionar la vida privada de mi familia» y tuvo siempre presente que no la publicaría hasta que su madre falleciera, cosa que ocurrio el pasado 15 de agosto.
«Allí de pie, me gustaría creer que su cerebro, a pesar de la demencia (y quizás con la ayuda de la morfina), es todavía el caldero de creatividad que siempre fue», confiesa Rodrígo Garcia Barcha en las páginas y aborda a Gabo como una persona que en sus últimos momentos no era el padre que él reconocía, sino un extraño que apenas identificaba a nadie.
Y también la etapa anterior, en la que «es consciente que está perdiendo las facultades y que para él fue más dura, pues el último año y medio ya fue muy tranquilo, no sufría de ansiedad, estaba tranquilo y eso nos reconfortaba».
También reveló que, en cierta ocasión su padre le dijo: «Estoy perdiendo la memoria, pero por suerte se me olvida que la estoy perdiendo».
El libro retrata en clave de presente al escritor porque, según su hijo, «he tratado de encontrar ese balance entre lo personal, pero tampoco ser demasiado emocional, demasiado indulgente conmigo mismo y mis sentimientos. Sabía que el libro iba a ser un viaje difícil, peligroso, con esa preocupación de que tenía que estar bien escrito».
Las páginas también simbolizan la despedida a su madre, Mercedes Barcha Pardo, quien se negó a que la llamasen viuda porque era «una magnífica versión de sí misma y llamaría ‘chismoso’ a su hijo por haber publicado este relato que ahonda en las entrañas de la familia».
Rodrigo dijo en torno a su madre que le «asombra cómo se convirtió en la persona que llegó a ser, siempre sólida y firme e incluso dirigiendo el mundo que el éxito de mi padre les proporcionó».
El libro llega a las librerías cuando Colombia se encuentra inmersa en una de las peores crisis políticas y sociales de su historia más reciente, con casi tres semanas seguidas de multitudinarias manifestaciones sociales que muestran el descontento de una población que tiene las raíces en muchos de los problemas que García Márquez aborda en sus libros hace ya más de 50 años.
Años de desigualdad e injusticia social, el hartazgo de décadas de guerra y conflicto, del narcotráfico, y ahora de la pandemia, la «tormenta perfecta», como resume García Barcha, que ha sacado a decenas de miles de colombianos a las calles de todo el país pidiendo cambios.
«A Gabo le daría mucha tristeza ver que las cosas se resuelvan con tantos muertos de por medio. Me imagino que estaría triste, pero estaría tan involucrado como pudiese para tratar de encontrar una solución», sentenció.

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