
Camilla Läckberg ha vendido más de 28 millones de ejemplares en el mundo y se ha posicionado como una de las escritoras más representativas de la novela negra, a través de sus relatos, caracterizados por un ritmo ágil e historias de crímenes ficticios que la autora sueca escenifica habitualmente en su propia localidad natal, Fjällbacka, y que en su totalidad han dado forma a la serie ‘Los crímenes de Fjällbacka’.
Junto a otros escritores nórdicos de novela negra, la sueca se ha encargado de colocar este género en múltiples idiomas y lugares que se han aferrado a sus relatos hipnóticos y en los que también se revelan la crítica social y el abuso que padecen las mujeres.
En su nueva novela, ‘Alas de plata’ –publicada por la editorial Maeva–, la autora sueca prolonga la senda de su anterior ‘Una jaula de oro’ dentro del suspense sicológico.
En los primeros párrafos de su nuevo trabajo, asoma una frase que define su rumbo narrativo: «Entre las muchas cosas que había reconquistado después de Jack se encontraba la confianza en sí misma». Una escena en la que se evidencia la perdida de autoestima que sufre la víctima de abuso o acoso.
Sobre ello, la escritora señala: «Sé que es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero no dejes que nadie te haga olvidar quién eres. Presta atención a las señales de alerta de ciertos comportamientos y rodéate de buenos amigos que te respalden, te apoyen y te quieran. La sociedad tiene la obligación de proteger a las mujeres cuando son víctimas de abuso. Debería ser mucho más sencillo denunciar los delitos, o mejor dicho, mucho más seguro hacerlo. Creo que muchas mujeres no denuncian los abusos que soportan porque los hombres pueden perseguirlas e incluso aumentar el nivel de abuso. Hay que dar prioridad al apoyo y a la seguridad de las mujeres».
Escribir sobre cosas que provocan miedo
A la hora de rememorar todo el imaginario delictivo escenificado en su pequeña localidad, Fjällbacka, la escritora compara las dinámicas y diferencias entre los pueblos y las grandes ciudads.
En su opinión, «hay diferencias considerables entre una gran ciudad y un pequeño pueblo. De hecho, cursé mis estudios en Gotemburgo, que es la segunda ciudad más grande de Suecia, y que también se diferencia de Estocolmo. La gente de Estocolmo vive acelerada y suele sentirse estresada, el ritmo es mucho más frenético en la capital. Sin embargo, no puedo ser del todo imparcial, pues guardo muy buenos recuerdos de la gente de Fjällbacka y de su mentalidad. Aunque claro, en un pueblo es complicado mantener el anonimato, al contrario de lo que sucede en Estocolmo, donde, si quieres, puedes camuflarte y ser casi invisible».
En su exposición, Läckberg sacó a relucir su gran pasión por los libros y la literatura. «Los libros representan seguridad, imaginación, sueños y posibilidades. El amor por ellos y por la literatura fue un regalo fantástico que me hizo mi padre, con el que descubrí las puertas que se pueden abrir con los libros y los mundos que se esconden detrás. Desde entonces me quedé enganchada. Los libros pueden motivarte, consolarte y despejar tu mente», dijo, y sobre las intenciones que plantea en su nueva novela anunció que «tiendo a escribir sobre las cosas que más miedo me dan o que me parecen terribles, así que en este libro quise explorar ese tipo de relación espantosa y casi inverosímil, las relaciones que derivan en una situación tóxica. Es intrigante escribir sobre ello, porque es algo que está muy lejos de mi propia realidad».
Todo ello ha propiciado que la escritora haya incidido en el factor sicológico a la hora de explorar la tratienda emocional de los personajes de ‘Alas de plata’.
Un ejercicio que, según la escritora, pone de manifiesto una constante habitual: «Que la víctima justifique y racionalice el comportamiento del maltratador y que, además, asuma una parte de culpa y responsabilidad. Desgraciadamente, la víctima se siente avergonzada y quizás, por esa razón, no está dispuesta a hablar de ello. Además, si el hombre/maltratador parece una persona decente es todavía más difícil, porque entonces también entra en juego el miedo a que no te crean».
El amor en sus muy diversas formas -amor materno, amor entre mujeres, amor apasionado- adquiere un gran protagonismo en la novela y en ella se asoma una frase: «Querer a una persona implica dejarla libre».
Tomando como referencia dicha frase, Läckberg sacó a relucir la posesión afectiva y sentenció que «es difícil saber si las generaciones actuales son más posesivas que las anteriores, pero, a bote pronto, diría que son ambas cosas: son más y menos posesivas que las generaciones pasadas. Hoy en día se habla mucho más de relaciones alternativas o no monógamas y de que no se puede controlar a nadie sexualmente. Pero, al mismo tiempo, las redes sociales y las aplicaciones en móviles y ordenadores hacen que sea mucho más fácil espiar y controlar a tu pareja, o a alguien que te interesa o de quien estás enamorado».

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