Maite Ubiria

Josu Urrutikoetxea: «En el final de la violencia la dimensión ética es primordial»

Josu Urrutikoetxea ha asegurado, durante el coloquio que se desarrolla en la Asamblea Nacional, que «la vía unilateral llega a sus limites» y que hará falta un esfuerzo añadido de la sociedad vasca y la implicación internacional para superar el fondo y consecuencias del conflicto.

Josu Urrutikoetxea, durante su intervención. (NAIZ)
Josu Urrutikoetxea, durante su intervención. (NAIZ)

Josu Urrutikoetxea, actor fundamental del proceso de resolución en Euskal Herria, ha abierto el panel dedicado a analizar el proceso vasco.

Urrutikoetxea ha hecho un recorrido histórico «para hacer comprender mejor las especificidades de la evolución de nuestro pueblo y de su territorio situado, actualmente, a caballo entre dos estados: los estados español y francés».

Ha asegurado así que la existencia de Euskal Herria «tiene como constantes la supervivencia y la resistencia». Y ha anclado el conflicto vivido en las últimas décadas en la Guerra Civil de 1936-1939 y más precisamente en el alzamiento franquista de 1936.

«ETA es el fruto de la generación de los-as hijos-as de aquellas y aquellos que perdieron en el País Vasco la guerra contra el franquismo. Y es también en ese periodo franquista cuando el conflicto vasco va a inscribirse progresivamente en la espiral de la violencia» ha explicado.

«De la misma forma que Gernika contribuyó a dar a conocer la barbarie franquista en todo el mundo, el proceso de Burgos contra militantes de ETA en 1970 permitió al mundo abrir los ojos sobre una doble realidad: sobre la continuidad de un régimen totalitario y sobre el hecho de que nuestra lucha no era solo anti franquista sino que era también una lucha de liberación nacional y social» ha resumido.

Ha asegurado que, desde sus inicios, «el objetivo del MLNV fue poner fin a la confrontación violenta y alcanzar una resolución del conflicto» y ha dicho «lamentar, con gran amargura, que ese final de la confrontación armada haya llegado demasiado tarde», para apostillar que «la violencia, que nunca ha sido un fin en sí misma, ha causado lamentablemente pérdidas irreversibles y víctimas en ambos lados que deben ser, de forma primordial, reconocidas por todos».

Según Urrutikoetxea, «aunque el final de la violencia responde por encima de todo a consideraciones políticas, la dimensión ética es primordial» y ha reconocido que esa dimensión, «se ha descuidado durante demasiado tiempo por los efectos perversos de una espiral de violencia recíproca». Ha atribuido a esa propia espiral de violencia que «nos volviéramos, recíprocamente, insensibles frente a los sufrimientos padecidos por las dos partes enfrentadas».

Los distintos ensayos negociadores

«Es precisamente esa consideración ética la que me ha empujado a comprometerme activamente en una resolución que era a mis ojos urgente para sacar el conflicto en el País Vasco de esa espiral de la violencia» ha aseverado, para detenerse después en detallar su contribución a las distintas tentativas de negociación: en 1989 en Argel, en 1998 en Zurich, en 2005 en Ginebra y en 2011 en Oslo.

«En el ámbito internacional el camino fue largo y sinuoso en el sentido de que debimos trabajar la búsqueda de elementos y organismos que asumieran el papel de facilitadores para ayudarnos a construir el puente que nos llevaría al encuentro de la otra parte y a limar las asperezas a fin de desencadenar las primeras interlocuciones» ha detallado, para resumir: «Esa fue la parte principal de mi trabajo».

El impulso internacional y el impulso de la sociedad vasca fueron, según ha remarcado Urrutikoetxea, indispensables para hacer progresar ese proceso, tanto como aprender ya en el ámbito interno, ha dicho, que «las negociaciones no serían nunca un proceso lineal, que estarían plagadas de obstáculos, y que era posible que el Estado español no respetara necesariamente sus promesas».

Ha destacado la labor de los organismos facilitadores, y en particular ha valorado el «apoyo permanente» del Centro para el Diálogo Humanitario Henri Dunant, sito en Ginebra, la implicación más variable de los estados, y, finalmente se ha referido a «la fuerte implicación de la sociedad del País Vasco Norte y de la comunidad internacional, que nos permitió llevar a cabo, el 8 de abril de 2017, un desarme de manera segura y ordenada que un año después dio lugar a la disolución de la organización».

«Si hemos podido atravesar unilateralmente esa serie de puertas (fin de la lucha armada, desarme y autodisolución) hoy llegamos a los límites de esa vía cara a resolver las consecuencias del conflico», ha asegurado, para remarcar que «hacer la paz con el enemigo, lamentablemente, no implica automáticamente la resolución plena y total de un conflicto» ha advertido.

«Que no haya violencia no significa que a paz sea perenne»

«No se puede pensar en absoluto que porque no exista ya la violencia la paz es perenne si no se resuelven el conflicto y las consecuencias no resueltas del mismo», ha asegurado Urrutikoetxea, por lo que ha estimado que «resulta primordial resolver el fondo de las consecuencias del conflicto».

«Aunque estos últimos meses ha habido acercamientos de presos, estamos todavía lejos de la resolución del conjunto de las consecuencias del conflicto», ha estimado.

«Para alcanzar ese fin necesitaremos el apoyo de la mediación internacional y un trabajo añadido de la sociedad civil, como el que hubo durante el desarme, a fin de que los gobiernos francés y español acepten, en el interés de todos, tratar integralmente estas cuestiones, lo que nos permitirían superar el conflicto y garantizar una paz justa y duradera para todos», ha concluido Josu Urrutikoetxea.