Isidro Esnaola
Iritzi saileko erredaktorea, ekonomian espezializatua / Redactor de Opinión, especializado en economía

Los fondos de capital hacen el trabajo sucio a la banca

Los fondos de capital riesgo que han comprado Euskaltel forman parte de lo que se conoce como banca en la sombra, finanzas que escapan al control de los reguladores. Hacen el trabajo sucio a la banca y no han dejado de crecer durante la última década, añadiendo inestabilidad al sistema financiero.

Protesta en Bilbo contra la privatización de Euskaltel. (Monika DEL VALLE/FOKU)
Protesta en Bilbo contra la privatización de Euskaltel. (Monika DEL VALLE/FOKU)

El fin de la OPA que MásMóvil lanzó para hacerse con el control de Euskaltel ha devuelto a la actualidad a los verdaderos dueños de MásMóvil, los fondos de inversión y de capital riesgo Cinven, KKR y Providence Equity Partners. Este tipo de fondos de capital se caracterizan por realizar operaciones que se conocen con el nombre de compras apalancadas. La operativa es bastante sencilla y consiste en adquirir una empresa a crédito, que puede llegar a alcanzar hasta el 80% del valor de la compra. La idea es que con la caja que genera la actividad de la empresa que han comprado se van pagando los intereses y las amortizaciones de los créditos. Mientras tanto, la compañía se puede ir troceando y vendiendo, en función del interés que puedan tener sus partes. Básicamente, se dedican a operaciones especulativas de alto riesgo que poco o nada aportan a las compañías que absorben.

La regulación de este tipo de sociedades de capital es mínima, lo que les permite realizar operaciones muy arriesgadas sin ningún control. En el caso de Euskaltel, por ejemplo, han comprado todas las acciones para que no cotice en Bolsa, ya que las compañías cotizadas están obligadas a cumplir ciertas normas de transparencia y a ofrecer información periódica. Así, no hace falta rendir cuentas a nadie, excepto a los accionistas. La opacidad es otra de las características del capital riesgo.

A partir de la crisis financiera de 2008 se fueron aprobando nuevas normas con el fin de controlar de manera más estricta las operaciones de los bancos y evitar otra crisis financiera.  Las nuevas reglas permitían a los reguladores obligar a aumentar significativamente el capital a los bancos cuando acumulaban excesivos riesgos, lo que no les interesaba ya que a la larga termina limitando el volumen de beneficios a repartir.

Ese control sobre los bancos hace que los fondos de capital tenga un interés especial para la gran banca, ya que las compraventas apalancadas las pueden hacer estos fondos –gracias a los créditos de los grandes bancos– que de ese modo diluyen el riesgo en sus balances.

La actividad financiera propia de los bancos se va desplazando hacia este tipo de fondos de capital. Así, los grandes bancos evitan la presión del regulador; los riesgos se acumulan fuera del sistema bancario formal y bancos centrales informan de que el riesgo sistémico es bajo, cuando en realidad lo que ocurre es que las operaciones de riesgo escapan a su jurisdicción. Esta estratagema es tan conocida que tiene nombre: shadow banking o banca en la sombra.

El G20, preocupado por el crecimiento de este tipo de operaciones fuera de supervisión, creó, tras la cumbre del Londres de 2009, el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB por sus siglas en inglés) con el objeto de que hiciera seguimiento al sistema financiero global, especialmente a todo lo relacionado con la banca en la sombra, su mayor preocupación en la actualidad. En un informe del pasado julio este organismo advierte del alto endeudamiento de muchas corporaciones y aboga, incluso, por sacar del mercado a las empresas inviables.

Y es que la dimensión de la banca en la sombra es espectacular. Algunas estimaciones calculan que en 2019 alcanzó los 52 billones de dólares. En el área del euro, se calcula que acumula un volumen de 30 billones de euros y que su tamaño se ha triplicado en la última década. El PIB de la zona euro en 2019 no alcanzó por poco los 12 billones de euros, lo que significa que los activos de la banca en la sombra casi triplican la riqueza anual de la zona euro. Un gran agujero bastante oscuro.