Amaia Ereñaga
Erredaktorea, kulturan espezializatua

El 35% de aforo pone en serias dificultades a las salas de cine de la CAV

Están frustrados y «en una montaña rusa: a veces tienes la moral en alto y otras, en la máxima depresión». Así lo resume Carlos San Julián, responsable de programación de Golem, uno de los miembros del sector. La reducción de aforo al 35% ha colocado a las salas de la CAV en una situación crítica.

Iñaki Elorza, responsable de la Unidad de Cine de la Sade, posa en el cine Trueba. (Gorka RUBIO/FOKU)
Iñaki Elorza, responsable de la Unidad de Cine de la Sade, posa en el cine Trueba. (Gorka RUBIO/FOKU)

Iñaki Elorza, director de la Unidad de Cine de Sade y secretario de EZAE (asociación de salas de cine de Euskadi), nos remite por whatsapp un mapa hecho por la propia asociación que estos días anda circulando por las redes sociales. La imagen permite ver de un vistazo que lo de la CAV es una rareza. Para mal. Es el mapa en el que figuran las cifras de aforo máximo fijadas en la actualidad para las salas de cine y la cultura en general en el Estado español: la mayoría está en un 70 o 75% (75% en Madrid, 70% en Catalunya, por ejemplo), en una horquilla que desciende hasta el 50% en unas pocas comunidades, como Baleares o Cantabria. Con un 60% de aforo está Nafarroa. Y, como una isla, destaca la CAV con un paupérrimo 35%, con las que son las medidas más restrictivas de todo del Estado. Cuando, hasta ahora, había andado entre un 60 y 50%, incluso en lo más crudo de la pandemia.

Esta es la situación en la que estamos desde el 23 de julio, a raíz del decreto de Lakua cara a la temporada de fiestas. Unas medidas que decidieron mantener tras la reunión celebrada esta misma semana por el LABI. Aunque no haya dato alguno que avale que se hayan producido contagios en las salas de cine o de teatro. Por cierto, el decreto puntualiza esto: «Se reduce al 35% el aforo máximo permitido en las diversas actividades para todos los locales e instalaciones, incluida la hostelería, salvo para aquellas actividades ya contratadas; y se reduce el número máximo de personas en eventos sociales, culturales o deportivos». Ojo a lo de “actividades ya contratadas”.

Todo ello, a pesar de la alarma surgida en las empresas propietarias de las salas de cine de la CAV, un sector afectado directamente y que viene arrastrando las pérdidas causadas por la pandemia. Y oídos sordos a la petición de EZAE, la asociación de salas de cine de Euskadi,  quien ya había emplazado a que Lakua «rectificara inmediatamente» y se recuperara el aforo del 60% («el mínimo para luchar por su supervivencia»). Según sus estimaciones, la reducción del 60 al 35% supone de promedio unas pérdidas de 600.000 euros al mes.

Cierres técnicos y cuentas

Una situación insostenible que ha llegado cuando se esperaba una remontada económica... Por contra, ahora se están dando hasta «cierres técnicos», como el de las salas vizcainas de Getxo Zinemak y los Zugaza de Durango, que han anunciado su cierre hasta 27 de este mes.

«En julio todos teníamos la esperanza de que el verano fuera una época de recuperación, porque había películas, ya que a lo largo de los meses anteriores no ha habido mucho. Confiábamos en que julio y agosto iban a ser buenos; de hecho, julio fue el mes postpandémico mejor de espectadores, con lo cual, al llegar agosto, se habían puesto todas las esperanzas. Ahora tenemos a todos los trabajadores fuera del ERTE, trabajando, pero no sabemos hasta cuándo vamos a poder mantenerlo», dice Carlos San Julián, responsable de programación de Golem.

La empresa navarra tiene complejos de salas en Iruñea, Bilbo, Burgos y Madrid, aunque no se dedica solo a la exhibición, también a la distribución y a la producción. Conocen bien el sector. Mientras en Nafarroa están en un 60% de aforo –«un 60% sin comida y un 50% con comida»–, en la CAV «son las medidas más restrictivas de todo el Estado, y es algo que no entendemos, sobre todo porque a lo largo de toda la pandemia no ha habido una restricción tan severa como ahora. Lo que no entendemos es el sinsentido y lo consideramos una improvisación absoluta», añade.

El mes de agosto, agrega San Julián, «ya lo damos por perdido». Pero ¿y si no se amplían los aforos? «En setiembre empiezan festivales como el de Venecia, donde va una película de Almodóvar, a mitad de mes está el Festival de Donostia, salen también toda las películas de la temporada y es el último trimestre del año. Y ese último trimestre tenemos que trabajar o estamos acabados y arruinados»

¿Incluso si esto solo se prolonga una semana más? «Por supuesto. Nosotros, como se prorrogue una semana más el 35% de aforo, tenemos que plantearnos reducir horarios e incluso días de apertura. Esto es algo muy serio y no solo repercute en la empresa sino en los propios trabajadores de las salas, que es el gran problema que tenemos ahora mismo».

A pesar de todo, no obvia que en Golem siguen «confiando en el cine. Venimos de un año 2019 que fue récord de asistencia, con lo cual una pandemia no se puede llevar por delante esa costumbre, y el ir a una sala de cine va a seguir siendo una opción de ocio fundamental». 

Mayor limitación que en noviembre

Iñaki Elorza es el responsable de la Unidad de Cine de la Sade, la empresa propietaria de las salas de cine de Donostia, algunas de ellas tan emblemáticas como el Trueba, donde se programa cine en versión original. Además, tienen un complejo de salas en Logroño. «El decreto nos pilló a todos con el pie cambiado, porque, en general, habían sido, digámoslo así, coherentes y estables en su política de restricciones en nuestro sector. De repente, en el momento en el que está el 70% de la gente vacunada, no hay presiones hospitalarias ni nada, resulta que nos ponen una mayor limitación que la que hemos tenido en noviembre del año pasado», explica.

Esta semana también esperaban que a Lakua «le entrara la sensatez». Pero no: «Son unos argumentos incomprensibles, porque ¿qué tendrán que ver las ‘no fiestas’ con el aforo en los cines? La actividad del cine es todo menos festiva: la gente está quieta, está en silencio, estamos mirando una pantalla…».

¿Y qué explicación les han dado desde el Gobierno de Lakua? «La sensación que nos dieron en la reunión que tuvimos es que tienen mucho miedo a la variante delta y al tema de las ‘no fiestas’. Entonces, habían decidido ir por la tremenda», concluye Elorza. 

Por cierto, el aforo sí es importante: «Es la esencia de nuestro negocio. Por cada entrada nos llevamos una cantidad muy pequeña, en torno al 35-35% del precio de la entrada; el resto se reparte entre la distribuidora, Sociedad de Autores y el IVA. Nuestro negocio está en función de la rotación; es decir, vender mucho para ganar un tanto por ciento de cada entrada».

Curiosamente, el decreto ha coincidido con otros actos culturales en Donostia que no se han visto afectados: «Ni la Quincena, ni Jazzaldia… a todos los eventos que estaban programados antes del 26 de julio les dejan que tengan el aforo de 60%. Es decir, todo lo municipal está al 60%. Yo estoy en el cine Trueba, que está en Gros, y tengo el 35% de aforo, pero me voy a Tabakalera, que está a diez minutos, y tiene el 60%. Ahora llega el Festival de Cine y no sé si lo volverán a subir, porque, claro, es un evento internacional. Te sientes como el pagano de la situación».