Bruma y humo cubren una localidad industrial de Euskal Herria. Son los insurgentes y convulsos años 80, un escenario de inquietud y vitalidad en el que asoman los primeros ramalazos de un verano determinante para Marcos, José Antonio, Paquito y Toni, una cuadrilla de chavales que reciben expectantes la llegada de un verano que se intuye prometedor, sobre todo porque a sus 12 años poco importa el dónde, ni cuándo, ni cómo.
Recorrerán las horas entre las calles de ese pequeño rincón de Euskal Herria reconvertido en laberinto de paredes grafiteras, donde rebotan las pelotas de goma y los sueños de libertad.
Estos son los mimbres de ‘Érase una vez en Euskadi’', la película firmada por Manu Gómez que tras su paso por el próximo Zinemaldia –la cinta se proyectará en la Gala RTVE–, se estrenará comercialmente el 29 de octubre.
Nacido en Arrasate en 1973, Manu Gómez es licenciado en imagen y sonido y estudios superiores de cine. Su primer cortometraje como director, ‘Hilarri’, se alzó con el gran premio del cine vasco en Zinebi 2000. Con su corto ‘Das kind’ (2013) ha cosechado más de cincuenta premios internacionales y actualmente su otro corto, ‘Nur y Abir’, ha sido galardonado con el premio del público en el Festival Internacional de Cine de Huesca.
‘Érase una vez en Euskadi’ es su primera película protagonizada por cuatro chavales (Asier Flores, Aitor Calderón, Miguel Rivera y Hugo García), que están acompañados por Luis Callejo, Marian Álvarez, Vicente Vergara, María Isasi, Yon González, Ruth Díaz y Josean Bengoetxea.
Días de lluvia y humo
A la hora de abordar esta su ópera prima, Sánchez ha querido aproximarse a una época y circunstancias muy cercanas a él. Por ello, la memoria adquiere un rol destacado en una película en la que, según su director, «me he basado en aquellas emociones sentidas las tardes de los viernes, que sin duda, eran lo mejor. Las clases terminaban y daba comienzo el fin de semana y, como era habitual, la llegada de la noche se iluminaba con contenedores de basura ardiendo, sucursales bancarias de las que solo salían llamas, gente corriendo para todos los lados, jóvenes encapuchados escondidos en portales y las sirenas de los coches de Policía atravesando las calles a toda velocidad».
«Cuando la calma llegaba y los bomberos apagaban los últimos restos del fuego de la batalla, entonces, había llegado el momento más importante, el de nuestra propia ‘batalla’. Buscábamos nerviosos y emocionados las pelotas de goma que la Guardia Civil había disparado a los manifestantes, ya que, en esas pelotas encontrábamos nuestro juguete más deseado, nuestro mejor divertimento; el reto consistía en tener el mayor número de ellas posibles. Esos eran nuestros galones cuando teníamos 12 años», añade el cineasta.
Un aspecto a tener en cuenta es el punto de vista de la historia, tal y como revela su autor, «nací y viví en Arrasate. Soy hijo de inmigrantes granadinos y nieto de aquellos que perdieron la Guerra del 36».
Finalmente, en su declaración de intenciones, ‘Érase una vez en Euskadi’ pretende «contar qué era vivir y crecer en aquella reivindicativa sociedad recién salida del franquismo y en la que la violencia, las manifestaciones, el GAL, el sida o la heroína formaba parte de un guion tan cotidiano entonces como peculiar ahora».

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