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París

Emmanuel Macron: un neoliberal con poca mano izquierda

Nacimiento: 21-08-1977. Cargos: Ministro de Economía (2014-2016); presidente francés desde 2017. Patrimonio: Tiene un patrimonio de 675.257 euros; ingreso anual medio de 180.000.

Macron busca su segundo mandato.
Macron busca su segundo mandato. (Thomas COEX | AFP)

Si hace cinco años llegó a convertirse en el presidente más joven de la República Francesa aprovechando la disolución electoral del Partido Socialista, en cuyo seno gubernamental había crecido políticamente, en esta ocasión ha aumentado el apoyo recibido en la primera vuelta viendo cómo la derecha clásica –ahora bajo las siglas de Los Republicanos (LR)– se deshacía como un azucarillo.

Esto no quiere decir que Macron haya logrado aglutinar en torno a su proyecto político a todo el espectro que va desde la izquierda reformista hasta los conservadores moderados, aunque su movimiento político, La República en Marcha (LREM), haya disfrutado de una cómoda mayoría en la Asamblea Nacional (Cámara Baja).

Ciertamente, ha sumado más de un millón de votos a los que consiguió en la primera vuelta de 2017, pero solo ha logrado retener a una escasa mitad de los 20,7 millones que apostaron por él frente a Le Pen en la segunda. Ser claro favorito de las encuestas no suele ayudar a movilizar a las personas más indecisas, pero tampoco hay duda de que el presidente saliente ha abierto heridas profundas en buena parte del electorado, como lo atestiguan quienes desde la izquierda ‘insumisa’ –la que votó por Jean-Luc Mélenchon el 10 de abril– señalan que, cada vez que escuchan sus mensajes electorales, les cuesta más decidirse a introducir su papeleta en los sobres que irán a las urnas este domingo.

La mochila de sus cinco años de mandato pesan mucho, para bien o para mal, en esta segunda cita. Ya no es aquel ‘paracaidista’ que, tras pisar la moqueta del Elíseo como secretario general adjunto bajo la Presidencia de François Hollande (PSF) entre 2012 y 2014 y ocuparse de la cartera de Economía los dos años siguientes, se lanzó a la carrera presidencial apenas un año antes de la fecha electoral.

Formado en la elitista Escuela Nacional de Administración y fogueado en el mundo profesional como inspector de finanzas, políticamente comenzó simpatizando con el Partido Socialista pero, una vez en el Elíseo, no dudó en apuntalar su primer Gobierno con destacados representantes de la derecha conservadora, tanto en lo económico como en lo social.

En este quinquenio, sus decisiones con más tintes neoliberales provocaron una inusitado estallido social como el de los ‘chalecos amarillos’ al querer cargar el peso de la transición energética en quienes menos recursos tienen para afrontar la subida de los combustibles. Tuvo que recular en su proyecto de reforma de las pensiones –quiere elevar la edad de jubilación de los 60 a los 65 años–, aunque lo ha retomado en plena campaña con algunos matices.

Por otro lado, su impetuosa defensa de los pilares actuales de la UE, que mantuvo codo a codo con Angela Merkel –o a su sombra– le han servido para izar la bandera del ‘soberanismo europeo’, incluso criticando el liderazgo de EEUU en una OTAN de la que, en 2019, llegó a decir que estaba en estado de «muerte cerebral». Con la crisis abierta en Ucrania, está manteniendo línea directa con el presidente ruso, Vladimir Putin, desde los días previos a la invasión, sin desviarse de las líneas rojas marcadas por el campo occidental.